Malvinas, 41 años después: “Seguir culpando a Chile por la derrota es escapismo puro” dice analista magallánico

Hace
41 años, la Patagonia se teñía de sangre en el último conflicto armado
entre un país latinoamericano y una potencia europea. Un 2 de abril de
1982 la República Argentina tomaba las Islas Malvinas / Falklands, con
el objetivo de recuperarlas para su soberanía nacional.

La
entonces dictadura cívico militar comandada por el general Leopoldo
Fortunato Galtieri, decidió invadir las islas del Atlántico Sur, que el
Estado Argentino reclamaba como propias como herencia de la jurisdicción
colonial española, desde que el Imperio Británico las ocupó en la
década del treinta del siglo XIX.

Se trató de una guerra que a los
magallánicos los tocó de cerca, no solo porque el principal centro de
operaciones estaba al lado nuestro, sino por la enorme vinculación que
la región tenía y sigue teniendo con ambos bandos en conflicto: Por un
lado, la hermandad evidente con las provincias de Santa Cruz y Tierra
del Fuego, en las que vivían cientos de conscriptos argentinos de padres
o abuelos chilenos que combatieron contra los británicos. Y por el
otro, la importante influencia británica ejercida históricamente en
territorio nacional, dejando en él una cantidad significativa de
descendientes chileno-británicos, y por si fuera poco, también el factor
de la gran comunidad chilena en las Falklands, donde hasta el día de
hoy cientos de “kelpers” (término coloquial para referirse a los nacidos
en las islas) descienden de chilenos, e incluso de magallánicos que se
fueron a probar suerte a la colonia insular.

Para
el analista internacional Jorge Guzmán, “desde fines de 1978 estábamos
atentos a una acción argentina de esta naturaleza. Por ello, la invasión
argentina de las Islas Falklands/Malvinas preocupó a Magallanes y a el
país, especialmente porque el epicentro de las actividades militares
argentinas se localizaron en Río Gallegos, Río Grande y Ushuaia”.

Guzmán coincide
en la posición adoptada por la enorme mayoría de historiadores ajenos a
la narrativa argentina y británica, de que esta guerra se trató de un
intento desesperado de la Junta Militar de B
uenos
Aires por desviar la atención de su pueblo y sumirlo en un ambiente de
delirio y envalentonamiento patriótico que les distrajese de la lucha
por la recuperación de la democracia. Para Guzmán, la invasión a las
islas fue “una decisión adoptada por la dictadura militar argentina en
medio de un enorme descontento social por la situación económica y
financiera del país”. Cabe recordar que a esas alturas la Junta Militar
ya enfrentaba una oposición social y política organizada, frente a la
política de terrorismo de Estado y desaparición y exterminio de personas
que había impleme
ntado
desde sus inicios (con la colaboración de las dictaduras derechistas
del resto del continente, incluida la chilena, hasta 1978).

Cuarenta
y un años después, la Guerra de Malvinas sigue siendo un asunto
sensible no solamente en la Argentina, sino que también en las
relaciones chileno argentinas, incluso más que en las británico –
argentinas, donde desde el fin del conflicto armado Londres siempre ha
sostenido una postura invariable de no negociar la soberanía de las
islas, a pesar de que la ONU las define como un territorio a ser
descolonizado. Y es que la colaboración de la dictadura de Pinochet con
el Reino Unido por motivos estratégicos y geopolíticos, es vista hasta
el día de hoy como una traición por buena parte del pueblo hermano
argentino. “La cuestión de Malvinas se ha convertido en un relato
esencialmente victimista, en el que el agresor -Argentina- se presenta
como la parte agredida. Eso es falso. En Chile no compramos ese pescado.
Para escapar a sus responsabilidades y torpezas, el ultranacionalismo
argentino sigue culpando a Chile de algo que nosotros no provocamos.
Escapismo puro. Cuando los británicos hundieron el crucero Belgrano, y
la Armada de Chile rescató a decenas de náufragos, los argentinos no
dieron ni las gracias”, comentó.

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