Piden carabineros, semáforos y resaltos para protegerse de carreras de autos en nuevo puente

Un puente de más de 200 metros de largo y
calzadas de ocho metros de ancho podría llegar a ser un escenario ideal
para que “automovilistas rápidos, furiosos y, más encima, en estado de
ebriedad” pudieran realizar competencias a altas velocidades, con
resultados fáciles de prever.

La importante obra, que implica innegables
beneficios para los vecinos del sector sur poniente de Punta Arenas,
enlaza el populoso Barrio 18 de Septiembre con las poblaciones Nelda
Panicucci, Domingo Espiñeira y otras.

La
necesidad de que frente a las dependencias de la Escuela Padre Alberto
Hurtado, ubicada en el sector sur poniente de Punta Arenas, se instale
un completo sistema de protección de los alumnos, especialmente de los
más pequeños; de los padres, apoderados, docentes, funcionarios y
vecinos del sector, es una inquietud que recogió nuestro diario en una
visita al sector.

Singularmente,
esa inquietud la provoca la inminente apertura al tráfico vehicular del
nuevo puente construido al final de la calle Eusebio Lillo y que cruza
sobre el Río de la Mano, cuyo cauce baja desde los cerros circundantes,
en dirección al mar.

La
vecina Ana Naguil, residente en la Población Pablo Neruda, expresó la
preocupación que ha empezado a agobiarla y señaló que “frente a la
Escuela Padre Hurtado, vamos a necesitar personal de Carabineros, tanto
en las mañanas como al mediodía y en la tarde, para proteger a nuestros
hijos de los automovilistas que ya han llegado al sector a alta
velocidad y en estado de ebriedad”, dijo mientras por la calle circulaba
un automóvil rojo, tripulado por un par de jóvenes que mostraron
envases de lo que parecía ser algún tipo de alcohol.

“Imagínese
lo que va a ocurrir por las noches, cuando abran la calle Eusebio
Lillo, dentro de poco. Necesitamos que se instalen semáforos, ‘lomos de
toro’ y que Carabineros venga a controlar”, por la seguridad de todos
quienes estamos cercanos a la escuela”, reiteró María Naguil.

Por
su parte, Wilson Hurtado, trabajador colombiano, que utiliza bicicleta
para desplazarse a sus labores, indicó que los trabajos de pavimentación
“quedaron hermosos y se aprecia el progreso del sector, pero existe el
riesgo de que esto se transforme en pista de carreras, con riesgo de
accidentes de lamentables consecuencias. Sería bueno que hubiera medidas
de protección para los peatones, los estudiantes, los ciclistas como
yo”.

“Yo soy
alumna de la Escuela Padre Hurtado y me preocupa que los niñitos más
pequeños, que salen del colegio corriendo como ‘corderitos’, p
udieran
ser atropellados por los automovilistas que, al ver la calle abierta y
despejada, bien bonita, claro, corran a gran velocidad”, manifestó, con
inquietud, Constanza Villarroel, alumna de séptimo año de la Escuela
Padre Hurtado.

Y
agregó que se necesita que instalen más rejas frente a las puertas del
colegio; que construyan resaltos o “lomos de toro”, que pongan semáforos
y que Carabineros ayude en esta tarea de proteger a todos los niños y
niñas de la escuela.

Trabajos y algo más

Los
trabajos de pavimentación están, literalmente, terminados. Se
invirtieron 800 millones de pesos, aportados por el Fondo Nacional de
Desarrollo Regional (FNDR) y la obra es importante, al punto que
permitió desplazar definitivamente la pasarela que cruzaba el río, una
estructura metálica en mal estado y que, por largos años, fue el punto
de reunión de borrachos y antisociales que aprovecharon la mala
iluminación y lo solitario del lugar, para beber o asaltar a quienes se
atrevían a utilizar la pasarela, buscando acortar camino en dirección a
sus hogares, a uno o a otro lado del Río de la Mano.

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