En la Región de Magallanes la situación no fue muy distinta a la observada en el resto de las regiones, donde el número de electores también se incrementó levemente, se habla de alrededor del 10 por ciento, lo que alentó las expectativas de autoridades e instituciones que durante meses han realizado campañas que incentivan al voto y subrayan la importancia de participar en un acto que es vital para darle sustento y legitimidad al sistema democrático.
Este domingo votaron 61.018 ciudadanos magallánicos en la elección presidencial, lo que aún representa una cifra inferior a la participación en el plebiscito del 5 de octubre de 1988 cuando sufragaron 83.921 personas. Si bien aún es baja, se espera que se mantenga la tendencia al alza y se revierta la apatía electoral de las últimas elecciones.
En 1989, cuando fue electo Patricio Aylwin como el primer Presidente del retorno a la democracia, la cifra llegó a 82.521. En tanto que en 1993 se notó la primera caída, con 79.887 electores. Y en la segunda vuelta de enero de 2000, cuando resultó electo Ricardo Lagos, el guarismo continuó su caída hasta llegar a 76.602.
Luego, en 2004, cuando fue electa por primera vez la Presidenta Michelle Bachelet, en la región más austral del país votaron 72.234. Seis años más tarde, en 2010, también se llegó a segunda vuelta y en ella triunfó Sebastián Piñera. En esa oportunidad votaron 72.144 personas. Y en la segunda vuelta de 2013, cuando volvió a ganar Bachelet, votaron 50.137 personas. Constituyéndose en la cifra más baja registrada en la región. Esto se explica, según algunos analistas, porque fue la primera elección presidencial con voto voluntario y ya venía manifestándose una cierta apatía y desencanto ciudadano con la política.
Tal como se señaló en el editorial de Diario El Pingüino de este domingo, el sufragio es “un legítimo derecho que no se puede seguir perdiendo con el paso de los años, porque esto cada vez le resta mayor legitimidad a la autoridad política del país. Además, con este fenómeno vemos que el poder de influencia de la ciudadanía por sobre las grandes decisiones que se toman a nivel país es cada vez menor.
La opinión de los vecinos ya no se escucha, porque esos mismos vecinos no participan. Por eso el llamado es a ir a votar, porque el voto es la única vez en que se equipara a todos los ciudadanos y la opinión de cada uno de los que ejercen su derecho a sufragio vale lo mismo”.
Asimismo, concluye que “ojalá la alta abstención no se mantenga, porque además distorsiona la realidad y no muestra lo que realmente quiere la gente”.