Marco
Antonio Ávila Lavanal, 45, nació en 1977 en Santiago, en una familia
ligada a la educación. Es hijo del profesor de educación básica Enrique
Ávila, quien fue docente y luego director de educación subrogante en la
Municipalidad de El Bosque, durante la administración de Sadi Melo (PS).
Creció
en la comuna de San Miguel, al sur del centro de Santiago, donde
también fue al colegio. En 1994 egresó de cuarto medio del liceo Andrés
Bello. Por allí pasaron una década antes los integrantes del grupo de
rock Los Prisioneros, cuando se llamaba Liceo Número 6 de Hombres.
Ha
dicho que desde niño supo que quería ser profesor de castellano. “Mis
compañeros sabían que me había leído los libros para castellano.
Entonces, después de clases o en los recreos, les hacía un resumen del
libro en la pizarra, les contaba cuáles eran los personajes y las
acciones principales. En ese momento, sin darme cuenta, ya estaba
haciendo clases”, dijo en junio a la Revista de Educación. “(Además) no
me gustaba ‘soplar’ respuestas en las pruebas, me ponía nervioso”.
Estudió
docencia en la Universidad Católica Cardenal Silva Henríquez, donde
también cursó un magíster en Educación mención en currículum e
innovaciones Educativas, detalló el sitio del plantel. Más tarde fue
becario del programa directores de excelencia del Ministerio de
Educación. Cursó estudios sobre Liderazgo Educativo en la Universidad de
Toronto, detalló el sitio gobierno.cl.
Fue
en la universidad donde, ha contado, tomó una decisión importante.
“Siempre me sentí muy cómodo siendo yo mismo antes, en los espacios de
confianza con los amigos y la familia. Ahora bien, siempre hay un hito
asociado a un acto lingüístico de reconocerse y decir: ‘soy homosexual y
quiero que todos entiendan que ésta es mi vida’. Eso ocurrió a los 18
años, estando en la universidad”, dijo en mayo a The Clinic.
Antes de egresar trabajó sin remuneración en el preuniversitario
José Carrasco de la U. de Chile, contó a la Revista de Educación.
Después hizo clases de castellano y fue profesor jefe de la escuela
Cardenal Carlos Oviedo de Maipú de la fundación Belén Educa. Entre 2008 y
2012 fue asesor de mejoramiento educativo en la Fundación Chile, y
entre 2013 y 2015 director de la escuela emprender de Puente Alto.
El
2015 marcó 2 hitos en su carrera. Comenzó a trabajar en el segundo
gobierno de Michelle Bachelet y empezó a militar en Revolución
Democrática (RD). Ese año llegó a la División de Educación General del
Ministerio de Educación; primero como vicecoordinador y luego como
coordinador nacional de nivel de educación media. El lazo con la
entonces ministra Adriana Delpiano (PPD) todavía se mantenía cuando
Ávila asumió la cartera. En 2019 volvió a la Fundación Chile como jefe
de proyectos de mejoramiento escolar.
En
2020 asumió como coordinador de la comisión de educación de RD. En
abril de 2021 representó al partido en la elaboración de los contenidos
educacionales del programa de gobierno del entonces candidato presidencial Gabriel Boric. Tras el triunfo en las elecciones de diciembre, apoyó al equipo Plan de Gobierno.
Su
anuncio como ministro de Educación fue celebrado por el Colegio de
Profesores y organizaciones en favor de la diversidad sexual. “Le doy la
bienvenida al primer profesor que va a estar en el cargo de ministro de
Educación”, dijo equivocadamente el presidente electo al presentarlo el
21 de enero. Los exministros Ernesto Schiefelbein, Mariana Aylwin y
Yasna Provoste también estudiaron docencia, entre otros.
Marco Antonio Ávila asumió el 11 de marzo, 9 días después de que los estudiantes volvieran a clases presenciales. El retorno a clases
estuvo acompañado de los hechos de violencia al interior y exterior de
los liceos emblemáticos de Santiago, de dependencia municipal.
Esto
no afectó su valoración pública. En la Encuesta Cadem difundida el 27
de marzo fue el ministro mejor evaluado del gabinete (72%), superando al
ministro de Hacienda, Mario Marcel (71%). Ser un profesor de aula, con
un perfil dialogante y que Educación a la fecha no era una “papa
caliente”, se esgrimieron como posibles explicaciones del resultado.
Al
mes siguiente hizo un mea culpa respecto del tiempo en que se
mantuvieron suspendidas las clases. “Yo creo que efectivamente nos
equivocamos“, dijo a Cooperativa el 5 de abril. “La falta de
socialización de dos años fue muy grave, afectó. Por eso nosotros
apostamos por la presencialidad. El Presidente lo ha dicho: las escuelas
son las primeras en abrir y las últimas en cerrar”. La mantención de
clases a distancia había sido apoyada por el Colegio de Profesores, que
encabezó una fuerte oposición al gobierno de Sebastián Piñera.
