¿Le sirvió al país el acuerdo por la Paz y la No Violencia?

Hoy
se cumple un año de la firma del Acuerdo por la Paz, Justicia y la No
Violencia, que llevó al país a un acuerdo para una nueva Constitución,
el documento suscrito el 15 de noviembre del año pasado que permitió dar
una salida institucional a la crisis social y que dio inicio al proceso
constituyente, que tuvo al Plebiscito de hace tres semanas como su
primer hito.

En
ese contexto, cabe analizar cuáles fueron los principales efectos que
provocó ese hecho en el mapa político, el cual tuvo cambios importantes
después de la extensa jornada en la que la mayoría de los partidos
acordaron, en la sede del Congreso Nacional en Santiago, iniciar una
nueva etapa en el país tras el 18-O.

El
primero de ellos comenzó a ocurrir la misma noche en la que se fraguó
el texto, luego de que sectores de izquierda expresaran su rechazo hacia
su contenido, sobre todo a la norma que obligaba a la eventual
convención constitucional a aprobar todos sus artículos por dos tercios.
Ello, sumado al formato en el que se desarrolló la discusión, el cual
fue calificado por algunos partidos como una “cocina”, motivo que el PC
se restara, aislándose del resto de la oposición. Lo mismo ocurrió con
el Partido Humanista y el Ecologista e Igualdad, que días después
terminaron renunciando al Frente Amplio (FA).

Tras
la suscripción del acuerdo -y pese a la serie de roces que habían
mantenido hasta ese momento debido al fracaso de la Nueva Mayoría y a la
política de diferenciación de la DC- comenzó a gestarse la
reunificación de los partidos de la ex Concertación, los cuales
encontraron en el Apruebo un motivo de unidad. Y aunque no lograron
conformar un comando conjunto de cara al Plebiscito, el dialogo entre
los demócrata cristianos y la Convergencia Progresista, integrada por el
PS, PPD y PR, se intensificó en los meses venideros, derivando en la
creación de la Unidad Constituyente, que sumó al PRO y a Ciudadanos.

El
acuerdo también tuvo efectos en la centroderecha, la cual tras el 15 de
noviembre se dividió entre los que estaban por una nueva Constitución y
los que se opusieron a esa alternativa. Entre estos últimos estaba la
UDI, que hasta la madrugada de esa jornada estaba en desacuerdo con
crear una nueva Carta Magna. En RN y Evópoli, en tanto, hubo quienes
apoyaron al Apruebo y otros al Rechazo. Sin embargo, el efecto no se
limitó solo a eso, sino que también generó grietas que luego fueron
profundizadas por la pandemia, ya que hubo líderes y parlamentarios que
no dudaron en enfrentarse al Gobierno con miras a sintonizar con las
demandas del 18-O.

Tras
un año de dicho acuerdo, cabe preguntarse ¿le sirvió al país el acuerdo
por la Paz y la No Violencia?, una pregunta que muchos hoy se hacen y
que las respuestas tienden hacer diversas.

Pingüino Multimedia conversó con diversos personajes magallánicos quienes dieron su punto de vista.

Juan Morano, exdiputado

Yo pienso que si sirvió
al país el acuerdo por la paz, de hecho hemos estado avanzando en la
implementación de los temas acordados, no tengo duda, que a partir de
esos acuerdos Chile tendrá una nueva y mejor constitución, paritaria,
entre hombres y mujeres.

Una Constitución con representantes de los pueblos originarios y en una Asamblea Constituyente o Convención, donde por cierto, los y las independientes serán esenciales.

Alejandro Riquelme, economista.

No, sigue existiendo la violencia descontrolada, especialmente en la Araucanía, donde matan carabineros y agricultores y el populismo a las ideas de extrema izquierda que se pensaban tan añejas en Chile, están tomando fuerza no solo en el pais, sino en países vecinos como argentina, Bolivia, Venezuela y ecuador. Una constitución no solo, no solucionará ningún problema en Chile, los agravará por las expectativas que se están acumulando y la falta de dinero, por el endeudamiento de la última década y actual crisis del estado.

Que no permitirá cumplir las promesas de los populistas que han surgido como plaga en Chile, copiando el modelo Argentino de más Estado a cambio de más pobreza y la esclavitud del bono.

Arturo Storaker, exintendente.

Yo creo que este acuerdo fue una salida política y que aún está en desarrollo y que probablemente disminuirá la violencia como ha ocurrido, que eso signifique que vamos a llegar al acuerdo creo que aún falta mucho camino por recorrer.

La violencia disminuyó claramente por la pandemia, esta pandemia significó un antes y un después y probablemente contribuyó porque fue un tema mayor y de mayor prioridad para el país, de lo que había sido la demanda social y hubo
dos prioridades combatir la pandemia y afrontar el gran acuerdo que se
llegó con los partidos políticos para salir de la encrucijada en que
estábamos.

La
nueva Constitución fue un canalizador y con esto se logró el acuerdo
político para que el gobierno no se caiga, pero en definitiva eso aun no
lo sabemos porque hay cosas que aún no se sabe si esto tuvo o no
aceptación ciuda
dana”.

Luz Bermúdez, presidenta regional Convergencia Social

Desde
Convergencia Social comprendemos que el acuerdo hay que verlo como un
eslabón más de un proceso histórico profundo, que no parte con dicho
acuerdo, ni incluso con la revuelta social desde el 18 de octubre, pues
es parte de un proceso de la crisis social y humana que ha generando un
modelo en base al endeudamiento, a la concentración del poder e
injusticia social, que hizo acumular rabia e insatisfacción en
chilenas/os que se movilizaron cansados de la desigualdad.

El
acuerdo es una de las puertas necesarias (y no la última) que se debían
abrir para poder lograr los cambios estructurales que sostienen las
desigualdades en nuestro país y la estructura de poder político que deja
fuera la participación ciudadana. Nos resulta difícil pensar otra
salida diferente en ese momento, que sea sustentable y vinculante. Y con
el resultado del plebiscito quedó en evidencia que no estamos en un
país dividido, por el contrario, nos mostró que una gran mayoría cree
que debemos discutir y generar un nuevo pacto social en el cual
todos
tengamos cabida y que no permita que una minoría siga dominando nuestro
país en pro de sus propios beneficios y a costa de la dignidad de la
mayoría
.

Luis Legaza, candidato independiente a alcalde

Resulta curioso hablar de acuerdo por la paz y la no violencia, cuando desde hace un año la violencia contra el pueblo de Chile se ha mantenido igual, incluso peor… ¿No es violento que sea la propia gente la que tenga que valerse por sí misma; no es violento que se asigne un miserable presupuesto para la salud;
no es violento que el Ministerio de Educación despilfarre 300 millones
cuando existen miles de estudiantes sin acceso a internet…? En estos
mismos momentos que usted lee estas líneas tenemos cientos de
compatriotas presos-políticos por verdaderos montajes policiales de los
cuales existen testimonios, pero la justicia no actúa
; hubo muertos, sí,
lea bien, desde hace un año en nuestra patria fueron asesinados
chilenos y chilenas y, terriblemente como en el pasado, nada sabemos de
los culpables…
Violento
es el hecho de los perdonazos a las grandes empresas, violento es que
algunos delincuentes como Délano y Lavín (caso Penta), reciban clases de
ética y encarcelen a alguien que vende productos en la calle o que
persigan a los artistas
callejeros… Esto
no es lo que la gente legítimamente demandó hace ya más de un año, pero
como vivimos gobernados por incompetentes acostumbrados a abusar de la
gente, de sus leyes y teniendo además una clase política que hace oídos
sordos a estas cosas y que defiende estos atropellos, no veo ni paz ni
que disminuya la
violencia… Violencia extrema es que esta ¿clase política? Se
haya adueñado de un triunfo que no les pertenece, más violencia es ver
que los independientes aún naveguen en aguas indeterminadas y que la
institucionalidad de los partidos políticos, como ya es costumbre, lea
los resultados pensando en sí mismos.

El orden social
no es otra cosa que la consolidación de la ética, no ese orden de
abusos y atropellos en donde la palabra ética es cosa de diccionarios.
El orden social es una consecuencia directa de un sociedad en que se
establezcan conductas que velen por la seguridad de todos los que
componemos un país, una
patria… Pero
en nuestro suelo la palabra ética se ha relativizado y los mismos, por
ejemplo, que hoy dicen que “no es la forma”, aplaudieron (y algunos lo
siguen haciendo), el bombardeo de La Moneda, para “esos” fue ético el
ataque, las posteriores muertes, crímenes, desapariciones, torturas e
incluso una pre candidata como Matthei se despachó en una entrevista
“que era lícito matar a los adversarios” y, por arte de magia, luego
dice que no defendió la dictadura, éste es un ejemplo de ética de muchos
político.

Violenta
es la escalada de negacionismo de un sector de la derecha chilena que
no quiere por nada del mundo castigar a quienes hagan apología o
justifiquen la barbarie vivida y, con un descaro que raya en cinismo,
piden “dar vuelta la página”, “olvidar el pasado”, “mirar hacia el
futuro” y nada dicen de los cientos de mutilados, ciegos, presos e,
insisto,
muertos… No, la ética no funciona así…

Todos anhelamos paz.
Es un principio que debe anidar en el corazón de cada uno, pero no se
construye Paz a partir “del año cero” como quieren algunos. La Paz es la
derivación y consecuencias de procesos históricos, no por dar “vuelta
la página y mirar el mañana”, vendrá la Paz como maná del cielo, esto es
un argumento demasiado básico y acomodaticio.

La Paz, y esto es creo lo más importante, es producto de la Justicia. No existe un principio sin el otro. No se puede
andar vociferando Paz como un valor aislado y obviar las injusticias y
atropellos que este modelo político-económico-social ha implementado a
la fuerza. No pues, la Paz se sustenta en la Justicia y, muy
tristemente, hemos visto que, bajo el justo anhelo de obtener
tranquilidad y orden, se firmó un acuerdo que significó obviar muertes,
mutilados, presos y
ciegos… Esto no es Paz, una firma no te la asegura si detrás de esa rúbrica existe la traición a las demandas sociales…

Tenemos
que seguir avanzando. El domingo 25 de octubre fue un tremendo paso, un
anhelo, una esperanza, pero nada de eso se consolidará si este gobierno
y su institucionalidad política (partidos incluidos), no entiende que
la Paz y el Orden se sustentan en la ética y la justicia y, al parecer,
esto muy pocos lo asimilan…

¿No es acaso
violento y un desorden asqueroso que precisamente los integrantes del
Congreso no paguen sus contribuciones por sus propiedades y al ciudadano
común y corriente le rematen sus casas si no cumplen?

