Obispo Bastres, sobre legalización del aborto: “Nos asusta que pudiera instaurarse una sociedad como la del nazismo de Hitler”

“El ser humano debe cuidar la vida y protegerla para lograr su plenitud, desde la concepción hasta la muerte natural”, afirmó el obispo de Punta Arenas, monseñor Bernardo Bastres, al ser consultado acerca del proyecto de despenalización del aborto.
“Si vamos a hablar del proyecto que despenaliza el aborto hay que señalar que tiene algunos elementos cuestionables y que nos hacen ver que se busca una ley de aborto, en que se entregue libertad para llevarlo a cabo”, indicó el prelado magallánico.
Y señala que, por ejemplo, en el caso de una niña de menos de 14 años, violada y sometida a aborto, se le puede hacer esa práctica hasta las 12 semanas, es decir, hasta el cuarto mes de gestación de la nueva criatura, en el más completo anonimato, para protegerla, dicen, y sin avisarle a sus padres, suponiendo que el delito ha sido cometido por un familiar.
“Pero, la ley establece que se ha cometido un abuso sexual contra una menor, el que se castiga con cárcel y, en este sentido, se deja sin sanción un crimen”, dijo el obispo y agregó que con el aborto se termina el delito, lo cual es repudiable en todo sentido.
Ante la disyuntiva entre salvar a la madre o a la nueva persona que ella lleva en su vientre, el prelado indica que, éticamente, se tratará de salvar a la madre, porque así se salva al ser en gestación ya que si la madre se salva, ese pequeño, también. Y si la madre fallece, también fallecerá su hijo o hija.
El prelado recordó que hay médicos que se saltan ese principio ético porque en su formación profesional, en muchas universidades no se hacen, como debiera ocurrir, clases efectivas de Ética y eso altera negativamente la formación de esos profesionales de la salud humana.
Respecto de la inviabilidad del feto, el obispo fue tajante y reiteró que la vida de un nuevo ser “es un regalo de Dios y como tal debe recibirse como viene sano, limitado, enfermo, pleno”.
La maternidad o la paternidad no es un asunto del tiempo que ha de vivir ese niño o niña, agregó, y se preguntó si acaso no se sabe de tantos pequeños que a los seis meses, o antes, incluso, fueron afectados por un cáncer, otra enfermedad terminal, o, apenas un poco más grandes no fallecieron en un accidente o por otra causa, atropellados por un auto, por ejemplo.
“La maternidad y/o la paternidad se decide por cariño y es esto lo que decide la viabilidad del nuevo ser. Es un homicida aquél que determina que el pequeño o la pequeña no es viable porque siguiendo ese criterio habría que eliminar a todos aquellos fetos que presentaran síndrome de Down, si el análisis pertinente determina que es portador del gen 22, cuya presencia provocaría ese síndrome”, manifestó monseñor Bastres, indicando que eso se estaría practicando  en varios países de Europa occidental, como Francia y España.
“Lo que cada madre embarazada lleva dentro de sí es otra persona, con sus propios órganos y sentidos. Es un ser distinto a su propia madre y a su propio padre y hasta tiene flujo sanguíneo distinto”, reflexionó el obispo.
“Algunos quieren constituirse en dioses para determinar quién vive o quién muere. Quieren sacarle a Dios lo que es de Dios  y eso nos asusta, porque se podría revivir el nazismo de Adolfo Hitler, que buscaba crear la “raza Aria”, pura, perfecta, hermosa, inteligente, perfecta, eliminando a todos aquellos que no cumplían con esas exigencias genéticas”, insistió el prelado.
También recordó y reiteró que “el ser humano debe cuidar la vida, protegerla, desde la concepción hasta la muerte natural (lo que implica rechazar la eutanasia). Que el no matarás es uno de los diez mandamientos entregados a Moisés hace ya miles de año; que el Antiguo Testamento tiene escritas diversas sanciones para las mujeres que interrumpieran sus embarazos.
Finalmente, el obispo Bastres formuló una invitación a toda la comunidad, a la luz de estos hechos y de sus palabras y de los mensajes de diversas instituciones y personas que, como el doctor Ignacio Sánchez, rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, son partidarias de la vida y rechazan el aborto como futura ley, cuya antesala parece ser la despenalización del aborto.

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