Una nueva historia sale a la luz pública. Una magallánica que desde diciembre de 2014 se encuentra en la ciudad de Valdivia, luego que en Punta Arenas le detectaran una aplasia.
Guísella Andrade Anabalón desde hace mas de dos años que no puede regresar a Punta Arenas.
A los 13 años sufrió su primera decaída, tras una hemorragia. Sin embargo, su mamá Liliana Anabalón, manifestó que “mi hija tras sufrir su primera hemorragia, el médico que la atendió en la urgencia dijo que a ella le estaba viniendo su primera regla, por lo cual comenzaron a darles pastillas anticonceptivas, sin embargo, a las semanas siguió con las hemorragias las cuales no eran normales, sin embargo los médicos insistían en que era el proceso de sus hormonas que estaban revolucionándose”.
La angustiada madre relata que los días que han vivido desde que a su hija le encontraron su enfermedad ha sido de mucha angustia.
Anabalón indicó además que “ya que no le pasaban las hemorragias y a mi hija no le daban ninguna solución la llevé a otro médico quien le indicó que lo que tenía su hija no era normal y por lo cual le solicitó hacerse un examen, a lo cual yo accedí inmediatamente. Lamentablemente fue el examen que cambio mi vida y la de mi familia, ya que dicho examen arrojó la lamentable noticia. El examen se lo hizo por el día 10 de diciembre en la mañana y esa misma tarde me llama el médico que debía acudir inmediatamente al hospital y al llegar me atiende el doctor Fernando Bracho indicándome que lo que tenía mi hija era grave, y que debían trasladarme inmediatamente a la ciudad de Valdivia para que le realizarán otros exámenes, y tener certeza de su enfermedad”.
La angustiada madre comenta que el 14 de diciembre debió viajar a la capital de la Región de Los Ríos, en donde tenía la esperanza de poder regresar a la zona lo antes posible. No obstante, añadió que “al llegar al hospital base de Valdivia se nos informó que la enfermedad de mi hija es de carácter grave, ya que tiene una aplasia medular severa, por lo cual iba a tener que ser hospitalizada , y recibir transfusiones de sangre, ya que eso sería lo que la mantendría viva , y desde ese entonces comenzaron mis problemas ya que yo no conocía a nadie en esta ciudad y gracias adiós hubo gente que comenzó ayudar”.
Anabalón dijo sentirse sola y sin apoyo de nadie e incluso que su hija ha querido abandonar todo y dejar todo en mano de Dios.
La mamá de Guísella señaló que “en el hospital de Valdivia me han mencionado que una vez que ya estoy aquí en Valdivia pertenezco a este centro de salud y no al de Magallanes. Hoy la única posibilidad que mi hija siga viviendo es atreves de un trasplante sin embargo hacerlo se me significa tener sobre los 80 millones de pesos y hoy ese dinero no lo tengo, ni siquiera me alcanza para comer”.
Al ser consultada Anabalón de cómo solventan los gastos durante estos dos años, manifestó que “primero, porque vendí todo lo de mi casa y eso ayudó a que yo tenga dinero, cuando recién llegamos a Valdivia, llegamos al albergue, lamentablemente no es como dicen, y uno al llegar ahí lo único que desea es arrancar, por lo cual debí arrendar una cabaña la cual me cuesta 150 mil pesos. Con las cosas que tenía en mi casa y el dinero que me enviaba mi marido lograba solventar los gastos, pero cuando mi hija se agravó aún más, mi marido debió viajar a Valdivia y desde la fecha se encuentra con nosotros. Hoy el está cesante a veces le sale algún trabajo pero la vida ha sido difícil, no ha sido para nada fácil, mi familia que está en Punta Arenas no nos han apoyado, y hoy aquí solo nos está apoyando un cura, quien el mes pasado nos pago el arriendo y ya desde hace varios meses nos ha estado dando canastas familiares y eso va ayudando a que podamos mantenernos, mi hija ya está cansada, el año pasado no pudo asistir a clases y este año tampoco podrá, ahora se encuentra hospitalizada y la verdad es que hemos pensado en abandonar todo el tratamiento por qué no podemos seguir en esta situación el gobierno no nos da nada y desde que nos fuimos de Punta Arenas jamás se han comunicado con nosotros, mi hija en cinco meses mas verán como ha resultado el tratamiento que está recibiendo y si el tratamiento no ha resultado, tendrá que recibir un trasplante de médula urgente, lo cual nosotros como familia no estamos con ninguna posibilidad de poder realizarlo”
La angustiada familia espera que el Gobierno puedan ayudarlos y que su hija pueda salir adelante, ya llevan dos años dando la lucha y lo único que esperan es que pase la enfermedad de su hija de 15 años.