También son
usados por gente “en situación de calle” como dormitorios y singulares
“residencias diurnas y nocturnas”.
En el año 2011 se
levantaron más de 20 en la capital magallánica, con una inversión que superó
los 700 millones de pesos.
Silvia P. B., a
sus 57 años, es una fiel amiga de su ex compañera de estudios en la ex Escuela
Siete, María C. Ch, de la misma edad, y a quien visitaba con frecuencia hasta
la tarde de un día de junio del año pasado.
Fue sorprendida
por un chubasco de aguanieve y nieve cuando retornaba a su casa, de la
Población 18 de Septiembre y debió protegerse en el refugio para peatones,
instalado por el municipio de Punta Arenas en Avenida Independencia a escasa
distancia de calle Chiloé, donde está establecido un paradero de la locomoción
colectiva.
Había poca luz y
no se fijó que, tirados en el suelo, dos sujetos que hedían a alcohol y otras
cosas, parecían dormir.
Pero no: estaban
semi despiertos y con voces de balbuceos la obligaron a salir de allí y
enfrentar la espera de un colectivo o de un bus a la intemperie.
Pero a los
insultos y amenazas proferidos por ambos sujetos, semitapados con trapos viejos
y tendidos sobre hojas de diario, debió sumar otra desagradable experiencia:
sus botines estaban cubiertos de excrementos y de restos de vómitos.
Debió lavarlos en
el agua que ya corría por la cuneta, pero el penetrante olor la persiguió hasta
su domicilio y debió dar explicaciones a los otros dos pasajeros del colectivo
que abordó.
El caso no es
aislado: es más que frecuente y no sólo en ese refugio peatonal sino que en
casi -por no escribir muchos- todas esas construcciones que se levantaron en
calles Magallanes, Diagonal Don Bosco, Chiloé, Avenida Independencia y frente
al Hospital Clínico de Punta Arenas, por mencionar los puntos más relevantes de
la ciudad.
Una pareja de
jubilados de la ENAP, que acudieron a un centro de atención de salud, ubicado a
escasa distancia del lugar donde Silvia también fue “correteada” por los
gritos, los insultos y los olores de los borrachos, quedó espantada porque
fueron sorprendidos con las imágenes “en vivo y en directo” de una pareja que
tenía sexo en público, en el mismo refugio: sin pudor alguno dieron rienda
suelta al “llamado de la selva”.
Una situación
similar la refirió un noctámbulo que después de bailar y compartir en un local
ubicado en Bulnes con Angamos, decidió esperar locomoción en el refugio
peatonal ubicado en el bandejón central de la avenida.
Allí, una pareja
de jóvenes de unos veinte años, “estaban en actitudes poco decorosas”, semi
vestidos y olvidados del mundo.
Él extrajo un
cuchillo de alguna parte de la vestimenta que tenía a mitad de cuerpo y amenazó
al noctámbulo, al que insultó y, más encima, lo trato de “sapo degenerado”,
“mirón caliente” y otros apelativos bien poco corteses que el sorprendido
noctámbulo, H.V.T., de 62 años, tuvo que soportar porque la niña también
portaba un cuchillo.
Pero eso no es
todo
Si los lectores
se dan una vuelta por Magallanes, Diagonal Don Bosco,. Angamos y Chiloé, hasta
Independencia, podrán apreciar que los refugios peatonales ya no son
transparentes.
Están cubiertos
de “grafittis” de todo tipo; consignas de anarquistas, de sectas satánicas, de
¿personas? Que buscan desahogar su soledad, sus bajos instintos o pasiones no
correspondidas.
También esas
construcciones se han transformado en una especie de vitrina miserable de
cuánto evento artístico o seudo artístico se haya realizado o vaya a
presentarse en la ciudad.