¿Los perros siguen siendo los mejores amigos del hombre?

La Región de Magallanes, con una ganadería de primer nivel, tiene una deuda de gratitud con los perros ovejeros, cuya labor ha permitido que por décadas se manejen grandes masas de ovinos, colaborando, a ladrido limpio, con la esforzada tarea de nuestros hombres de campo.
Pero no sólo por esa razón, los perros son queridos, valorados y bien tratados.

En las ciudades y localidades de nuestra región también juegan roles importantes como guardianes, amigos y compañeros de muchas familias, de niños, niñas, adultos mayores y de más de una persona discapacitada.
Los perros, pese a ser parientes de los lobos, se han domesticado tanto a esta altura de nuestra historia, que pueden asumir ese singular rol que los hace formar parte de numerosas familias que con cariño, alimentación y cuidados veterinarios, los consideran un miembro más de esos grupos humanos.

Esa es la parte dulce.
Pero existe otra: la del agraz.
Efectivamente, como en todas partes, hay amos buenos y otros no tanto; responsables e irresponsables.
Estos últimos conforman un grupo  que ha contribuido poderosamente y pese a las campañas de entidades animalistas, de los municipios y de los servicios de salud, a generar un problema que nos afecta a todos.

Es que la presencia de perros sin amos responsables, que deambulan por pasajes, calles, avenidas y plazas de Punta Arenas, por ejemplo, ha llegado a ser lo que muchas personas califican y sienten como un “problema de salud pública”, es que miles de perros callejeros, repartidos en diferentes lugares de la ciudad, han provocado lesiones a centenares de personas; sus excrementos generan malos olores y molestias cuando alguien llega a pisarlos y, después de romper las bolsas para la basura o volcar los tachos dejados en las veredas para ser retirados por los camiones recolectores de residuos domiciliarios y su equipo de apoyo, esparcen esa basura tanto o más que el viento magallánico, contaminando el medio ambiente urbano y más allá, también.

Más problemas
Esa es la situación de lo que podría denominarse como “la problemática canina urbana”, pero en el sector rural existe otra, que no es menor, pero que también genera dificultades.
Más allá del valioso e importante rol que los perros, de distintas razas, tamaños y habilidades, cumplen en las tareas ganaderas regionales, tanto en invierno como en verano; con o sin lluvia, viento, escarcha o nieve, siempre cerca de los ovejeros, de los campañistas, hay una serie de problemas respecto de ese “oro blanco”, aludiendo a la lana de las ovejas.

En las cercanías de las urbes regionales, se ha detectado la presencia de jaurías de “perros asilvestrados”, las que han causado importantes daños en las masas ganaderas de predios medianos y grandes, pero el impacto mayor es en los campos de pequeños ganaderos.
La resignación se ha hecho carne en los dueños de huertos en las inmediaciones de Puerto Natales y muchos afectados se hacer denuncias ante la falta de resultados que limiten o pongan coto al problema.

En las afueras de Punta Arenas, se han adoptado  medidas destinadas a impedir, pero sólo con éxito relativo, los ataques de estas jaurías, calificadas como feroces y sanguinarias, debido a que han recuperado su agresividad natural.
El problema mayor y que ha venido arrastrándose desde hace varios años, es el que se ha registrado en las vecindades de Porvenir, en Tierra del Fuego.

Allí, los ganaderos Atilio Calcutta y Mladen Tadic, han sufrido graves pérdidas por las acciones de esas jaurías, que sumadas a las de delincuentes que practican el abigeato, han hecho daño en sus ganados.
Es que en una masa pequeña de ovejas, esos daños son de mayor impacto, porque diez ovejas preñadas y muertas por esos “perros asilvestrados” significan veinte animales menos en cada ataque y así el monto de las pérdidas va en aumento, con las consecuencias fáciles de prever, aun para quienes no son expertos en las faenas ganaderas.

Pero los perros “asilvestrados” siguen allí, al acecho, aumentando su número por las pariciones de las perras que han sido abandonadas por sus amos, cerca de Porvenir.
Ha habido iniciativas tendientes a permitir la caza y la eliminación de esas jaurías de perros asilvestrados, pero cuando se publicó el decreto legal atingente, las presiones de organizaciones animalistas determinaron que se postergara su aplicación por parte del Servicio Agrícola y Ganadero, en forma indefinida.

Frente a la defensa que los animalistas hacen de “los derechos de los animales”, refiriéndose a los perros  callejeros y “asilvestrados”, especialmente, quienes buscan poner coto a los problemas que han generado estos canes y los amos que los abandonaron, y preguntan ¿quién defiende los derechos de las ovejas y de los corderos que esos perros han matado y devorado?

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