A
fines de abril compartió con Marcel el segundo lugar de ministro mejor
evaluado (ambos con un 62%). . Ávila comentó cómo tomaba esta
popularidad. “No tengo un ego desmedido. Eso no es un reconocimiento a
mí mismo, sino que éste es un Ministerio que está tratando de devolverle
a la ciudadanía esta impresión de un Estado que está presente”, dijo a
The Clinic.
A
fines de mayo fue consultado por la violencia ligada a los liceos y
apuntó al gobierno pasado. “La vuelta a clases que la entendemos como
abrupta; hay una mala decisión del gobierno anterior de haberlo hecho de
esa forma”, dijo a La Tercera.
El
20 de julio fue interpelado en el Congreso. El diputado Jorge
Alessandri (UDI) realizó las preguntas al secretario y el tema
reapareció. “Frente a la violencia no habrá permisividad”, dijo el
ministro, quien luego añadió. “Hasta la fecha hemos realizado 29 mesas
con los establecimientos de la comuna de Santiago. Por ejemplo, con el
Instituto Nacional, seis mesas de trabajo. ¿Por qué digo el Instituto
Nacional? Porque quiero mostrar aquí que gran parte de la protesta
legítima, no de la violencia, sino de la protesta y el descontento
legítima que tienen los estudiantes del Instituto Nacional tienen
relación con promesas no cumplidas”.
En
octubre protagonizó una polémica asociada a los liceos bicentenario,
programa lanzado para replicar la excelencia académica asociada
históricamente a los liceos emblemáticos. “(Son) un programa que se está
terminando de manera gradual, tal como está establecido en su
cronograma original”, dijo a Radio Pauta, generando una ola de críticas.
En noviembre, frente a “un requerimiento de parlamentarios de la
centroderecha respecto de la aprobación del presupuesto en la medida que
se reincorporara estos recursos para los liceos bicentenarios”, dijo a
CNN que estaba “absolutamente disponible a volver a abrir nuevas
convocatorias en la medida en que la evaluación de impacto señale que
habían sido positivos”.
El
18 de noviembre se refirió a la controversia por la Ley Aula Segura, de
la se había mantenido distante. “Cuando me preguntan por Aula Segura,
si alguien me dice ‘¿puedo usarla?’, por supuesto, si es una ley de la
República. ‘¿Puedo usar el RICE (Reglamento Interno de Convivencia
Escolar)?’. Por supuesto. El problema no es el instrumento, es el
otorgamiento de espacios de autonomía para que rectores apliquen ese
RICE”, dijo a La Tercera. “Más que estar de acuerdo o no (con Aula
Segura), puedo orientar formativamente no solo como autoridad, sino como experto en educación, por eso soy el ministro y conozco el ámbito”.
Su
posición distó de la manifestada días antes por la ministra de
Interior, Carolina Tohá (PPD), quien respaldó las críticas a la norma
realizada por la alcaldesa Irací Hassler (PC), respecto de quien
parlamentarios de oposición presentaron un requerimiento a Contraloría
para esclarecer si la ha utilizado en Santiago Centro.
Pero
más que la violencia escolar y la situación de los liceos bicentenario,
son los más de 50 mil estudiantes que dejaron el sistema entre 2021 y
2022 los que han expuesto su gestión. “Es una prioridad para el
Gobierno, tenemos que explicitarlo de mejor manera”, dijo el mandatario
el 13 de noviembre, en lo que se leyó como una crítica a la gestión de
Ávila. Ese día dijo también que buscaría abordar el tema con distintos
sectores políticos.
El
17 de noviembre el ex ministro de Hacienda, Ignacio Briones, llegó al
Ministerio de Educación para plantear a Ávila sus propuestas. Este
jueves, desde México, el Presidente Boric volvió sobre la materia. “La
recuperación educativa pasa a ser de las prioridades de nuestro
gobierno”, recalcó. La UDI amenazó esta semana con acusar a Ávila
constitucionalmente.
Ávila, mientras, acumuló otras
controversias. Este jueves aclaró desde el Congreso en Valparaíso que
los secretarios regionales incluirán en el calendario escolar los días
de Carabineros y de las glorias Navales y del Ejército que no estaban
presentes en un documento con orientaciones sobre la materia difundido
previamente. El miércoles, el ministro participó en Coyhaique de una
reunión de los rectores del Consorcio de Universidades del Estado de
Chile (Cuech), donde estos le habrían manifestado sus reparos con el
presupuesto de educación superior para 2023.
En
este marco, la popularidad del ministro se ha visto golpeada. En la
Cadem difundida este 18 de noviembre, su aprobación era del 50%, un
punto más que en octubre, pero distante de los resultados del inicio de
su gestión.
“No
puedo permitir que se señale que no hemos estado haciendo este trabajo,
pues durante el año 2022 sí hicimos a propósito de una reasignación
presupuestaria distintas tareas para preocuparnos de la recuperación de
aprendizajes, la reactivación y la revinculación de estudiantes y
también la salud mental”, dijo este jueves en el Congreso, tras la
aprobación de la partida de educación para el 2023. “Es importante
rescatar el trabajo realizado durante el año 2022 y la proyección para
el año 2023 que se amplía con los $ 250 mil millones de dedicados y que
están señalados en las partidas aprobadas”.