Para concretar su repudiable iniciativa, desde hace un tiempo, las
emprendieron contra la pandereta de concreto de casi dos metros de altura que
circunda un sitio eriazo, en el pasaje J, Francisco Roux, Prat con José
Ballesteros.
Su esfuerzos surtieron efecto ya que gran parte de la pandereta que da
a la calle Francisco Roux, permanece en el suelo de la vereda, con al menos, dos
enormes agujeros que permiten el paso de personas adultas y niños y niñas que
van y vienen tanto a la Escuela Manuel Bulnes como al consultorio municipal.
Por las roturas del cerco de concreto, los desconocidos
irresponsables, depositaron neumáticos inservibles, de diversos tamaños;
maderas; basura diversa, cocinas y electrodomésticos en desuso.
Hasta ahí, se daba el padrón habitual en los basurales clandestinos
que ensucian el paisaje urbano, pero en el sector de la calle Francisco Roux,
los responsables de este atentado medio ambiental depositaron una decena de
sacos plásticos que ocultaban una sorpresa muy desagradable.
En el interior de estos envases, varios de los cuales están rotos
, se aprecia sin mayores problemas, los
restos de mariscos y otros productos del mar, que parecen ser resabios de su
consumo durante la reciente celebración de
Semana Santa.
Los perros y gatos que deambulan por el sector, han roto algunos de
esos sacos; el sol y las agradables temperaturas de los últimos días han
fomentado la descomposición de esos restos de productos del mar, con la
pestilencia que se conoce y que constituyen un golpe a las narices de todos
quienes se atreven a transitar por ese sector.
Es cierto que el sitio es de propiedad privada.
También lo es el hecho de que, alguna vez, tuvo un cerco completo y en
buenas condiciones.
Pero también es cierto que sujetos desconocidos e irresponsables han
creado un nuevo “punto negro” en el radio urbano y aunque se encuentre medio
oculto a la vista de los transeúntes, el mal olor se aprecia claramente y no
afecta sólo a esas personas, sino que se propaga hasta las viviendas cercanas
al lugar.