Magallánica narra los dos peores años de su vida tras invalidez transitoria y problemas con su isapre

Ivonne
Domínguez, quien lleva 17 años trabajando en la Caja de Compensación
Los Andes, arrastra desde el 2018 una invalidez transitoria que está
relacionada al ménière, un trastorno bilateral del oído interno, el que
se extendió desde el derecho -el más afectado- hacia el izquierdo. Por
consiguiente, esto le ha causado mareos, pérdida de audición y un pitido
constante en el oído -tinnitus-. Además de este problema vestibular, en
dos años ha tenido una serie de atenuantes: se ha caído, se ha quemado y
se ha esguinzado. ¡Le ha pasado de todo! Lo que está vinculado al
inicio de su enfermedad.

“En
la plataforma del servicio al cliente seguí haciendo mil cosas,
entonces mi nivel de estrés igual era alto. A mí me había dicho el
doctor que me atiende que parara, porque esta cuestión podía ir en alza,
pero hice caso omiso hasta que me dio un ataque fuerte, donde me caí.
Se me tapó el oído, perdí la audición y quedé con pitidos permanentes”,
comentó Ivonne Domínguez, quien ha sido sumamente afectada.

Debido
también, a su enfermedad corneal -queratocono-, fue perdiendo
progresivamente la vista, por lo tanto, es altamente miope.

Todavía
puede usar lentes de contacto, pero sus córneas tienen que respirar por
lo menos cuatro horas al día. “Es por esto que he estado pensionada
hace dos años. Yo quería volver a trabajar y en el fondo no se podía,
porque me pasaron todas estas cosas”, agregó.

En
la Suseso, que es la entidad mayor, le dijeron que podía seguir
presentando licencias médicas porque su patología, ya no era ni por su
oído ni por sus ojos, sino que por siquiatría. Esto tiene que ver con
que se resistió mucho tiempo a lo que le estaba sucediendo, por lo que
el otorrinolaringólogo la envió a la siquiatra; y desde allí la enviaron
a la sicóloga. Se encuentra en este tratamiento hace más de dos años,
donde ha ido presentando sus licencias, las que han sido apeladas cada
tres o cuatro meses, ya que “no quería hacer el trámite todos los meses
por lo engorroso que es, ya que uno tiene que presentar certificados y
todo, y como mi tema va ligado al estrés, no me quería estresar más”.
Estas licencias han sido apeladas por la Isapre Consalud, quienes -según
explica Domínguez- quieren descontarle todo, y desde el Compin le están
dando el favor a ellos.

Con
la directora del Compin, se reunió hace unas semanas y ella tuvo
ciertos reparos. “Me dice que estas licencias están siendo descontadas,
porque yo tengo que volver a trabajar, aunque sea un día, y por lo que
yo tengo entendido por la ley, si yo tengo una patología posterior, que
no tiene nada que ver, que no está configurada con la pensión, a mí me
las tendrían que pagar, y este es el caso”, dice.

Son
nueve licencias médicas que ha presentado, las que tienen un valor
promedio de $ 860.000, donde si se le suman las cotizaciones, el monto
llegaría casi a los $ 9 millones en total.

Últimos antecedentes

De
acuerdo con el reclamo que le realizó a la directora del Compin, le
elaboraron una planilla Excel, donde tiene que volver a presentar
papeles a la Isapre, a la Suseso y a ellos. Asimismo, los médicos que la
han atendido en Punta Arenas, le hicieron una revaluación de un 89%, lo
que significa que debería estar pensionada por completo y que podría
desvincularse de la empresa, por lo que ya no debería presentar más
licencias.

No
obstante, desde la Comisión Médica, señalaron que la deben evaluarla
los médicos de Santiago. La secretaria de la Comisión Médica la llamó
para ver si estaba dispuesta a viajar a Santiago, a lo que ella asintió,
aunque esto involucre ciertos riesgos.

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