Centenares
de vecinos, cansados de pedir soluciones al problema del pésimo estado
de las calles y pasajes de los loteos del sector norponiente de Punta
Arenas, encendieron neumáticos y quemaron troncos, impidiendo el paso de
vehículos por las calles Capitán Guillermos, principalmente, Santos
Mardones y Enrique Abello, a partir de las seis de la madrugada de ayer.
Los
vecinos exigieron la presencia de autoridades locales y, en ausencia
del alcalde Emilio Boccazzi, quien hace uso de una licencia médica por
problemas de salud, se presentó el subrogante, el administrador
municipal Claudio Flores.
Después
de escuchar y tranquilizar a los manifestantes, Flores logró que poco
después de las 9 de la mañana, llegaran hasta el sector un par de
motoniveladoras y camiones que transportaban estabilizado grueso para
rellenar los numerosos y profundos baches que jalonan los caminos que
llevan a los parceleros a sus viviendas e invernaderos.
Sin
embargo, aunque se reconoció la premura con que se actuó ante la
manifestación de protesta, los vecinos insistieron en que pudo haberse
efectuado hace ya un par de días, inmediatamente después de que
mejoraran las condiciones climáticas.
Y
reiteraron que el problema volverá a presentarse en cuanto vuelva a
llover “porque no se saca el material malo y el estabilizado no se
compacta con un rodillo, como debe hacerse”.
Testimonios
Poco
antes del mediodía de ayer, Pedro Pino, Carlos García Cheuque, Clara
Jorquera y Cristina Villegas, llegaron hasta el pavimento de Capitán
Guillermos, a un costado de la Villa Lorca, después de caminar tres
kilómetros, venciendo al barro que persistía en sus botas y zapatos.
“Los
caminos están reventado por todos lados. Los camiones que iban a dejar
materiales para una casita que estamos construyendo no llegaban hasta
nuestra parcela y el material iba a quedar tirado por ahí. Y cuando
vuelva a llover, el problema se repetirá. Falta un rodillo que apriete
el material que se está trayendo”, afirmó Pedro Pino.
Por
su parte, Carlos García Cheuque reafirmó lo indicado por su vecino,
agregando que el barro es un grave problema y que “los caminos están
reventados hasta la última calle” y “el problema, más arriba se pone más
complicado, lo peor que hay” y al decir “más arriba”, se refiere a las
parcelas que están más allá de una peligrosa y más que difícil cuesta,
distante unos 4 kilómetros del pavimento de Capitán Guillermos.,
pidiendo a los responsables de los trabajos que “traten de mejorar la
cuestión, no más, que pongan la costilla dura y la plata, nada más”.
Clara
Jorquera está inquieta no sólo por los caminos y pasajes cubiertos de
barro y estabilizado suelto – “horrible”, dijo – sino que, además “por
los viejitos, por los ancianitos que no pueden salir. Tienen que caminar
cuadras y cuadras y la micro no sube, no baja los pasajes y los caminos
están horribles, horribles, horribles” e indica que con sus compañeros de viaje han debido recorrer tres kilómetros sobre el barro a esa hora menos acuoso.
Cristina
Villegas vive en el sector de parcelas llamado Llau Llau y reitera que
los caminos están reventados y agregó que hace dos o tres días, “fueron a
poner material, pero no sacan el barro sino que le mandan toda la
camionada de piedra encima y entonces queda todo como una masa líquida. Y
no puede subir la ambulancia y los bomberos tampoco llegarían si llega a
haber un incendio. No subimos nosotros. Yo tengo un vehículo cuatro por
cuatro y me he quedado pegada (como el camión de la basura, el año
pasado). Arriba nosotros tenemos un montón de gente discapacitada. No
puede ir la ambulancia a buscarlos, hay gente que debe tratarse todos
los días. No sube nadie. Tienen que hacer un arreglo definitivo y bien
hecho, no a medias, no a medias”.
Los
vecinos esperan (con esperanza a la baja) que les llegue el agua
potable, trabajos postergados porque se estableció que la matriz no
estaba en Capitán Guillermos sino en Enrique Abello (“y allí funciona
una empresa con camiones de tremendo tonelaje que por dónde pasan, dejan
la escoba, no más”) y que en tres meses, Gasco instalará la red de gas
natural en el sector.
Pero
mientras tanto, y miran al cielo con el temor de que vuelva a llover;
observan la maquinaria pesada trabajando en el camino, pero la solución
definitiva no llega, pese a las promesas que se les han formulado por
largos años.
Pero,
la esperanza es lo último que se pierde, hasta que la ira y la
impotencia los lleve, de nuevo a encender barricadas y a poner en jaque a
las autoridades si la anhelada y tantas veces solicitud de arreglo
definitivo de los caminos no llega a concretarse en buena forma.