Sin embargo, y pese a los intentos de muchas personas por interpretar
y encontrarle algún valor tradicional a una serie de pinturas que cubren
construcciones erigidas en la avenida,
persiste un creciente malestar por la tarea grafitera que muchos califican de
vandálica.
Algunos autodenominados “expertos” se atreven a calificar esas
pinturas como ejemplos del “arte joven”, mientras que otros que son personas
comunes y corrientes indican que constituyen “mamarrachos”, producto de la
ingesta de alcohol y drogas.
Pero están allí, poniendo notas de colores llamativos al paisaje,
incluso bajo la nieve, pero, se insiste, de “artístico tienen bien poco”.
Y peor aún: en un costado de lo que en primavera y verano es un café y
heladería que entrega, además, información a los turistas chilenos y
extranjeros que llegan a las inmediaciones al monumento que rinde homenaje a la
hazaña de los tripulantes de la Goleta Ancud, existe un urinario y de los
peores.
Este lugar conserva su “bouquet asqueroso” incluso con viento, lluvia
o nieve, porque su constante uso lo mantiene y lo difunde.
¿Progresismo? ¿Cultura? ¿Arte joven? ¿Arte nuevo? ¿Simple vandalismo?
¿Expresiones de rebeldía? ¿Arte revolucionario?
No se sabe con certeza y dirimirlo queda en los ojos y el olfato de
quienes se atreven a transitar por la Avenida Costanera del Estrecho de
Magallanes y sin bajar desde el puente que cruza la desembocadura del Río de
Las Minas porque en ese punto del paseo más extenso de Punta Arenas se daría lo
que un culto lector nos definiera como “Facilis descensus (al) Averno”: ¿puede
traducirlo? No es complicado.