Quedan
pocos meses para que finalice la redacción del borrador de una nueva
Constitución, y quien ha sido parte de este proceso es la representante
del pueblo kawésqar Margarita Vargas.
La constituyente magallánica dialogó con Pingüino Multimedia acerca de lo que ha significado dicho proceso.
– Una de las cosas que han señalado diversos personeros políticos es que ha faltado mayor diálogo entre los constituyentes. ¿Cree que es así?
“El
diálogo transversal siempre es complejo, más en un país que tiene
muchas grietas políticas o polarizaciones. Existen fantasmas del pasado
que han sido difíciles de superar, pero se ha avanzado. Por otro lado,
esta misma polarización, herencia de nuestro pasado, acarrea diferentes
proyectos constitucionales que a veces son paralelos. El esfuerzo ha
sido buscar los puntos en común, y como acordamos, mínimos. Se hace un
esfuerzo en hacer reuniones para conversar con los sectores, en los
colectivos, sin embargo falta tiempo para ello, ya que las jornadas de
votaciones en las comisiones, como en el pleno, son extenuantes. A pesar
de ello se ha trabajado de manera continua sin excepción de los fines
de semana. Al interior de las comisiones que soy parte hay un clima
bueno, existe el diálogo, pero también los sectores que están más al
centro tienen más posibilidades de aunar posturas que los sectores más
extremos, en el corto plazo. Es difícil que esta Convención pueda
hacerse cargo de años de divisiones, y sumado con la integración en el
debate de los pueblos indígenas, que somos actores nuevos en el debate
político; sin embargo, hay que rescatar la instancia de
retroalimentación de miradas y cosmovisiones para mejorar un clima de
debate democrático sano”.
– En las últimas encuestas se ha manifestado que existe mayor adhesión al Rechazo que al Apruebo. ¿Por qué cree que está ocurriendo eso?
“Creo
que hay bastante temor, y eso no es nuevo. Hay cambios que no se han
hecho en muchos años, y ahora se pretende actualizar el país en muchos
temas, que han estado ausentes del debate político por siempre. Lo nuevo
siempre genera personas resistentes al cambio, pero tenemos que darnos
la posibilidad de actualizarnos en temas que en Chile no han sido
discutidos; lo anterior lo digo especialmente en materias de derechos
humanos, sostenibilidad, crisis climática y especialmente derechos
indígenas”.
– ¿Cuáles han sido las normas que más favorecen a los pueblos originarios?
“Son
varias las normas ya aprobadas, desde el reconocimiento de los pueblos
indígenas hasta la idea de las autonomías territoriales indígenas. Puedo
destacar también los avances en materias de patrimonio y derechos
culturales. La idea del buen vivir, que es un principio extraído de la
cosmovisión del pueblo aimara, que existe también en el pueblo mapuche.
Este principio gustó a los colectivos más progresistas, que ven en el
buen vivir un modelo de desarrollo sostenible. Para los pueblos
indígenas es importante que se les reconozca su derecho a la
autodeterminación en todas las materias; como principio está aprobado, y
se ha avanzado en normas en particular que lo consagran. Normas sobre
la obligación de consulta y consentimiento libre, previo e informado se
encuentran pendientes. Además, las demandas territoriales podría ser lo
más complejo de decidir, pero sin derecho a restitución territorial no
hay un verdadero reconocimiento a los pueblos indígenas”.
– ¿La Convención ha logrado escuchar las demandas ciudadanas?
“Se
está siempre escuchando a la ciudadanía, y este proceso ha sido lo más
participativo que ha tenido nuestro país. