La buena educación: formación magallánica con sentido social

Postularon más de cuarenta
estudiantes del Centro de Formación Técnica y del Instituto Profesional Santo
Tomás, de los cuales unos 20 fueron los seleccionados para embarcarse en la
aventura de ayudar, una misión que requiere voluntad y mucho cariño por el
prójimo y por quien más necesita de una mano amiga. Eso fue precisamente lo que
entregaron los jóvenes, un conjunto de manos dispuestas a entregarlo todo
durante los pocos días que estarían en una de las regiones más aisladas de
Chile y donde las necesidades se multiplican.

 ¡Allá vamos!

¿Por qué Puerto Edén?, Claudia
Molkembuhr, directora de Asuntos Estudiantiles de Santo Tomás explica muy bien
la decisión.

“A la vuelta de la esquina
tenemos necesidades, pero también tenemos necesidades mayores y se fue a hacer
un levantamiento. A Puerto Edén le teníamos puesta la mirada desde hace unos
dos años, porque es una de las localidades más aisladas y con poca conectividad
y tiene sus necesidades”, indica la directiva. Paso siguiente, fue el turno de
ponerse en contacto con algunas instituciones locales como Injuv y Conadi para
coordinar actividades en el lugar.

“Sabemos que hay necesidades en
otros lugares, pero aquí nuestro objetivo era mayor, era lograr con nuestras
acciones cambiarle la calidad de vida a la gente”, destaca Molkembuhr.

Así fue como se gestó este noble
viaje, con el apoyo de instituciones, privados, fondos concursables del Injuv y
algunos anónimos, con quienes se logró llegar con la ayuda necesaria para
realizar las diferentes actividades que incluyó desde la atención podológica y
sanitaria de la comunidad, hasta el levantamiento de una vivienda. Todo, a
manos de los jóvenes voluntarios.

“No son vacaciones”, remarca la
directora de Asuntos Estudiantiles, y así lo asumieron los estudiantes. Muchos
de ellos dejaron de lado el receso estudiantil, otros pidieron vacaciones en
sus trabajos para participar de la acción. Padres y madres de familia,
asumieron también el desafío.

Gracias al levantamiento de
información que desarrollaron los estudiantes, ya se está pensando en las
futuras intervenciones posibles a realizar en la extrema localidad magallánica.

Katherine Mansilla, estudiante de
Ingeniería en Gestión Pública, dejó literalmente todo para sumarse a este gran
viaje. “Creo que una grandeza poder ayudar, eso me llevó a dejar todo, familia,
hijos y mi trabajo por lograr cumplir el sueño de ayudar a alguien que lo
necesita. Ver una sonrisa de un niño o de una familia, eso es lo que te llena
el corazón y el alma”.

Para asumir este desafío,
Katherine, debió organizar sus turnos en el trabajo y el colegio de sus hijos.
“Somos una comunidad cerrada, donde muchas veces sólo vemos las necesidades
propias y nos olvidamos de ver que existen más necesidades. Mirar hacia el lado
y ver que sirves para ayudar al prójimo, vale mucho”.

Miguel Muñoz es egresado de
Técnico en construcción Civil y ahora estudia Topografía, es uno de los
mentores de la idea de levantar una vivienda social en Puerto Edén.
Aprovechando sus conocimientos, fue el encargado de proponer los planos y el
presupuesto. En su vida ha hecho de todo. Desde Dj como hobbie, pasando por la
esquila de ovejas y la construcción. Actualmente, para solventar sus gastos y
estudios, se dedica a la descarga de productos del mar. Con todas esas
responsabilidades, no dudó en sumarse al voluntariado de la casa de estudios. “Se
siente bien hacerlo algo así”, dice Miguel.

Voz local

Susana Vargas es presidenta del
Centro de Padres de la única escuela que existe en Puerto Edén, y al igual que
toda la comunidad, agradece la llegada de los jóvenes. “Hace tiempo que estaba
pidiendo una ayuda para don Juan, y es bueno que nos hayan escuchado. Hemos
pedido muchas veces a las autoridades pero nunca hemos obtenido respuesta”.

Y es que las necesidades, como en
muchas otras localidades apartadas de la región, en Puerto Edén, parecen a
veces interminables. Con poco más de unos cientos habitantes, la lejanía, el
clima, las limitadas posibilidades laborales y productivas, parecen jugar en
contra de una comunidad que resiste a la adversidad, y cuando parecer agotadas
las instancias, siempre puede aparecer un grupo de 23 jóvenes, dispuestos a
acompañarlos en esta lucha inagotable.

No todo es dinero en la vida
dicen, y puede que así sea. Una conversación en medio del trabajo, escuchar a
los demás, una sonrisa y la disposición desinteresada para contribuir, puede
ser muy valioso en este tipo de poblados.

