A fines del presente mes, se van a cumplir 30 años de la firma en Ciudad del Vaticano, del “Tratado de Paz y Amistad” por el conflicto del Canal Beagle y la soberanía de las islas Nueva, Picton y Lennox que dejó a Chile y Argentina al borde de una guerra en diciembre de 1978 y que miles de familias magallánicas, hoy recuerdan los días de tensión que se vivieron en nuestro territorio patagónico y fueguino.
El 29 de noviembre de 1984, estamparon las rúbricas los ministros de Relaciones Exteriores de Chile, Jaime del Valle y de Argentina, Dante Caputo, además la del Secretario de Estado del Vaticano, cardenal, Agostino Casaroli, luego de la mediación de la Santa Sede y arbitraje del Papa Juan Pablo II.
Antes de aquello, el Papa, había designado representante especial para negociar el término pacífico del conflicto de límites, de aguas y territorios el 24 de diciembre de 1978, al cardenal Antonio Samoré, quien en esa noche víspera de navidad expresó: “Veo una lucecita de esperanza al final del túnel”. Dos días antes, el Vaticano informó a los dos países, acceder a la mediación.
Historia
Argentina no había aceptado el arbitraje de Gran Bretaña de mayo de 1977, que confirmaba que las islas y muchos espacios marítimos pertenecían a Chile. El Presidente de facto argentino, Jorge Rafael Videla lo rechazó en enero de 1978.
Para diciembre de ese año, las tensiones de guerra estaban desatadas. La noche del 22 de diciembre de 1978 se vivió bajo efectos del conflicto bélico inminente. De acuerdo a la “Operación Soberanía”, Argentina, a las 20 horas ocuparía islotes en el Canal Beagle y a las 24 horas, las islas Picton, Nueva y Lennox.
Horas antes el Papa Juan Pablo II informó a los presidentes Videla y Augusto Pinochet de Chile que aceptaba mediar en el conflicto.
Los magallánicos, esperaban tensos los acontecimientos. El intendente de la época, general Nilo Floody Buxton en el Teatro Municipal días antes, había informado a la ciudadanía sobre los sucesos bélicos que podrían producirse. En varios sectores poblacionales de Punta Arenas, los vecinos cavaron trincheras en el patio de sus casas.
Recuerdos
En mayo del año pasado, en crónica del Diario El Pingüino, el ahora retirado general Carol Lopicich Davidson, a la sazón, comandante en Jefe de la V División de Ejército con asiento en Punta Arenas, recordó que “gracias a Dios a ningún soldado nuestro se la escapó un tiro en la frontera”.
“En esa época, la dotación normal del Ejército, bordeaba las tres mil personas. Pero producto del conflicto tuvimos que traer gente desde Serena al sur, pasando por Santiago, Chillán, Concepción, hasta llegar a tener 17 mil hombres para enfrentar a los argentinos”, recordó el oficial.
“Ellos nunca supieron cuál era nuestra dotación, porque siempre simulamos tener muchos más. Si apenas contábamos con ocho tanques y ellos figuraban con 80 en la frontera…Ellos tenían que avanzar hacia nosotros y nuestro plan de acción era cortarle sus comunicaciones y el abastecimiento para que no pudieran recargar los tanques…La munición nuestra no era mucha, teníamos cierta debilidad, pero el espíritu era destacable. Recuerdo que no hubo ningún soldado desertor…todos teníamos el mismo rancho y nunca faltó el abastecimiento. Lo importante es que nadie estaba dispuesto a ceder ni un solo milímetro”, recordó Lopicich.
Desclasificación
El diplomático chileno Francisco Orrego Vicuña, fue uno de los que participó en el equipo jurídico chileno, recordó ayer en el diario El Mercurio que “la mediación papal fue un proceso diplomático único… Un evento determinante de una solución pacífica…Que la mediación papal haya sido además de providencial, única, lo respalda el hecho de que antes, en la historia de la Santa Sede, sólo hubo una, en la década de 1880 para un diferendo entre Alemania y España por las islas Carolinas”.
Orrego Vicuña recordó que en esa época se “sucedían acontecimientos, muchos de los cuales no se publicaban, para no echarle más leña a la hoguera: expulsiones masivas de chilenos de la Patagonia, ejercicios de oscurecimiento en Buenos Aires, cierre de pasos cordilleranos, provocativas violaciones de nuestro espacio aéreo y marítimo”, rememoró.
También expresó que por aquellos días, “nuestro país estaba esperando en cualquier momento un ataque sorpresa, tenía habilitadas las carreteras como pistas de aterrizajes para aviones, los buques de guerra desplazados en el sur, los techos de los hospitales pintados con cruces blancas para ser identificados desde el aire”, añadió.
De todo ello conocieron los magallánicos por aquellos meses de 1978, de máxima tensión en la noche del 22 de diciembre.