Piden ayuda para rescatar a hijo y hermano del consumo de alcohol y de situación de calle

“Danilo estuvo hace unos días
por nuestra casa. Como que hubiera venido a recuperarse. Estuvo conversando con
un sobrino. De repente dijo que iba a ir a comprar cigarrillos. El sobrino
ingresó un ratito a la casa y cuando volvió, ya no estaba y hasta ahora no
sabemos dónde se encontrará”, dijo Rosita, angustiada y temerosa.

Por su parte, Ida, la hermana de Danilo, dice que ella viene de vuelta
de haber estado en situación de calle; de haber bebido y “macheteado” para
sobrevivir y sufre por su hermano porque sabe en la situación que se encuentra,
“en alguna caleta o en las calles”.

“Pero yo estoy recuperándome. Tengo un embarazo de tres meses y cumplo
con los controles, acompañada de mi pareja, el padre de esta criatura, quien
trabaja como tarjetero. Está cerca de mí y yo me hice el propósito muy firme de
cuidarme para que nuestro hijo o hija llegue bien sanito o sanita”, afirmó la
joven.

“Hace unos años yo perdí a dos hijos, que por esta fecha deben tener
como 11 y ocho años. La pasé muy mal. De mí dijeron de todo y fue así como
perdí a mis hijos y mi madre a dos hermosos nietos. No sabemos dónde están.
Tampoco quién los adoptó y cómo se hizo, porque los descendientes de las etnias
originarias, por ley, no pueden ser entregados en adopción a una familia
huinka, a lo más, pueden serlo por otra familia kawéskar o mapuche, pero etnias
originarias, recordó la joven.

“Nosotros golpeamos las puertas de muchas instituciones que dicen
ayudar a los pueblos originarios para obtener ayuda para mi hijo (“gracias a
Dios mi hija logró superar el problema que tenía con el alcohol”, oró Rosita),
pero ninguna se abrió. Mucha boca, pero poca ayuda porque sacarlo del estado en
que lo hemos visto, es difícil y tenemos que rehabilitarlo no sólo porque sea
nuestro hijo o hermano: es el padre de un hijo que lo necesita, sino ahora,
mañana”.

Los dardos de esta familia apuntan directamente a la Conadi y esperan
que la entidad gubernamental tome cartas en el complicado asunto.

Mientras tanto, Rosita, su marido, Carlos López Coñuecar e Ida Piutín
Ovando, buscan la mejor manera de ir al rescate de Danilo desde las calles de
Punta Arenas, por las que transita en la penumbra del alcohol y a la que un
afamado escritor de Concepción, Daniel Belmar, profesionalmente un químico
farmacéutico, describiera como “los túneles morados”, aludiendo, entre otras
cosas, al color de los mostos chilenos.

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