Hace unos días se
conoció el resultado de una singular encuesta, la más conocida por su sigla de
Casen, y ese resultado fue mucho más singular que la misma muestra.
En el resumen se
afirmó que los magallánicos eran los más felices habitantes del país; que se
nos reconocía por nuestra amabilidad; porque no sufríamos de estrés, ni de
tacos; que el almuerzo duraba dos horas, y hasta con siesta, y que amaban a su
región.
Un retrato
ciudadano, con resabios sociológicos, sicológicos y con visos de verdad y
desconfianza, como toda encuesta que no explica claramente su metodología ni su
margen de error.
Para Magallanes y
Antártica Chilena, en todo caso, esos resultados no eran malos, muy por el
contrario porque se acercan mucho a lo que muchos residentes en la zona, desde
su nacimiento o desde que llegaron a ella, sienten, perciben y defienden con
ardor.
LA VOZ DE LA CALLE
“Llegué hace 35
años y desde el kiosko que tengo en calle Errázuriz con España he podido
conocer a muchas personas”, afirmó Fresia Escalona.
“La gente es
amable, cariñosa y se le ve feliz. Claro que antes era más, pero las nuevas
generaciones son un poco diferentes, cambiaron un poco ese retrato de Punta
Arenas que nos hiciera tan especiales. Los tiempos cambian, pero aún así,
seguimos siendo más felices, más amables, menos estresados que en otros lugares
de Chile y mantenemos el cariño por esta tierra austral, donde, a veces, el
clima nos hace pasar algún mal rato”, agregó.
TRES CON PALA EN MANO
Estaban afanados
en su tarea de reparar uno de los hoyos históricos de la calle Waldo Seguel con
Chiloé y, como la excavación recogió el agua de la lluvia, el trabajo se hacía
más difícil. Cada uno con su pala en mano.
Miguel Soto
Yáñez, Sergio Barría Raín y Luis Pérez Reyes, escucharon con atención y respeto
los detalles los resultados de la
encuesta Casen, coincidieron estar de acuerdo.
“Les faltó decir
que somos trabajadores más esforzados, porque en el norte, el clima es mejor
que el de acá. No hay viento, llueve, pero no hay escarcha ni nieve. Y aquí
somos tranquilos, amables, claro que no podemos tomarnos dos horas para
almorzar, pero que queremos esta tierra, claro que sí. Pero sería bueno mejorar
los sueldos para que seamos más felices” y sonrieron para la foto, tomada en su
lugar de trabajo.
DUEÑA DE CASA
“Esta es una
ciudad grande, pero amigable”, dijo Paula Díaz Cabrera, dueña de casa.
Coincidió con el
resultado de la encuesta Casen y se mostró contenta de que no se sufra con los
“tacos” de vehículos en calles y avenidas. Aplaudió que hubiera tranquilidad y
mayor seguridad que en otras ciudades de Chile (“Para qué decir Santiago”) y
que las casas no tuvieran ventanas con barrotes y la seguridad es apenas
vulnerada y sólo a veces.
PEQUEÑA EMPRESARIA
“Los resultados
de la encuesta me parecen bien. Punta Arenas es una ciudad dónde es grato vivir
y si hay problemas personales, hay que hacerlos a un lado para no confundir las
cosas”, afirmó Paula Serrano, pequeña empresaria del rubro vestuario.
“Aquí está todo
cerca. Podemos almorzar en familia cada día. En Santiago me demoraba dos horas
en ir al trabajo y otras dos horas en volver. Prácticamente no veía a mis hijos
ni teníamos vida familiar, al revés de lo que hemos podido hacer en Punta
Arenas”, agregó y reconoció que la gente es amable, solidaria, respetuosa (“con
las debidas excepciones”) y si hay estrés, uno parte hacia el sur, por ejemplo,
mira el mar, camina por una playa y se relaja para superar mejor todo tipo de
situaciones”, dijo finalmente mientras daba los últimos toques a un hermoso
polerón surgido de la creatividad suya y de quienes trabajan con ella en calle
Chiloé.
“VENGO DE VUELTA DE SANTIAGO”.-
Felipe S. U, 20
años está feliz, pero está triste.
“Estoy feliz
porque volví a esta tierra que quiero tanto y donde nací. Triste, porque no
puedo seguir viviendo en Santiago. Y la encuesta tiene razón: allá no hay o es
muy poca la gente amable, al revés de aquí. Yo vivo con mi familia, al
desayuno, al almuerzo, a la once – cena. No Hay tacos ni bocinazos, ni sirenas,
ni pitos de las alarmas y puedo andar tranquilo a la hora que sea, porque
siempre hay algún conocido tuyo o de tus viejos, de tus tíos o del barrio. ¿Y
por qué estoy triste? Porque me creía grande y partí a estudiar y me fue más o
menos, no más y vengo a continuar estudios en INACAP, aunque no sea gratis,
pero el ambiente me tenía chato, asustado y dos veces arranqué corriendo por
las cercanías de la Plaza Italia porque había “bronca” aunque estábamos
celebrando el triunfo en un partido de la selección”
DESDE CONCEPCIÓN
“Punta Arenas es
distinta y se aprecia al poco tiempo. Es una ciudad tranquila, limpia,
ordenada. Todo está cerca y hay buena locomoción, aunque algunos choferes parecen estar enojados con
el jabón, el agua y la peineta, pero son pocos. La gente es cierto que es
amable. Te ayudan hasta a cambiar un neumático en la calle o en la ruta. En Concepción,
te asaltan o te roban hasta el gato. Allá también se están colocando rejas o
barrotes en las ventanas. Pero aquí no. Se come bien, se pasa bien, se vive en
familia y esta zona, donde llevo más de un año, es muy hermosa. La encuesta
dice casi toda la verdad, porque yo estoy amarrado con la hora del rancho, pero
los domingos o los festivos, sin guardia, claro, nos demoramos más de dos horas
en almorzar”, dijo sonriente el suboficial naval F.O. C., de 39 años, casado,
dos hijos.
VECINA DEL BARRIO ROJO
J.B.V., 62 años,
dijo que la encuesta Casen dice la verdad en parte no más: “Claro, somos
amables y confiados, pero algunos abusan, especialmente los ‘curaditos’ de la
calle. Yo cocino lo más saludable que el bolsillo de una pensionada lo permite
y, claro, a veces, conversando y conversando con la familia, demoramos más de
dos horas en almorzar y empezamos a cenar a las ocho y terminamos a las once y
media, los días viernes y sábado. Pero aquí todavía se vive en familia. Los
bocinazos son escasos. Las sirenas de los bomberos asustan y las de las
ambulancias también, pero es diferente a lo que pasa en Santiago, La Serena o
Valparaíso, donde tengo familiares que están estresados y cuando han venido nos
encuentran fomes. Pero no todo es paz, porque soy vecina del Barrio Rojo, aquí
a la vueltecita y hay fines de semana que no podemos dormir con las risas, los
gritos, los botellazos y otras cosas que es mejor no contar, no ve que pueden
hacerme algo si me llegan a ubicar. Pero yo amo mi tierra y no me iré nunca
porque tengo comprada mi tumba en el Parque Punta Arenas”