“Los hombres que asisten al centro son producto de una sociedad machista y que han reprimido mucho sus emociones”

En
2011 se inauguró el Centro de Reeducación para Hombres, entidad
dependiente del Sernameg, cuyo principal foco es justamente derribar la
violencia que ejercen estos hombres sobre sus parejas o exparejas, en la
mayoría de los casos provenientes de causas judiciales.

Al
inicio los varones convocados son sometidos a cuatro evaluaciones
iniciales, a través de las cuales se realiza un primer filtro al
ingreso, que impide que acudan hombres con problemas de salud mental o
de trastornos de consumo que no estén siendo tratados, además de
evaluaciones que permiten dar cuenta al equipo del centro en qué etapa
de conciencia se encuentra el usuario.

“En
esta etapa vemos el reconocimiento, la problematización de la violencia
y se busca descartar patologías de salud mental, todo a través de
instrumentos validados, con un cuestionario general de violencia y
determinar los criterios de exclusión. Una vez que se termina esta
etapa, se les señala nuestra conclusión y se les entregan observaciones.
Luego viene la intervención, se hace un plan de acción para “Mi Cambio”
y los usuarios se comprometen a acciones, como una firma de contrato de
atención donde se comprometen a no ejercer ningún tipo de violencia”,
comenta Patricio Mancilla, coordinador del Centro de Reeducación de
Hombres.

Inicio de la intervención

Gran
parte de los usuarios que asisten a esta instancia lo hacen por
obligación de una orden judicial por casos de Violencia Intrafamiliar
(VIF), quienes al momento de entrar al centro son asistidos por una
dupla psicosocial formada por una mujer asistente social y un hombre
psicólogo, generalmente, pero siempre un hombre y una mujer, lo cual
resulta ciertamente chocante para muchos de los usuarios que ingresan.

“La
respuesta al inicio por lo general es bien compleja, más cuando vienen
por tribunales. Muchos llegan con actitudes de negación total y bien
contestadores, en muchos casos también se comportan de manera bien
agresiva. Eso en gran parte creemos que es porque nos ven como un ente
castigador, pero nunca es ese nuestro enfoque, por el contrario,
buscamos entregar herramientas para que no vuelvan a ejercer violencia,
que busquen otras formas de resolver conflictos. Los hombres que asisten
al centro son producto de una sociedad machista y en muchos casos han
reprimido sus emociones toda una vida, donde tienen que ser fuerte, el
que tiene la última palabra en la casa, y aquí se encuentran con este
nuevo concepto de la ‘masculinidad positiva’, donde se les explica el
trabajo compartido en casa, de que tanto hombres como mujeres somos
iguales, y eso les choca mucho porque no están acostumbrados a que los
cuestionen”, agregó el coordinador.

Los
procesos con los usuarios pueden durar entre 9 meses y 1 año, y en
muchos casos se pueden extender los trabajos de estos, quienes tienen
sistemas de rol o disponibilidades que se comprueban, son acotados. En
los casos que no se logra asistencia de manera regular que permita
lograr éxito, desde el centro tienen que tomar medidas

Proceso de reeducación

El
proceso cuenta con dos niveles básicos que deben atravesar los
usuarios: el primero consiste en dar cuenta de las violencias más
visibilizadas, las cuales son el abuso físico, abuso sexual, amenazas e
intimidación. En el segundo son las más difíciles de reconocer, como lo
son el abuso económico, el abuso emocional, aislamiento, la manipulación
de los hijos, minimizar, negar y culpar, y por último el privilegio
masculino. “Recién pasando por los dos niveles de manera exitosa al
varón se le puede dar como egresado. Después de esto se le hace un
seguimiento a través del cual se intenta realizar un control sobre su
vida posterior, generando contactos con su mujer o expareja, porque en
la intervención es profundamente importante tomar en cuenta la parte de
la mujer”, asegura Mancilla.

Interacción entre usuarios

En
sus inicios, y por orientación técnica, el programa hacía una
separación entre los usuarios negacionistas y los que ya tenían ciertos
grados o total aceptación de las violencias generadas, lo cual resultab
a
‘nocivo’ tanto para ellos como para el equipo del centro, es por eso
que finalmente se decidió unir los grupos y los resultados fueron mucho
más certeros.

“Muchos
llegan sin ganas de asumir nada, pero al encontrarse con otros que si
asumen sus responsabilidades terminan contagiándose de estas conductas y
comienzan a reconocer en ellos sus errores. En general existe
superbuena dinámica entre los usuarios, y resulta supergratificante
cuando entre ellos mismos comienzan a cuestionarse; por ejemplo, cuando
uno tira una talla machista y los otros lo increpan de buena manera,
haciéndoles saber que están equivocados. Entonces entran en un proceso
de autocuestionamiento en estas dinámicas de participación,
que generalmente es muy alta”, agregó Patricio Mancilla.

El
coordinador concluye con una fuerte frase que ha escuchado en más de
una ocasión por parte de usuarios, quienes afirman que “me hubiese
encantado saber todo esto que me han enseñado aquí antes de que todo
esto sucediera en mi vida”.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS