Claudia Díaz Fernández, al cabo de varios años, retornó a su ciudad natal, Punta Arenas, de la mano del kinesiólogo Esteban Bonelli Landaburu, experto en todo lo referido al tratamiento de huesos y articulaciones perrunas o de otros animales domésticos.
Querían que su hija, hoy de seis años y alumna del Liceo María Auxiliadora, estuviera “en familia”, lejos de una ciudad como Buenos Aires, donde la delincuencia también hace de las suyas, como en Santiago.
“Se respira tranquilidad en Punta Arenas. Se desarrolla una intensa vida familiar, con mis suegros y toda la familia de Claudia”, afirmó Esteban Bonelli.
Claudia Díaz tiene gratos recuerdos de “la buena onda” de sus compañeros de universidad, en la que pudo compartir con jóvenes no sólo argentinos sino que también, peruanos, bolivianos y de otras nacionalidades.
Ella dice que quedó muy atrás el duro lenguaje de la dictadura transandina, cuando había carteles que decían “Haga Patria. Mate un chileno”, pero eso y otras cosas criticables quedaron atrás porque se vive, tanto en Argentina como en Chile, un sistema democrático.
Los perros
Se estima que la población canina en situación de calle, abandono de sus amos o que se han asilvestrado, por ejemplo, en la zona de parcelas o en San Juan, alcanza a unos 10 mil animales.
Bonelli explica que, junto a Díaz, capturan, de preferencia a las hembras, y proceden a su esterilización y por esa vía, calculan que han evitado el nacimiento de unos 4 mil 800 animales, es decir, casi la mitad de la cantidad que arrojó el segundo censo, mejor aplicado que el primero, porque esa muestra inicial estimó en sólo 4 mil la cantidad de canes.
Los profesionales adquirieron una pistola lanza dardos con tranquilizante, cuyo efecto se aprecia a los diez – 15 minutos, lo cual facilita su captura y su ida a la clínica municipal donde se procede a la esterilización.
Una vez recuperados, se invita a que amos responsables se hagan cargo de ellas o de ellos, pero si no llegan, se devuelven a la calle o se llevan al canil que siempre está casi completo.
Explican que los perros callejeros, al fallecer, dejan su espacio a otros canes y es por ello que la tarea debe permanecer en el tiempo, a fin de que haya una efectiva disminución de la población canina porque cada vez serán menos.