La fotografía como herramienta tecnológica para investigación aplicada de biodiversidad

Estuvimos
recientemente en el Parque Francisco Coloane. Mientras tomaba una foto
con el celular, un colega anotaba detalles del muestreo de microbioma de
diferentes especies y variables ambientales del proyecto de Fundación C
equa.
Mi fotografía humilde, sin embargo, no solo guardaba la información de
la especie colectada (ej., un pingüino de Magallanes), sino que además
colectaba inmediatamente la información del momento y la posición de la
fotografía con coordenadas. Y ¿para que sirve esto? Bueno, a la rápida,
el lector puede ver en un mapa (ej., en Google Fotos, en detalles se
puede abrir un mapa) el lugar exacto de la fotografía en el momento del
muestreo. Y se puede ver todo el recorrido del muestreo, foto tras foto.
Esto es solo un ejemplo del desarrollo tecnológico que nos ha permitido
una masificación de la captura de imágenes como nunca había sucedido
(ej., en ciencia ciudadana), y extraer información que hubiera ne
cesitado
tecnologías específicas y muchos más recursos (Berger-Tal y
Lahoz-Monfort 2018). Estas y otras implementaciones tecnológicas ya han
empezado a hacerse rutina en actividades de terreno de
Cequa.

Las
imágenes asociadas a una localización son una herramienta potente en
las manos capacitadas. Particularmente interesante es obtener imágenes
aéreas y terrestres, a distancia, y automáticamente; para, por ejemplo,
detectar biodiversidad, evaluar sus comportamientos, el uso de hábitats,
ecosistemas, o regiones enteras. El uso de drones, pequeños a medianos
cuadricópteros (helicópteros de cuatro hélices) y otros vehículos aéreos
no tripulados a control remoto con cámaras son capaces de llegar a
cualquier parte y obtener imágenes de diferentes áreas o hábitats,
capturar imágenes de animales y otras en gran detalle. La ventaja de
poder volar y obtener imágenes de alta calidad, junto a un sistema de
posicionamiento autónomo le ha llevado a ser utilizado en diferentes
estudios de especies marinas y terrestres (Raoult et al. 2020). La
información generada sirve para -como le dijeron a un colega- que “pueda
hacer esos mapitas de colores”. Y contestar las preguntas típicas de la
ecología de fauna silvestre, ¿dónde están? o ¿cuántos hay?

Pero…
y si se nos ocurriera saber: ¿qué pasa en un nido de pingüino? Quizás
necesitaríamos una cámara fija, pero que se active sola. Esto es lo que
hacen las trampas cámara con la posibilidad de capturar automátic
amente
imágenes de fauna silvestre y su entorno. Estas logran información
sobre la vida privada de los animales en especial aquellos muy
escurridizos o huidizos, muy crípticos (buenos para camuflarse y pasar
desapercibidos) o aquellos en áreas que son de difícil acceso. Por
ejemplo,
Cequa
con trampas cámara ha obtenido información en Isla Contramaestre por
largos periodos, para entender la dinámica de las especies como el
pingüino de Magallanes y como varía la vegetación a través de
temporadas.

Si
bien el uso de nuevas tecnologías siempre ha sido llamativo, es en su
análisis y procesamiento, luego del encandilamiento o enamoram
iento
con las nuevas habilidades, que se comienzan a cosechar los frutos de
su incorporación. Esto requiere profesionales y estudiantes capacitados
para el uso de las tecnologías y su análisis, que logren “estrujar” la
nueva i
nformación disponible con los recursos que contamos. Aunque aún estamos diagramando capacitaciones internas en Cequa,
pienso “en borrador”, que sería ideal que estas mismas capacidades
llegaran al lector interesado, prosiguiendo con la tradición de las
actividades educativas de Fundación
Cequa.
Más aún al alero del proyecto Microbioma que ha permitido la
incorporación de tecnologías que nos llevan a la frontera del
conocimiento.

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