A
pocos días de las Jornadas por la Rehabilitación, el Presidente del
Club de Leones “Cruz del Sur”, Héctor Cabrera González, señaló que “las
cosas no están fáciles, porque todos sabemos los problemas económicos
que nos afectan”.
Sin
embargo, mantiene viva la confianza en que se llegará a buen fin porque
“las Jornadas son de Magallanes, los Centros de Rehabilitación son de
acá y los aportes son para nuestra gente”.
Y en ese Magallanes incluye a Christopher,
el niño símbolo de estas trigésimas Jornadas, cuyo esfuerzo, cuyo
trabajo, cuya decisión, con el apoyo de su familia, de su colegio, de
los profesionales del Centro de Rehabilitación y, en definitiva de la
comunidad magallánica, le ha permitido superar un problema físico que,
hace años ya, según un sombrío diagnóstico recibido al nacer, lo había
condenado a no poder caminar.
¿Contento?
“Pero
nuestro niño símbolo de este año no sólo aprendió a caminar sino que
hoy hasta juega fútbol, hace lo que todo niño de su edad hace, es buen
alumno en el Colegio Pierre Faure, es buen arquero y sólo se apoya en un
bastón”, explica Cabrera, emocionado y orgulloso, a la vez.
-¿Y
qué espera usted, los socios de los Clubes de Leones y de todos quienes
participan, trabajan y sufren en esta tarea solidaria magallánica?
“Esperamos que la comunidad entienda bien que lo hacemos por la comunidad, por los niños, por los pacientes y que nos ayuden”.
– ¿Cómo se ve la cosa este año?
“Se
ve difícil; está complejo el tema de la situación económica, pero
necesitamos ayuda. Que las manos se introduzcan en los bolsillos y salgan con la mayor cantidad de dinero posible, porque lo necesitamos y mucho”.
Cabrera recuerda
que el año pasado se presupuestaron 790 millones de pesos y que las
Jornadas aportaron 650 millones y suspira cuando explica que los 140
millones de diferencia “tuvimos que reunirlos con las manos puestas en
un colchoncito de ahorros que teníamos”.
-¿Cómo están con los aportes del empresariado, del comercio?
“Estamos
a la espera de las respectivas decisiones, pero esas resoluciones se
dan a conocer muy poco antes del recuento final. Tenemos confianza y
esperamos que los aportes sean generosos, lo más posible”.
-¿Y el recurso humano?
“Nosotros,
en el Club de Leones Cruz del Sur, sumamos treinta y ocho voluntarios,
porque este compromiso, este trabajo, es completamente voluntario. Pero
no estamos solos porque nos ayudan algunos socios de los otros clubes
como el Punta Arenas; Mujeres Austral y Golette, más los Clubes Leo,
pero en total no somos más de setenta personas, pero trabajamos con
alegría, porque aunque somos pocos, hacemos mucho”.
-¿Qué se siente al cabo de tres décadas de trabajo en esta causa tan solidaria, tan noble, tan magallánica?
“Nos
alegra y mucho, saber que estamos atendiendo a unas dos mil personas de
Magallanes y de la Patagonia argentina. Que a lo largo de treinta años
son miles las personas que se han visto favorecidas con la atención de
nuestros profesionales en los diferentes centros y la emoción
de ver a Cristopher, nuestro niño símbolo, jugando de arquero, en su
colegio, ver la alegría de sus padres y compartir con mucha gente la
alegría de servir”.
-¿Y servir por qué?
“Es
devolver a Magallanes un granito de arena por todo lo que hemos
recibido de ella desde que, hace 34 años, llegamos, como familia, desde
Concepción. Aquí hemos hecho nuestra vida como matrimonio, hemos hecho
familia, aquí crecieron y estudiaron nuestros hijos y están creciendo
algunos de nuestros nietos. Aquí tenemos amigos y, aunque ha habido
momentos duros, hemos salido adelante y queremos, repito, cumpliendo
esta tarea solidaria, devolver a Magallanes, aunque sea un granito de
arena, todo lo que hemos recibido de ella y de su gente”.
Una familia larga
Hernán,
Ruth Ortiz; su hijos Cristián, Felipe y Melissa, más sus cinco nietos
(hasta ahora) se definen “apegados como familia”; todos ingenieros, en
diversas especialidades, excepto Cristián, que optó por ser médico y
ejerce en Punta Arenas, se dan el tiempo para reunirse en Viña del Mar
cuando pueden, cada verano, y es fácil imaginar una familia larga con
hijos, nueras, yerno y Arturo, Matilda, Isabel, Gustavo y Joaquín, los
nietos.
Ese cariño familiar es uno
de los soportes del Presidente del Club de Leones Cruz del Sur y de su
esposa para asumir una tarea que no es fácil, que es compleja y que
cumplen con los demás voluntarios, tan motivados como ellos, de esta
cruzada solidaria tan especial, tan magallánica, única en nuestro país.
