La
ley 20.845 (conocida como Ley de Inclusión Escolar), hizo que desde
2016 se implementaran una serie de modificaciones a la forma en cómo se
postula y accede a establecimientos financiados por el Estado. Para
esto, se diseñó un nuevo Sistema de Admisión Escolar (SAE), que
funciona como un mecanismo de asignación. A través de una plataforma web
los apoderados colocan sus preferencias jerarquizadas y luego estas son
compatibilizadas con las vacantes de los establecimientos para poder
asignar de la forma más eficiente posible la matrícula. La mayor crítica
ocurre cuando hay más demanda que cupos en una escuela, pues ahí se
aplica aleatoriedad para otorgar idéntica opción de quedar o no.
El
Dr. Mario Garay Aguilar, profesor, académico e investigador del
Departamento de Educación y Humanidades, y también director de Docencia
de la Universidad de Magallanes (UMAG), analiza este sistema desde 2017,
logrando algunas conclusiones, las cuales alcanzó junto a otros colegas
del departamento. Los resultados fueron dados a conocer en el marco del
seminario llevado a cabo en la UMAG acerca de segregación escolar, en
el que también contó con la visita del destacado especialista belga en
Educación, Dr. Vincent Dupriez.
Al
respecto, Garay comenta que las primeras evaluaciones son positivas, ya
que indican que más o menos la mitad de los postulantes queda en su
primera preferencia y un 75%, queda en una de las tres primeras. Sin
embargo, sostiene que su implementación ha generado muchas dudas y
tensiones en los principales actores del sistema. “Por un lado, los
apoderados sienten ansiedad porque ingresar en un establecimiento
determinado ya “no depende de ellos”. Profesores y directivos, por su
parte, ahora perciben que arriban estudiantes sin haberles escogido y
por ello, con bajo compromiso”, señala.
Frente
a ello, el académico afirma que “no obstante, ambos fenómenos, son
parte de un problema previo al SAE: la oferta pública que se considera
de calidad, es reducida y segregada; por tanto, tiene una alta concentración
de demanda en pocos establecimientos”. En ese sentido, una de sus
principales conclusiones es que, a pesar de los esfuerzos, la política
no ha tenido el impacto deseado y el sistema continúa segregado, es
decir, continúan existiendo los establecimientos altamente deseados y
aquellos que no convocan el interés de las familias. Añade, entonces,
que el primer análisis es que “no ha logrado distribuir equitativamente o
a colegios más deseables a los estudiantes más vulnerables”.
Siguiendo
esta línea, el educador plantea que “hay que analizar los criterios que
tiene el sistema para asignar estudiantes de forma aleatoria a los
colegios, porque la mayoría de las vacantes queda en los
establecimientos municipales. Por ejemplo, los particulares
subvencionados si tienen 10 vacantes, postulan 100. En cambio, en los
municipales si hay 100 vacantes, postulan 30. Por eso es que hay un
grupo bastante significativo que queda muy descontento con el sistema que es la mayoría de los apoderados que postula a los establecimientos
particulares subvencionados y no quedan, entonces ahí se produce la
frustración. Y quedan dos opciones: el que tiene recursos, hace un
esfuerzo y se va al particular, y el que no que se va al municipal”.
– ¿Entonces, pese al avance, se siguen manteniendo las brechas?
“En
parte sí, y ahí sería importante retomar la ubicación geográfica como
otro factor, o a lo mejor también pasar de un 15% de estudiantes
vulnerables por curso, a un 25% o 20% paulatinamente. Pero lo de fondo
es que no ha habido una preocupación real del Estado de mejorar la
educación pública. Esto hace, a la postre, que las escuelas municipales
sean hoy día poco deseables para los padres y apoderados. Y por otro
lado, nos preguntamos, derechamente, ¿cómo romper la segregación? pero
es algo más complejo aún porque la segregación también está en la
cultura de la comunidad. Vemos, en la práctica, por ejemplo, que la
clase media es bastante segregadora, no quiere estar con los municipales
y dependiendo del nivel socioeconómico de esa clase media tampoco
quiere estar con la media o media baja, por eso es que emigran a los
particulares. Está la autosegregación”.
– ¿Cómo conformar una oferta de calidad, asegurando que haya colegios deseables a todos los estudiantes?
“El
SAE ha generado un entorno útil, justo y eficiente para poder dar un
primer paso. Es un mecanismo, además, que está sintonizado con la
evidencia y la experiencia internacional, que recomienda eliminar
prácticas discriminatorias e incentivar medidas
que reduzcan la segregación social asociada a la elección de escuela.
Pero el SAE por sí solo es insuficiente y para fortalecer la totalidad
de la oferta pública, se requiere poner en marcha una multiplicidad de
políticas públicas que involucren más inversión, incrementar
infraestructura, autonomía para directivos y sostenedores, mejorar la
formación inicial docente y la calidad del empleo para profesores, entre
muchas otras. Tareas pendientes para avanzar hacia una educación de
calidad”.
Un nuevo enfoque
Pese al fenómeno de la segregación en su conjunto, Garay plantea que hay otro tema necesario
de analizar y que se descuelga un poco de las consecuencias que genera:
la educación post pandemia. A juicio del académico, esto tendría que
llevar a “repensar la escuela”.
“Si
bien todos hablan de la innovación, del uso de la tecnología, debemos
ser conscientes que la pandemia también dejó en evidencia que las
brechas en el sistema educacional se profundizaron, entonces la post
pandemia implica desafíos en la formación inicial, en el sistema escolar
y en la formación continua de los docentes. Creo que ése es un punto
que no hay que perder de vista”, sostuvo.
Dicho
lo anterior enfatiza, por ejemplo, que “las estrategias que estábamos
enseñando en la formación inicial van a tener que modificarse de acuerdo
al nuevo contexto”, y añade: “cuando se habla que en pandemia se
hicieron muchas innovaciones, hay que ver cuánto de eso queda instalado.
Muchos profesores ahora volvieron a hacer lo mismo que hacían antes de
la pandemia. Entonces es un elemento que hay que mirar y evaluar, y ver
qué de lo bueno que se hizo, hay que mantenerlo, teniendo en cuenta esta
incertidumbre si vamos a volver de nuevo a lo mismo”.