Horas
cruciales atraviesa la Toma Feminista de la Universidad de Magallanes,
esto luego que durante la jornada de ayer se intensificaran las
gestiones para cerrar los acuerdos y poder firmar los protocolos
solicitados por los estudiantes agrupados en las dos mesas de
negociación: los representantes de la Jauría Feminista y los estudiantes
de la carrera de Derecho.
Pero
el día no estuvo exento de polémicas y hasta último momento la
resolución del acuerdo estuvo a un tris de caerse luego de
modificaciones de último momento por parte de los representantes del
plantel universitario, que hasta últimos instantes cuestionaron puntos
específicos de ambos protocolos de acuerdo.
La mesa casi se quiebra
Las
negociaciones avanzaron rápido durante los últimos días y por fin había
un equilibrio entre los requerimientos de los estudiantes y la urgencia
de la universidad por retomar las clases. Pero durante las primeras
horas de la mañana, una situación puso en peligro el éxito de las
negociaciones: un grupo de funcionarios ingresaron a distintas
instalaciones de la universidad con el fin de retomar sus funciones.
Entre
las unidades que ingresaron, hubo funcionarios de la biblioteca de la
Dirección de Asuntos Estudiantiles, de la escuela de Ingeniería e
incluso personal de aseo. ¿La razón? Habrían recibido la información de
que las clases se retomarían el próximo lunes, todo esto sin firmar los
acuerdos pertinentes con los estudiantes.
Si
bien los funcionarios, por solicitud de los alumnos en toma, se
retiraron sin registrarse incidentes, esta acción tensó los ánimos en la
última recta de las negociaciones. El hecho fue considerado innecesario
por parte de los manifestantes.
El nombre social
Por
el lado de la Jauría Feminista, que hizo propuestas transversales para
la comunidad universitaria, algunas propuestas por ellas y otras por la
comisión negociadora, como la creación de la Comisión de Contingencia
que acoja las denuncias por acoso o abuso sexual al interior del
establecimiento. El resto de las propuestas aceptadas son la Unidad de
Acompañamiento para estas denuncias; la instauración de la unidad de
Género; la protección y resguardo del derecho a la educación para
madres, padres, cuidadores o tutores legales; el reconocimiento de
Colectiva “Jauría Feminista” dentro del plantel, facilitando los
espacios de reunión, discusión y difusión de las temáticas que les
atañen.
Además
se acordó el resguardo a las personas que realizaron denuncias antes de
las movilizaciones; políticas de inclusión con enfoque en discapacidad;
el código de ética o manual de convivencia; el ramo institucional para
todos los estudiantes de la universidad sobre temáticas de derechos
humanos, género, violencia de género; y las capacitaciones al respecto a
toda la comunidad universitaria
Hasta
el último momento estuvo en duda la implementación del nombre social,
que permite que los/las estudiantes transgénero lo utilicen en los
registros, documentación y comunicaciones verbales y escritas de la universidad para efectos internos, tanto en ámbitos curriculares y extracurriculares.
La
solicitud fue objetada durante las últimas horas por el contralor,
Ricardo Méndez, a través de un memorando que cuestionaba el uso en
actividades de uso externo, haciendo extensivo el uso solo para
actividades de orden interno. Esto causó una profunda molestia por parte
de la Jauría Feminista, quienes se mostraron firmes respecto a respetar
esta solicitud. A través de un correo electrónico a la mesa negociadora
se quejaron del documento, solicitando la reincorporación de la
solicitud de la misma manera en el que fue negociado.
El
correo electrónico termina diciendo “nos parece incluso vergonzoso que
generen burocracia respecto a cosas como el bordado que representa la
identidad de una persona. Sugerimos comentar la problemática que es el
contralor y su no sentido de empatía, sumado a nulos conocimientos en
materia de género, demostrando que no está a la altura de la
contingencia”.
Esto mantuvo las negociaciones a punto de quebrarse, pero finalmente
la Rectoría habría aceptado este último punto, lo que tiene que ser
ratificado durante la mañana de hoy cuando se firme el acuerdo entre la
Jauría, la Rectoría y la comisión negociadora.
La decana de la discordia
En
una asamblea realizada en horas de la tarde de ayer, los estudiantes de
la Carrera de Derecho aceptaron la propuesta entregada ayer por el
rector, la que de todas maneras no estuvo exenta de polémica.
Esto
debido a que una de las solicitudes de los estudiantes no fue acogida
por la Honorable Junta Directiva. Los estudiantes pedían la destitución
de la decana, Sonia Zuvanich, sindicada como la presunta responsable de
encubrir los casos de acoso y abuso sexual en la facultad de Ciencias
Económicas y Jurídicas, que concentra el 36% de los relatos recogidos por la Jauría.
Ante
la negativa, los estudiantes pedían 10 años de inhabilitación para
dictar clases dentro de Derecho (esto no incluía a otras carreras de la
UMAG), pero la propuesta final desde Rectoría, y que fue aceptada por
los estudiantes, inhabilita a la docente para hacer clases durante el
tiempo que dure su decanato, es decir, 3 años. Quién se opuso tenazmente
a esta propuesta habría sido la Asociación de Académicos, que no quería
marcar un precedente de que una toma generara una sanción tan grave
para uno de sus pares.
La
directora de carrera María Cristina Donetch, será redestinada de manera
permanente a otro departamento de la universidad que aún no ha sido
precisado.
La
tarea pendiente de la carrera en particular será resolver el tema de la
su acreditación, lo que en caso de no prosperar pone en peligro la
certificación institucional, además abordar las vergonzosas situaciones de acoso sexual al interior de la carrera, donde hay involucrados profesores, ayudantes y estudiantes.
Los
acuerdos serán firmados en horas de la mañana, pero de manera separada,
por ambos movimientos. Lo que pondría fin a las movilizaciones que se
han extendido por 66 días.
Como ya es habitual, contactamos
a la unidad de Comunicaciones de la casa de estudios para saber su
versión respecto a las informaciones tratadas en ésta crónica, pero
nuevamente evitaron responder nuestras preguntas.
Pablo Fortín Martínez