Hace ya un par de años, en pleno desarrollo de una de las jornadas del
Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, Fer, vocalista del
conjunto mexicano “Maná”, destacó el hecho de que, en su opinión, Chile era un
país libre de corrupción y corruptos.
La prensa farandulera, literalmente, ignoró la singular opinión del
cantante azteca, pero entre muchos quedó flotando un sentimiento encontrado de
satisfacción, por una parte, y de una duda razonable, por otro.
Al paso del tiempo, esa positiva declaración fue desafinando porque
las denuncias de corrupción ya se conocían pero estaban soterradas y hace poco
más de año y medio, saltaron a la luz pública, generando sorpresa, primero, y
rabia, y harta, después.
Llegó para quedarse
Muchas personas esperan que los casos de corrupción que se han
denunciado, aunque no todos se han investigado con la misma acuciosidad,
queden, efectivamente, en las páginas de la historia que leerán nuestros
nietos, aunque tengan que encender la luz porque, de verdad, esas páginas serán
oscuras, negras, más bien.
La bola de nieve que se vino cerro abajo fue la denuncia en contra del
Grupo Penta por el aporte indebido o ilegal a las campañas políticas,
especialmente las de la Unión Demócrata Independiente (UDI).
Figuras tan importantes en ese partido, como Jovino Novoa, Pablo
Zalaquett o Laurence Golborne debieron enfrentar procesos por la comisión de
delitos tributarios y el uso de boletas y facturas ideológicamente falsas, es
decir, se emitieron, se pagaron, pero los servicios que acreditaban nunca
fueron realizados.
Y de allí para adelante, comenzó a surgir una serie de nombres, de
parlamentarios, de secretarias, de abogados y hasta de choferes, quienes
aparecieron como emisores de esos documentos tributarios que permiten rebajar
impuestos a quienes los cancelaron.
Cuando el oficialismo se frotaba las manos porque tenía al partido
opositor contra las cuerdas y, de paso a Andrés Velasco, un ex ministro
bacheletista, por un almuerzo charla que le reportó más de 20 millones de
pesos, estalló el escándalo Caval, protagonizado por el hijo de la Presidenta
de la República, Natalia Compagnon, su nuera y el clan Luksic.
La Mandataria demoró en reaccionar: “Se enteró por la prensa”, se
manifestó desde La Moneda en su momento, y, finalmente, su hijo debió dejar el
alto cargo que ocupaba – ad honorem, se afirma, aunque disponía de recursos
abundantes por rendir– y la situación siguió escalando hasta quedar en manos de
la Fiscalía de Rancagua, que investigó e involucró a un operador UDI, a un
síndico de quiebras y a funcionarios administrativos de alto rango de la misma
casa de Gobierno.
Después, la trenza involucró al ex ministro del Interior y al de
Economía, Rodrigo Peñailillo y Alberto Arenas; operadores del peso de Giorgio
Martelli y, al poco tiempo, la cosa se complicó aún más con la renuncia del
director de Impuestos Internos y más y más nombres en boca de todos y, lo que
es peor, en manos de la justicia.
Lo que vino a continuación ya es de conocimiento público: junto a los
hombres de Penta, aparecen los aportes de Soquimich a la actividad política, a
los que se sumarían, después, los de Corpesca.
Pero las sorpresas habrían de continuar cuando nombres de emblemáticos
hombres de la Nueva Mayoría saltaran al tapete, como Fulvio Rossi, Jorge
Pizarro y sus dos hijos; el senador Carlos Ominami y, pieza mayor de la
Fiscalía, el ex candidato presidencial del PRO, Marco Enríquez-Ominami.
Este último ha permanecido en el extranjero y no ha concurrido a
declarar ante los tribunales, pese a estar imputado, al igual que su hombre de
confianza, el periodista y publicista Pablo Warner.
En Magallanes
En este escenario, pero a nivel regional, se ha desarrollado la
investigación por los delitos de negociación incompatible y fraude al Fisco
reiterado que tiene como protagonista principal al senador Carlos Bianchi
Chelech, imputado por la Fiscalía Regional, desaforado por la Corte Suprema que
respaldó, por amplia mayoría, la decisión unánime de los ministros de la Corte
de Apelaciones de Punta Arenas. Bianchi y sus dos cuñados han declarado, han
sido interrogados por defensores y querellantes en un juicio que debiera
concluir en los próximos días y que lleva a la justicia de Magallanes a ser
mirada desde diversos puntos del país.
Los querellantes contra Bianchi son el Consejo de Defensa del Estado y
el Ministerio Público, dos instituciones que gozan de prestigio y que en el
último tempo en diversas encuestas de opinión han sido muy bien calificadas por
el ciudadano chileno.
Hasta el confort
Y la guinda de la torta de la corrupción ha llegado a ser el caso de
colusión de las empresas chilenas y extranjeras que fabrican papel higiénico y
que operó durante más de una década.
Eliodoro Matte, sus socios y los altos ejecutivos de la Compañía Manufacturera
de Papeles y Cartones, CMPC, reconocieron los hechos, están siendo investigados
no sólo en Chile sino, además, en otros países y sus actos determinaron la
presentación urgente de un cuerpo legal para evitar en el futuro este tipo de
acciones y reponer la pena de cárcel a los infractores, disposición legal
derogada durante el gobierno de Ricardo Lagos Escobar.
Y para que la cosa se pusiera más turbia, se cuestionó los contratos
privados con la Contraloría, del presidente de la Comisión por la Transparencia,
Eduardo Engel, a los que accedió sin concurso ni licitación pública.
Y la gente
La comunidad magallánica está indignada con esta situación, pero
reacciona “en familia” o sólo en conversaciones con personas de confianza, en
reuniones privadas.
Isabel Chiguay de 39 años, secretaria, dijo que “esta es una manga de
sinvergüenzas que se están robando el país y se tapan unos a otros y nunca van
a ir a la cárcel. Pero no quiero fotos porque puedo tener problemas en el
trabajo ya que el dueño de la empresa dice que es del gobierno y, bueno, yo
también era, pero estoy cansada y dolida”.
Fernando Olguín (“sin hache y sin fotos, por favor”) responsabilizó a
todos los políticos, sin excepción “partiendo por la Presidenta Bachelet porque
protege a su hijo, a su nuera y a sus ex ministros y a sus compañeros de la
Nueva Mayoría y se atreve a hablar de corrupción y transparencia la muy ….. Y
mire a los de la Derecha, Novoa la sacó barata y, seguramente, Orpis, Moreira,
Longueira y otros, van por el mismo camino. Pero mi decepción mayor es Bianchi
por haber hecho malabares con un arriendo ratón cobrado con creces y a costa
del Senado y a esos los mantenemos todos los chilenos”.