La tarde de ayer fue pletórica de emociones para un destacado profesor magallánico, ampliamente conocido y apreciado por la comunidad por su vida personal y profesional, preferentemente en el ámbito de la educación y del servicio a los demás.
Es que el profesor Fulvio Molteni Torres, nacido en Punta Arenas, el 30 de mayo de 1937, hijo de un sastre y una modista, recibió la visita del obispo de Punta Arenas, Bernardo Bastres; del profesor Juvenal Henríquez, premiado hace unos años y el vicario episcopal, Freddy Subiabre, en una residencia de calle José Nogueira, donde funcionan dependencias estudiantiles donde Molteni prepara a los alumnos que darán la PSU en la materia que mejor domina: Lenguaje y Comunicación.
Sorprendido y emocionado, el profesor Molteni escuchó, con los ojos brillantes, las palabras del prelado magallánico, en las cuales destacó la trayectoria del docente premiado, su vida familiar, su aporte a numerosas generaciones de estudiantes, su vida personal y familiar y la forma en que enfrentó el dolor e, incluso, la detención por su opción político ideológica, lo que hizo que dedicara “su fuerza al servicio de la comunidad”.
Fulvio Molteni estudió en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile e ingresó al Partido Comunista porque, dijo, “percibí muchas injusticias”, recordando que sus abuelos vinieron de Chiloé, con muchos hermanos y uno de ellos trabajó por largos años en el sector ganadero, pero su patrón jamás le puso las imposiciones y al final de su camino laboral debió luchar por una pensión mínima.
“En aquellos tiempos, la militancia te permitía aportar a la comunidad, a la región, al país, ya fuera alfabetizando, arreglando mobiliario escolar o hacer trabajos voluntarios”, y creyó que la Unidad Popular constituía un buen proyecto para Chile, pero hoy se declara decepcionado del quehacer político, aunque no descarta que pudiera ser reencantado por algún proyecto que le sirva a Chile, afirmó Molteni.
Casado desde el 23 de febrero de 1966 con Sonia Jara, es feliz y orgulloso de tres hijas: Cecilia, Paola y Fabiola y de tres nietas.
Todas ellas, seguramente, estarán en la Iglesia Catedral de Punta Arenas el 31 de diciembre próximo cuando, al término de una misa, reciba el “Premio por la Paz Juan XXIII”, y entregue su propio mensaje a la comunidad.
Ese premio, se recordó, ya fue entregado también a su colega Juvenal Henríquez, ex director de la Escuela Padre Hurtado; a la señora Orietta Vidal, notable apoyo a la infancia desvalida; al abogado e historiador Mateo Martinic, Premio Nacional de Historia; al geriatra Ramón Lobos, por su apoyo a los adultos mayores, y al enfermero Sergio del Solar Kusanovic, por su entrega a los pacientes del Consultorio 18 de Septiembre.