El cultivo, la cosecha, el procesamiento y exportación de salmones es una actividad que, a la fecha, mantiene en funcionamiento a cuatro empresas de Magallanes, cuyas áreas de trabajo se ubican en las inmediaciones de Puerto Natales; en el seno Skyring y en el Canal Cockburn – isla Aracena, al sur oeste de Tierra del Fuego.
Aunque, en conjunto, la superficie que se utiliza en esa tarea es de mil 320 hectáreas, es decir apenas el 0,018 por ciento de la que comprende uno de los parques nacionales de Magallanes, con 7.234.320 mil hectáreas, el uso de ese territorio y la actividad salmonera, desataron la ira de un grupo de ecologistas, encabezados por un activista medio ambientalista identificado como Juan Carlos Cárdenas, de una ONG “Centro Ecocéanos”.
Se dijo y se insiste en ello que se estaba dañando gravemente el medio ambiente sur austral; que existía “manga ancha” gubernamental para esa actividad; que los trabajadores carecían de organizaciones que velaran por su derechos y que existía el riesgo de que aumentara en forma más que razonable tanto el número de concesiones como la producción y transformar así, a la región “en la primera área mundial de producción de salmones”, lo que fue calificado por personeros expertos en el tema, como el ingeniero pesquero Óscar Garay como una serie de mitos y falta de conocimientos efectivos acerca del tema.
Historia
La historia de la industria salmonera chilena se remonta a las primeras décadas del siglo pasado, cuando el estado chileno decidió que a través de un singular Club de Caza y Pesca, adquirió alevines de salmón Chinook y los sembró en diversos cursos de agua y lagos del país, imitando lo que otros países ya habían realizado por esos años con notable éxito.
En Magallanes, en la década del ochenta, el estado chileno también adoptó esa misma iniciativa y sembró salmones Chinook en el río Prat, en la zona de Puerto Natales y se estableció un principio que no favorece, precisamente, a quienes siembren esos peces ya que, como en una especie de ronda infantil, el que captura un salmón es el dueño “y no se aceptan reclamos”.
Desde entonces ha pasado mucho tiempo y se puede apreciar hoy, el funcionamiento de cuatro empresas ya consolidadas y que son Salmones Magallanes; Nova Austral; Australis Mar y Cermaq a las que, en el curso del próximo año s sumará una quinta empresa, Blumar, también una sociedad anónima.
La producción de salmones y truchas cultivados, cosechados, procesados y comercializados desde Magallanes, el año pasado, alcanzó las 46 mil 400 toneladas, un cuarenta por ciento más que en el año 2014, lo cual representó un aporte a la economía regional del orden de los 180 millones de dólares en ventas.
Para este año, se estima que la producción ascenderá a unas 70 mil toneladas, lo cual permitiría el retorno de unos 300 millones de dólares y, si las cosas se mantienen como hasta ahora, pese a las desinformaciones calificadas como “interesadas”, para el año 2020, se podrían alcanzar las 100 mil toneladas, con ingresos por unos 400 millones de dólares.
Las cifras podrán parecer notablemente altas, pero no es tan así, si se tiene en cuenta que, a nivel mundial Noruega produce 1 millón trescientas mil toneladas de salmón, la mitad de los salmones que se entregan al mundo, que, en total suman 2,5 millones de toneladas.
Chile aporta el 32,6 por ciento del volumen total, con 846 mil toneladas del producto, con un leve descenso este año debido a problemas detonados por la floración desmedida de algas, conocidas como FAN, es decir, Floración Algal Nociva, especialmente en las regiones de Los Lagos y Aysén, productoras mucho más grandes que Magallanes.
Respecto de la contaminación, Garay indicó que los salmones apenas producen 284 kilos de emisiones por cada tonelada producida, contra los mil 200 de los vacunos; 800 de los cerdos y 300 de las aves y, tal como se hace en la agricultura, los sitios de cultivo de las salmoneras se van rotando dentro de las superficies que les fueron entregadas para su funcionamiento, ya que la sostenibilidad de la industria así lo exige y la ley establece que entre cada una de ellas debe haber una distancia mínima de una y media milla náutica (poco menos de dos kilómetros).
Los trabajadores
La industria salmonera regional, agregó el ingeniero Garay, emplea, en forma directa a mil 600 personas, en forma directa, y otros tres mil en forma indirecta, con sueldos promedio del orden de los 936 mil pesos mensuales; un 10,9 por ciento está por debajo de los 500 mil pesos, y sólo siete, es decir el 0,4 por ciento, recibe cada mes, 420 mil pesos.
Sobre la sindicalización, existen y funcionan seis sindicatos, con un porcentaje de sindicalización del 44,8 por ciento, muy por encima del promedio país que apenas alcanza al 14 por ciento de los trabajadores, y en forma conjunta con las empresas se ha determinado que el 82 por ciento de los trabajadores tienen contrato indefinido.
Y otro antecedentes importante, según el ingeniero Garay, el 56 por ciento de la mano de obra contratadas es femenina; el 64 por ciento de los trabajadores son de Magallanes y en sus labores registran un índice de accidentabilidad de sólo un 2,45 por ciento, lo cual contrasta con el 6,5 por ciento del resto de Chile.
Para tener en cuenta
Los siete mil millones de habitantes del mundo de hoy requieren proteínas, que el salmón aporta en forma considerable y esa necesidad, que según la FAO también tendrá que ser satisfecha el año 2050 aunque la población para entonces será de unos 9 mil millones de seres humanos.
Ardua tarea para todos los que están dedicados a la acuicultura, sembrando salmones, truchas, choritos y otras especies marinas porque esa entidad mundial afirmó que hace ya varios años que la agricultura tradicional no dará abasto para alimentar a esas personas en forma adecuada, dijo finalmente el ingeniero pesquero Óscar Garay, Vicepresidente de la Asociación de Productores de Salmón y Truchas y gerente de Salmones Magallanes.