El estar todo el día en el Hospital Clínico de Magallanes ejerciendo sus funciones de manera habitual, fue el inicio de la pesadilla de la trabajadora del aseo Maritza Andrade.
Lo que comenzó con un simple dolor de garganta, terminó alejando de sus funciones a la magallánica por 40 días. El Coronavirus se alojó en su cuerpo.
Maritza es una mujer sana de 40 años que no tiene las llamadas “enfermedades base” hipertensión, diabetes u otro tipo de enfermedades crónicas, pero que de igual manera se enfermó y como ella lo describe “fue bastante doloroso para mí y mi familia”.
“Me contagié a fines de marzo. Yo trabajaba en el quinto piso del Hospital Clínico de Magallanes donde salieron otros funcionarios enfermos. Esa área del hospital tuve que ser cerrada para que se pudiera desinfectar”, explica Maritza.
Sus síntomas fueron leves como ella lo denomina “igual que una simple gripe”: fiebre leve, dolor de garganta y después constantes dolores de cabeza. Ahí sus alarmas se encendieron y se trasladó al Hospital Clínico para realizarse el examen. Dos días después, su resultado fue positivo.
A pesar de estar la mayoría del tiempo en sala, Maritza cuenta que estuvo internadas 3 días en UCI y que un “angelito” le salvó la vida.
“A mi me iban a intubar, pero gracias a un angelito que hay en la UCI (Alicia Ruiz) habló con el médico y trató de ayudarme y darme un tiempo para ver si podía respirar por si sola. Me dieron un par de horas, después el día entero y al día siguiente tuve tan buena mejoría que hizo que no me intubaran, pero sí que estuviera monitoreada”, relata Andrade.
El virus y la familia
La trabajadora del aseo cuenta que el virus también estuvo presente en su casa. Como es habitual en esta enfermedad, su pareja también se contagió y su misma pareja también enfermó a su padre, un adulto mayor que estuvo 30 días en cama con una evidente perdida de peso.
“Mi pareja tuvo síntomas diferentes a los míos. Él también pasó 30 días muy mal, con mucha fiebre y dolores musculares -realmente te duelen hasta las pestañas- es como si te pasara una aplanadora. Su papá también se contagió y estuvo muy mal, es decir, el virus fue bastante duro y devastadora para nuestra familia, pero gracias a Dios podemos contarlo y dar nuestro testimonio”, cuenta Maritza.
La vuelta al trabajo
Los 30 días que estuvo fuera del trabajo por el virus, no impidió que la trabajadora del aseo retomara sus funciones al presentar una mejoría clínica y estar de alta. Comenta que el recibimiento de sus compañeros fue bastante especial.
“La vuelta al trabajo fue muy bonito, me recibieron mis compañeros y todos se alegraron de verme y de que no me haya pasado nada más allá. Todos estuvieron muy pendientes de mi proceso. Como experiencia de vida uno la valora más porque no sabes cómo ni cuándo te puede pillar la muerte, así que valoro mucho estar con salud y tener una segunda oportunidad de vivir”.