Familia magallánica perdió todo en alud del norte y pide ayuda para su comuna

Tania Pardo junto a su
esposo e hija vivieron la tragedia provocada por el frente de mal tiempo. Debido
a que la menor es trasplantada de hígado, se debió trasladar junto a su madre a
Santiago para cuidar su salud. Desde allí cuentan sus horas de angustia y la
realidad de su comuna hoy sepultada bajo el barro.

La familia de Tania Pardo
dejó en enero de 2010 Magallanes para emprender una aventura al otro extremo
del país. La comuna de Diego de Almagro se convirtió en el nuevo hogar para
ella, su esposo, Sergio Meza, y sus dos hijas. Desde allí fueron testigos del
deborde del río en la capital magallánica en 2012, y a tres años de esa
tragedia les tocó vivir en primera persona una experiencia similar.

Al ser una zona 100%
minera, el trabajo de la pareja consiste en trasladar a personal de Codelco a
la faena en El Salvador, a la concentradora y la fundición. Justamente en esas
labores pilló el desborde del río El Salado a Sergio, por lo que no pudo cruzar
hasta Diego de Almagro, donde estaba su esposa y su hija menor, María Fernanda,
de 14 años.

Allí comenzó las horas de
angustia. Tania cuenta que alrededor de las 7.30 de la madrugada, una vecina le
dijo que saliera de la casa.

“Avisaron que venía lluvia,
pero nadie se imaginó que iba a subir el río. Nadie se imaginó que el caudal
iba a aumentar tanto. El río que pasa por Diego se abrió en dos partes y la
población quedó al medio, entonces cuando salí no teníamos dónde escapar”,
relató Tania.

 Tuvieron que quedarse en el lugar hasta que
uno de sus vecinos que vive unas cuadras más arriba acudió a ayudarlas. “Ahí
nos refugiamos donde la otra vecina que tenía segundo piso. Dejamos  a todos los niños ahí mientras tanto para
poder estar más tranquilos, porque el caudal venía con fuerza, era
impresionante la cantidad de cosas que traía, buses, container, vehículos,
fierros del tren, postes de luz, todo. Nos quedamos totalmente aislados porque
quedamos al medio. Mientras la gente nos pedía ayuda por el otro lado”,
recordó.

No hubo tiempo para sacar
nada de la casa, por lo que debieron mantenerse con sus ropas mojadas y
embarradas hasta que lograron llegar a un albergue. Sin embargo, más que
preocuparse por ropa seca o por el estado de su casa, el principal temor de
Tania era su hija. María Fernanda fue trasplantada de hígado cuando tenía un
año de vida, por lo que su estado de salud debe ser manejado con cuidado, y
frente a esta eventualidad era urgente sacarla de la zona de tragedia.

Después de mucho insistir
por un traslado a Santiago, lograron ser incluidas en un vuelo DAP que prioriza
trabajadores de Codelco. La noche del domingo lograron aterrizar en la capital
del país, donde María Fernanda recibió atención médica.

“Ella toma dos medicamentos
al día. Como no pensamos que iba a pasar lo que pasó, sacamos lo justo y
necesario. Estamos con los doctores acá tratando de conseguir los medicamentos,
como se entregan una vez al mes y tienes que esperar al mes siguiente que te
lleguen, en el hospital me pudieron convidar para terminar el mes”, contó
Tania.

Con ese tema ya más
resuelto, la familia ha recuperado un poco de tranquilidad, pero la
preocupación por lo que ocurre en su localidad se mantiene muy latente.

“Ahora estamos más
tranquilos, resignados de a poco porque lo de Diego tiene para rato. Hoy (ayer)
pude comunicarme con compañeros y vecinos que ya empezaron a despachar a sus
hijos porque ya no tiene sentido estar ahí. Diego para levantarse va a requerir
mucho, estamos hablando del 60% del pueblo que cayó. Acá quiero tratar de
buscar algún liceo que pueda recibir a María Fernanda para que no pierda el año
y poder continuar la vida normal”, dijo la magallánica.

Tania piensa en una estadía
a largo plazo en Santiago, pues además de la lenta recuperación que se espera
para su localidad, el motor de trabajo, Codelco, también tiene sus funciones
paralizadas por lo menos hasta un mes más, según comentó Pardo. Frente a esta
situación, actualmente su marido está tratando de recuperar algunas de las
pertenencias de la familia, las de valor sentimental primordialmente, porque el
resto ya lo dieron por perdido.

Entre las dos localidades
que se roban su cariño, su natal Punta Arenas y la comuna que la recibió de
adulta, Tania hace un llamado de ayuda. “Yo sé que Punta Arenas nos nos va a
dejar de lado. Gracias a Dios Punta Arenas, si pasa algo, nos levantamos todos,
pero es una ciudad grande en comparación con Diego y la verdad que la
naturaleza nos golpeó muy fuerte esta vez. En dinero o de alguna forma
organizarse para que llegue la ayuda. Hay gente que llevaba 20 años allá y
perdieron todo en un día”, señaló Pardo.

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