En la esquina de Presidente Errázuriz con José Nogueira se ubica un local que ha llamado la atención de la gente.
Sus letras grandes y sus ventanas, hacen que más de una persona se pregunte si es nuevo. La respuesta es sí.
El Ovejero Market abrió sus puertas al público el pasado mes de abril, justo cuando la ciudad se encontraba en la primera cuarentena. A pesar de que el virus había hecho tambalear la opción de abrir, ya había muchas cosas en juego para desechar la idea.
Según su gerente general, Mario Oyarzo, tenían todo listo y no valía la pena seguir esperando. “Partimos en abril, época complicada. Cuando quisimos aventurarnos fue difícil porque no sabíamos qué hacer. Estábamos en plena pandemia. Pero la implementación de local estaba lista, teníamos a la gente contratada, muchas cosas en marcha y decidimos abrir el local, no hubo otra forma de hacerlo. Fuimos aprendiendo todas las cosas sobre la marcha y así fuimos implementando diferentes protocolos”, afirma.
Lo primero que tuvieron que cambiar fue la cantidad de personas trabajando al interior. Bajaron de las 20 que tenían contradas, a solo diez. El resto se iría sumando de forma presencial a medida que se pudiera. Lo segundo, fue cambiar el horario de atención que tenían pensado. Iban a hacerlo desde las nueve de la mañana hasta las diez y media de la noche. Pero ahora tienen que cerrar diez para las siete de la tarde.
Luego tuvieron que aplicar medidas al interior del local. Oyarzo cuenta que ahora “realizamos fumigaciones tres veces a la semana, los lunes, miércoles y viernes. Las cajeras tienen sus protocolos de lavado de manos, y saben que tienen que hacerlo cada una hora. Y también hemos establecido que cada persona que se sienta mal en su casa, no tiene que venir a trabajar. Preferimos no arriesgarnos y la gente lo entiende. Se había pensado al principio en 20 personas, y nos pusimos a ver cómo se comportaba esta pandemia y vimos que era mejor empezar solo con 10 adentro del local. Gracias a eso, ahora volvimos los 20. Y se ve que la gente nos ha preferido porque tenemos solo tres cajas pero funcionamos de manera rápida y agradecen los protocolos de control que tenemos al ingreso del local”.
Debido a la situación que se está viviendo, para Oyarzo también es complicado hacer un balance de como han sido sus primeros seis meses. “Uno tampoco puede predecir lo que viene o hablar de lo que pasó hacia atrás, porque todavía estamos muy expuestos a todo el control que existe. Por ejemplo, pasa que a veces hay gente que viene pero no puede entrar, porque no trae los documentos necesarios. También tenemos un límite de personas al interior y eso te va limitando muchas cosas. Entonces medir crecimiento es difícil. No nos ha ido mal, pero podría ser mejor”, resume él.
A pesar que todavía no tener una patente de alcoholes, Oyarzo cree que “tenemos una línea de productos de limpieza propios y creemos que eso es uno de nuestros fuertes”.
Finalmente, mirando desde su oficina el centro de la ciudad, dice sentirse privilegiado. “Somos unos agradecidos de todo esto, porque podemos funcionar. Pero lo hemos podido hacer gracias a los protocolos que hemos implementado. Son cosas que te perjudican pero también te ayudan. No hemos tenido que despedir gente como otros rubros que sí se han visto muy afectados”, finaliza Oyarzo.