Las dos caras de los refugios de la locomoción colectiva en Punta Arenas

Instalados en el perímetro comprendido por la Avenida Independencia, por el sur; por calle Angamos, en el sector norte; por calle Magallanes, por el oriente, y por calle Chiloé, por el poniente, los refugios de la locomoción colectiva se han transformado en un atentado visual al paisaje urbano porque están casi  todos destruidos, son utilizados como urinarios públicos y como refugio de personas en situación de calle, que han instalado cartones, colchones y maderas de improvisados dormitorios en los cuales las cobijas son reemplazadas por ropaje viejo, frazadas rotas y perros.

Cada uno de esos refugios, levantados sobre pisos de concreto, con vigas metálicas de acero y ventanales de material plástico transparente, tuvo un costo cercano a los veinte millones de pesos, financiados con fondos del gobierno, a través del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, mientras su unidad técnica fue el Municipio de Punta Arenas y su construcción fue entregada a una empresa contratista hace más de cinco años.

Testimonios

Margarita Gutiérrez señaló que le molesta mucho esa situación y agregó que “están todos rotos, parece que rompieron los paneles a patadas o con palos. Además, están hediondos y no prestan utilidad alguna porque, si llueve, el agua entra igual; el viento hace corriente y están hediondos porque se han orinado aquí adentro.”
Por su parte, José Bahamondes, desafiaba el mal tiempo, negándose a protegerse con el techo del refugio instalado a pocos metros de calle Sarmiento de Gamboa, también en la calle Chiloé.

“Es una muestra de la falta de cultura de quienes han roto estos refugios. Da vergüenza ajena ver el estado en que se encuentran, llenos de monos, de malos olores, de orina y eso molesta y mucho”, señaló con rabia apenas contenida.

El reverso de la medalla

Pero no todo es de agraz, porque los vecinos del sector de la junta 8, en Playa Norte, con su trabajo y el apoyo del programa “Quiero mi Barrio”, permiten presentar el reverso de la medalla en cuanto al estado de los refugios para usuarios de la locomoción colectiva en Punta Arenas.

Construidos con material sólido, a un costo mucho menor que los del sector céntrico, uno de ellos está ubicado en calle Club Hípico, a poca distancia de calle Jorge Montt, mientras que otro de esos refugios, se yergue en calle Jorge Montt, en las inmediaciones de una iglesia cercana.

Ambos se encuentran en inmejorables condiciones, limpios, bien iluminados por las noches y, al menos uno de ellos, adornado con hermosos mosaicos multicolores, instalados por los socios de la junta número ocho, cuya directiva la encabeza el presidente, Jorge Vera.

Pero ese “dulce y no agraz”, se repite en la Población Fitz Roy, en los refugios que, al alero del Municipio de Punta Arenas, protegen de las inclemencias del clima magallánico a los usuarios de la locomoción colectiva mayor y menor.
El profesor de Educación Física e inspector del Liceo María Behety, Osvaldo Reyes Saldivia, destacó que “están como nuevos, limpiecitos y eso yo lo atribuyo a que éste es un barrio tranquilo y no transita mucha gente que se dedica a pintar algo que nos sirve a todos”.

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