Las distancias que no se acortan,
en el caso de Puerto Edén, significa mucho más que llegar tarde a algún lugar.
En caso de enfermedad o accidente, dependen de la disponibilidad de alguna
embarcación de la Armada o Carabineros para el traslado a Puerto Natales. “No
tenemos cementerio. En caso de algún fallecido, tenemos que esperar alguna
embarcación que nos lleve a Natales”, indica Susana. En este caso extremo,
además, hay que considerar que los familiares del difunto, rara vez podrán
visitarlo en el camposanto natalino debido, otra vez a las distancias.

“Cuando tenemos que hacer algún
trámite en Natales, hay que quedarse allá. Nos gustaría tener una casa de
acogida donde poder quedarnos”, sugiere Vargas.

Los caminos y pasarelas están en
bastante mal estado. Dicen los pobladores que las pasarelas deberían cambiarse
cada dos o tres años. Eso no ocurre hace varios más. En invierno, la situación
se agudiza. “Últimamente hemos tenido muchos problemas con el agua, los
estanques no alcanzan y se corta a cada rato. Ahora, dicen que instalarán unos
motores para poder tener luz 24 horas al día, pero no sé cómo va a funcionar
eso”, relata la presidenta del Centro de Padres. La electricidad sin cortes ha
sido prometida en más de una ocasión, mientras se concreta ese anhelo, deberán
seguir cumpliendo con los horarios establecidos para la utilización de
artefactos eléctricos.

“Las autoridades nos tienen muy
botados aquí. Hay muchos proyectos sin terminar, nadie viene a ver qué está
pasando. Vienen y desaparecen, se olvidan de nosotros. Se sacan la foto para el
diario, el alcalde ni siquiera nos viene a ver”, sentencia la apoderada.

El sueño de Héctor

Con 15 años, Héctor Iván
Almonacid, parece tener muy claro el panorama de su comuna. No aparenta su
edad, al menos, al momento de conversar y analizar la realidad local. En octavo
básico, es el único alumno de su curso, aunque comparte sala con los de quinto.
En total, son tres estudiantes en el aula.

“Vivir en Puerto Edén es bonito,
calmado, tranquilo, uno puede hacer hartas cosas, no es para nada aburrido”,
dice Héctor sobre su comunidad. En cuanto a la “invasión” de los estudiantes de
Santo Tomás, el adolescente, espera que la experiencia se repita pronto. “Ojalá
puedan venir el próximo año o en el verano si se puede, porque han ayudado
harto, muchísimo y ojalá que se pueda repetir eso, para que vuelvan y puedan
seguir ayudándonos”.

Héctor no se quedó mirando el
trabajo desde el costado, estuvo cooperando a la par con los voluntarios.
“Agradezco que me hayan dejado ayudar, me gusta hacerlo sobre todo porque hay
gente que no puede, eso me hace sentir bien”.

A la necesidad de luz todo el
día, el joven quinceañero, suma una nueva necesidad en su entorno.

“Lo principal sería un
laboratorio. Porque la mayoría de la gente aquí trabaja en los mariscos y de
repente como que la marea roja no los deja trabajar. Muchas veces hay que
llevarlos a Natales y se demora mucho, y es la única fuente de trabajo que
tenemos la mayoría. Lo otro podría ser un alcantarillado porque los desechos se
van hacia el mar. Esas creo que serían las principales necesidades”, relata con
autoridad el joven.

Sin mucha pausa, Héctor no se
olvida que sigue siendo niño, y por ello, también recuerda algunas necesidades
propias de esta edad. “Los chicos están haciendo ahora un parque para jugar,
pero sería ideal hacer una cancha, porque nosotros donde jugamos a la pelota es
en un muelle, pero se supone que el muelle es para poner vehículos, pero
jugamos ahí porque no tenemos otro lugar. Lo ideal sería una canchita de
fútbol, un gimnasio o algo techado. Sería increíble tener algo así”, asegura
con entusiasmo el pequeño, y de paso reitera que sería bueno tener más grupos
de voluntarios en la zona. “Que vengan, es una linda experiencia para que
puedan ayudar y ver lo bonito que es Puerto Edén”.

No quedan dudas que a al regreso,
los 23 estudiantes y sus directivos algo habrá cambiado en sus vidas. Más que
cansancio, traerán consigo, las mochilas cargadas de buena voluntad y
satisfacción por lo realizado, por haber cumplido el objetivo y al mismo
tiempo, por haber aportado a mejorar la calidad de vida de un grupo de vecinos,
familias y niños que agradecen la visita, y esperarán seguramente, el pronto
regreso de los jóvenes, de esta u otras instituciones, con el mismo entusiasmo
y esperanza. Quizás en la próxima visita, Héctor y sus amigos puedan tener la
anhelada canchita de fútbol.

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