Así, poco y nada se avanza hacia la Paz y el Orden”.

Daniela Arecheta, secretaria regional Evópoli.

Tras el estallido social en octubre de 2019,
y después de largas conversaciones y negociaciones políticas, se logró
un acuerdo transversal por “la Paz Social y una nueva constitución”, que
apuntaba a generar una nueva Carta Magna y a dejar de lado la violencia
política. Esto ha ido avanzando, ya culminamos la primera etapa en
donde los ciudadanos de todo el país votaron libremente por aprobar una
nueva constitución mediante el mecanismo de la convención
constitucional.
Estamos conscientes que los grandes cambios y
transformaciones que espera la ciudadanía no serán a corto plazo, debido
a que el proces
o
de crear una nueva constitución puede durar hasta 3 años
aproximadamente, esto en caso que en el plebiscito de salida la
ciudadana apruebe este nuevo instrumento creado por todos. Este hecho
creemos que cierra el ciclo de violencia porque la demanda ya está en
proceso.
Desde mi perspectiva los chilenos y chilenas el 18 de
octubre 2019, enviaron una señal clara a la clase política para que se
pongan a trabajar por las reales demandas de la ciudadanía y, por otra
parte, que disminuyan sus privilegios. Hoy en día a más de un año, vemos
que gran parte de los parlamentarios de oposición se enfocan solo en
los créditos y dividendos políticos, sin avanzar en medidas reales y
efectivas, con una visión y mirada de futuro.

Eduardo manzanares, expresidente regional PS.

El 15 de noviembre de 2019, Chile
se encontraba en medio de una profunda crisis política, social y
económica. Millones de chilenos y chilenas se movilizaban en las calles y
expresaban a través de las redes sociales y prensa, su enorme
disconformidad con los altos niveles de desamparo y
desigualdad
que el sistema imperante provoca en la población más precarizada y en
una parte no menor de la clase media. Es verdad, Chile avanzó
enormemente en los últimos 30 años en
derrotar la extrema pobreza y mejorar los distintos índices relevantes para un país en vías de desarrollo. Aumentó en casi tres veces el gasto en salud y en más de 2 veces el gasto en educación como
porcentaje del PIB y se jactaba de generar mayores niveles de bienestar
que sus vecinos de Latinoamérica. Pero lo cierto es que ese bienestar,
esa riqueza representada en cerca de U$ 25.000 dólares por habitante no
estaba en ningún caso repartida con un mínimo de justicia social. En
estricto rigor, el 10 % más rico concentra una riqueza cercana al 66 % y
apenas el 1 % de la po
blación concentra una riqueza cercana al 27 %. Miles de jóvenes ven con desazón como sus expectativas
de progreso se ven amagadas por deudas del CAE que crecen año a año,
miles de adultos mayores ven con temor como sus pensiones actuales o
futuras no alcanzarán para
solventar
una vejez con un mínimo de dignidad. Cerca de la mitad de los
trabajadores de nuestro país gana $ 400.000 o menos al mes según
reciente estudio del INE. Muchos otros cambios
quisieron ser introducidos por sucesivos gobiernos democráticos para permitir una mejor distribución
de la riqueza y protección social de los ciudadanos y ciudadanas, pero
las leyes de amarre y sus excesivos Quórum, impidieron esos cambios.
Chile es en este contexto uno de los países más desiguales del mundo y
los chilenos estamos ya cansados de un modelo que concentra los
privilegios
del desarrollo en unos pocos y de una constitución ilegítima que impide
los avances socia-les. Nunca antes una Constitución había sido el
producto de esa voluntad libre y soberana del pueblo que se expresó ya
este reciente 25 de octubre con casi un 80 % de aprobación por una nueva
constitución y convención constitucional. Por eso mismo, a un año de
este acuerdo por la Paz social y la nueva constitución, tengo la certeza
que un nuevo aire esperanzador atravesara la sociedad chilena para que
sin exclusiones se pueda expresar en una nueva carta fundamental su
voluntad de transitar a un país más justo y más solidario. Y eso para
mi es suficiente por ahora…
”.
Finalmente, señalar que lam
ento
que la violencia e intolerancia sigue permeando nuestra sociedad en
estos meses, hemos visto que en la capital se ha reactivo los focos de
violencia injustificada. La violencia no ayuda a nadie en este momento,
solo sigue perjudicando a los micro y pequeños empresarios y al pueblo
de Chile, el llamado debe ser a repudiar con ahínco todo tipo de
violencia, puesto que es inaceptable pens
ar que pueda ser utilizada como un mecanismo valido en democracia.

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