Son categóricos al definirse como artesanos y alejarse del concepto de revendedores. Y es que la polémica entre artesanos y vendedores, luego de la decisión del alcalde de Punta Arenas, Emilio Boccazzi, de trasladar nuevamente a estos últimos a la Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero, no ha cesado.
Entendiendo que todos tienen derecho a trabajar, los locatarios del Centro Artesanal Municipal de Punta Arenas, se definen como artesanos porque sus manos trabajan con las materias que da la tierra de la región; madera, lanas, ramas, arena, etc.
Más allá de las definiciones, en el centro artesanal, inaugurado en 2012 por el ex alcalde Vladimiro Mimica, conviven manualistas, artesanos, tejedoras y también revendedores. Y es justamente esta situación, exacerbada por la decisión de Boccazzi, que ha encendido un poco más el conflicto.
“Yo estoy muy molesta, porque el alcalde le da prioridad a la gente que vende en la plaza. La gente ya no va a venir hasta el Centro Artesanal, nosotros estamos perdiendo acá. Y para seguir perdiendo mejor me voy. He tomado la decisión de irme, me voy indignada, porque aquí no nos ayudan. Estoy desde el 8 de marzo y me ha ido pésimo”, dice Patricia Ríos, artesana del mimbre y actual arrendataria del local 22.
“El alcalde debió ponerse firme con la decisión de no dejar que los vendedores se muevan de donde estaban. Ellos no son artesanos, son revendedores de cosas chinas. Creo que hay dos artesanos en la plaza, el resto vende cosas chinas, al igual que en el centro artesanal, hay gente que vende cosas de Sánchez y Sánchez”, señala ofuscada.
La artesana es tajante en indicar que no existe una gestión respecto de ingresar ese espacio artesanal a los circuitos turísticos y que la fiscalización por parte del municipio, para hacer cumplir con los contratos consignados, es nula.
Ríos se queja que la administración del centro es deficiente y apunta: “Nunca han venido a fiscalizar. Llevo siete meses ininterrumpidos trabajando acá en el centro y nunca han venido a fiscalizar los de la municipalidad. Hay puestos desocupados y los tienen de casino o de bodega. Por decir un ejemplo, los locales 17 y 19 están vacíos. ¿Por qué no traen a los que están en la plaza acá? Le pongo un cero a la fiscalización. No hay”.
Dice que los artesanos se sienten bajo reglas de competencia desleal, ya que no todos los que pagan arriendo, producen con sus manos lo que venden, y eso ha generado hasta problemas de convivencia. “Hay mucha mala onda entre los que estamos acá. Hay tres artesanos en el centro artesanal. El resto no lo es. El pago mensual es de $ 22 mil y tengo que sacarlo de mi bolsillo. Yo no vendo nada aquí. Penan las ánimas. En total por mes deben llegar unos 100 turistas, con suerte. No he vendido nada en todos estos días, es cosa que ver las boletas. Por eso me voy. Me cansé”, comenta.
Además de los 22 mil pesos mensuales de arriendo, los locatarios deben pagar los impuestos por concepto de patente comercial, lo que asciende a los $ 55 mil, valor que debe cancelarse dos veces al año.
Inés Zambrano realiza pirograbado y dice que “hay gente que ha venido a pasear aquí, y es gente de Punta Arenas y no tenía idea del Centro Artesanal. No hay un plan de gestión que incluya a los guías y que puedan traer a los turistas. No hay promoción de que existimos”, señala y agrega “Es importante que se fiscalice y que se controle porque hay mucho desorden. El alcalde debería venir al centro, para ver qué es lo que está pasando. Nunca se ha reunido con la gente que estamos acá”.
Por otro lado, el artesano Cristián Zerega lleva tres años pidiendo a las autoridades que consideren estacionamientos para los buses grandes. “Acá los buses grandes no llegan, todos los llevan a la plaza. A ellos se les está dando la facilidad de ganar dinero con un producto que no es artesanal. Pueden tener productos artesanales, hechos por ellos, no discuto que pueda haber artesanos que confeccionan sus propios productos”, opina y agrega “ Hace tres años que vengo escuchando que van a fiscalizar. No ha pasado nada”, señala.
Zerega es categórico en afirmar: “Cuando me preguntaron, hace tres años, qué producto iba a vender, yo dije pirograbado y no van a ver en mi local, ningún producto que sea chino. Aunque hay una autorización, de vender un porcentaje menor (25%), de artesanías ajenas. O sea, está permitido comprarle a otro artesano regional y venderlo”.
Respecto de la polémica con los vendedores de la plaza señala “Si ellos son comerciantes y dicen llamarse artesanos, que sean felices así. Nosotros estamos enfocados a potenciar el centro. El Centro Artesanal debería ser el primer punto que visitan los turistas. Cuando vienen turistas, los traen los operadores en minibuses. Los turistas se van decepcionados de acá porque ni siquiera hay un cajero automático. Acá nadie vende nada. Es cosa de mostrar los libros. Si no llega nadie. Y si llegan,