El acceso en mal estado al Mirador del Cerro de La Cruz: una forma de anti turismo

El Mirador del Cerro de La Cruz es uno de los puntos más atractivos para los visitantes que llegan a Punta Arenas, sean chilenos o extranjeros.
Es que dese allí se tiene acceso a la posibilidad de disfrutar de una panorámica como pocas.
Al frente está el Estrecho de Magallanes, con sus aguas y su leyenda histórica; como telón de fondo se recorta la Tierra del Fuego; en dirección sur oeste, puede apreciarse la isla Dawson; más allá, el monte Sarmiento cuando está despejado, y el perfil nevado de la Cordillera Darwin.
También se aprecia gran parte de la ciudad de Punta Arenas y el sector sur de la península de Brünswick, los bosques y hasta la Punta Santa Ana, el enclave de Fuerte Bulnes.
Hasta allí, todo bien, excelente, porque, además, parte de la remodelación del Mirador lo dejó en buenas condiciones que no sufren excesivamente con los desahogos seudo artísticos de los grafiteros y sus expresiones poco entendibles de un singular “arte rebelde” o “arte joven” si sus mamarrachos tienen algo de arte.
Sin embargo, llegar caminando hasta el Mirador no es una tarea ni sencilla ni fácil para aquellos visitantes chilenos o extranjeros que desean admirar el paisaje desde allí, desde calle Señoret.
Si pretenden hacerlo a pie, pueden intentarlo por calle Monseñor Fagnano, pero al cruzar la avenida España se encuentran con calzadas sin pavimentar y veredas que no son tales, hasta llegar a las escaleras mojadas no por la lluvia, sino por la orina de personas irresponsables, pero urgidas por sus vejigas.
Pero es peor si ese intento se hace por calle Waldo Seguel, un feo lunar en pleno centro de una ciudad tan turística como Punta Arenas.
Las veredas de ambos costados están en pésimo estado y utilizarlas para subir es un desafío, especialmente para los turistas mayores, pero es peor al bajar por allí mismo: eso es un riesgo de caída, la cuasi certeza de un accidente.
Sin embargo quienes optan por llegar al Mirador del Cerro de La Cruz por otra ruta, por ejemplo, subiendo por calle José Menéndez o por avenida Colón, aunque la distancia a recorrer sea mayor, no tienen los problemas descritos antes.
Pero esas vías alternativas no eliminan los problemas que el mal estado de las calles Monseñor Fagnano y Waldo Seguel presentan a los numerosos visitantes.
Y no darles la prometida solución integral, a un costo millonario, al decir de muchos, parece ser una forma de anti – turismo que daña a la ciudad y a la actividad de una industria sin chimeneas que requiere apoyo de todos para seguir creciendo.

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