Marco
Antonio Ávila Lavanal, es uno de los pocos profesores que, desde el
regreso de la democracia, ha estado a cargo del Ministerio de Educación.
Nombrado
en enero de 2022 y asumiendo su cargo el 11 de marzo junto al primer
gabinete del Presidente Gabriel Boric, ha debido asumir no solo la
enorme carga simbólica de ser el jefe de Educación de un gobierno cuyos
principales participantes saltaron a la palestra pública como líderes
estudiantiles, hace más de una década, sino que también con la enorme
tarea de volver a echar a andar el sistema escolar luego de dos años de
pandemia.
Estudios y militancia
Profesor
de Castellano de la Universidad Católica Silva Henríquez, militante de
Revolución Democrática e hijo de la educación pública (cursó sus
estudios en el Liceo Andrés Bello de San Miguel).
Superando la crisis
En conversación con Pingüino
Multimedia, el hoy titular de una de las carteras más expuestas al
escrutinio público –y a los dardos políticos- nos cuenta cómo ha sido
este primer año al mando de lo que el propio gobierno ha definido como
una prioridad estratégica, más aun en medio de una auténtica crisis del
sistema marcada por la violencia en establecimientos emblemáticos,
deserción escolar y aparición de problemáticas de salud mental producto
de la pandemia, y por la endémica desigualdad crónica entre colegios
privados, subvencionados y públicos en las pruebas estandarizadas de
medición.
Ávila
comienza su retrospectiva señalando que “2022 fue particularmente
complejo. Era el primer año en que volvíamos de una manera más formal,
después de la pandemia, con la totalidad del sistema educativo ya en
pleno funcionamiento. Nos encontramos con muchas dificultades, partiendo
por una infraestructura deteriorada luego de dos años de descuido en su
mantención”.
Pero
más allá del lógico deterioro de la infraestructura de los
establecimientos tras dos años de subutilización por las cuarentenas,
Ávila reconoce que el mayor daño que produjo la pandemia fue el que
ocasionó al mantener a los niños y jóvenes aislados en sus casas.
“Muchos estudiantes estuvieron distanciados de sus escuelas, y eso
afectó tanto los procesos de socialización y de aprendizaje. Frente a
eso rápidamente diseñamos el ´Seamos Comunidad´, que es un plan de
reactivación educativa integral”.
Meta clara
Para
el ministro su misión tras este largo período con los procesos
educativos a media máquina es clara. “Que al finalizar este 2023 no
exista ningún niño en Chile que no haya terminado exitosamente su
proceso de lectoescritura, es decir, que estando en la edad, no haya
aprendido a leer y escribir”. Para ello, y con recursos de la subvención
escolar preferencial y adicionales, se realizará en todos los
establecimientos una evaluación general de las habilidades de
lectoescritura de los alumnos durante los primeros quince días de marzo,
para tener un diagnóstico fiable y comenzar a trabajar para subsanar el
rezago. A ello, se sumarán iniciativas como la de los gestores
territoriales: 1.300 profesionales del Área de las Ciencias Sociales que
servirá de nexo entre el sistema educacional y las comunidades para
identificar a niños y jóvenes que han desertado de éste; y los tutores.
“Una
manera de apoyar a los profesores en su labor con personal externo
proveniente en su mayoría de carreras de pedagogía, pero también de
carreras de áreas afines. El año pasado ya hicimos un plan piloto con
más de cinco mil estudiantes de 26 facultades de Educación de todo el
país, incluyendo la UMAG, y este año lo ampliaremos a veinte mil” cuenta
Ávila.
Desafíos
Además
de la difícil contingencia que le tocó administrar, el nuevo ministro
debió hacerse cargo igualmente de los procesos típicos de un cambio de
administración, como nombramientos de los jefes de servicios y
reparticiones asociados a su cartera, tales como la Superintendencia de
Educación, la Agencia para la Calidad, la Junji, Junaeb o Direcciones
Provinciales.
“Fue
un año de instalación, de regular, de ordenar la casa” describe Ávila,
quien cabe recordar, también deberá continuar con la implementación de
la reforma educativa del segundo gobierno de Michelle Bachelet, la
llamada “desmunicipalización”, que crea los Servicios Locales de
Educación Pública (SLEP), organismos descentralizados que recibirán los
establecimientos hoy gestionados por los distintos DAEM alrededor del
país. En el caso de nuestra región, todos los colegios municipales
quedarán a cargo de un único SLEP a partir de enero de 2024.
En
lo que atañe en particular a la situación de los establecimientos
educativos de nuestra zona, el ministro señaló que por el momento no hay
planes de reposición (construir nuevos edificios), pero sí para
arreglar los existentes. “Si bien aún no se han abierto concursos para
reposición de colegios, sí vamos a tener procesos para reparación. Eso
quiere decir que muchos establecimientos podrán postular a estos fondos,
que es la manera en la que hasta el día de hoy se pueden reparar las
escuelas porque no existe un sistema centralizado. También estamos
analizando la posibilidad de abrir los fondos de emergencia para
recuperar salas, iluminación, condiciones de habitabilidad, baños,
casinos, comedores, etc”, explicó.
Respecto
de actividades educativo culturales realizadas a nivel regional por
establecimientos públicos y subvencionados, el ministro hizo un positivo
balance de las ferias literarias que se efectuaron durante 2022 en las
distintas provincias magallánicas.
“Tenemos
una muy buena evaluación de las ferias literarias, porque no solo
permitieron mostrar lo que los estudiantes estaban haciendo, sino porque
les permitió demostrar y poner a prueba sus competencias en el área de
la comunicación y la argumentación, que son fundamentales en el
aprendizaje”, expresó
Antes
de finalizar la entrevista con Pingüino Multimedia, el ministro Marco
Antonio Ávila. valoró el trabajo que está realizando el seremi de
educación de la Región de Magallanes, Valentín Aguilera Gómez.