Cerca de las tres de la tarde una persona entra a la tienda Confecciones del Estrecho en el sector norte, solicitando una caja con muchas mascarillas. La dueña del local, María Hormazábal, se la entrega mientras le ofrece distintos modelos para una futura compra.
Antes de la pandemia, su producto estrella era la confección de banderas y uniformes para colegios y empresas. Sin embargo, la cuarentena la obligó a cerrar y ahí tuvo que planear una forma de poder seguir trabajando. Y la encontró: las mascarillas. Actualmente sigue trabajando con las mismas cinco personas que lo hacía antes de esta crisis. “A pesar que mis ventas han bajado a un 70 por ciento puedo seguir funcionando. Le he tenido que sacar provecho porque las mascarillas se van a tener que seguir utilizando hasta fin de año, incluso puede que hasta el próximo”, afirma ella.
En la Galería Patagonia se encuentra la tienda Cony Confecciones, la cual es administrada por Ana Bárcenas. Con la pandemia, tuvo que bajar su número de trabajadores. De los siete que tenía en marzo, hoy solo quedan cuatro. Antes estaban dedicada solo al arreglo de ropa, pero con la pandemia tuvieron que introducirse en el negocio de las mascarillas, ya que sus ventas han bajado casi igual a las de María. “Ahora, las mascarillas se han vuelto algo importante, yo hago como cuarenta y se acaban altiro, no duran nada. Y a pesar de que sigo dedicándome mucho a las confecciones de ropa y son mi principal fuente de ingresos, las mascarillas me han ayudado porque he perdido muchos clientes por la pandemia”, explica Ana.
Mientras, a dos tiendas de ella, está el local Agsa, cuya jefa es Blanca Naranjo. A diferencia de Ana, aquí la venta de mascarillas ha tomado un puesto igual o superior a la confección de ropa. “Ahora, las ventas están iguales. Tenemos muchas mascarillas y eso es lo que llama la atención de la gente cuando pasa por acá. Hemos tenido que adaptarnos porque las ventas han bajado mucho. Necesitamos este producto para poder seguir funcionando”, sentenció Naranjo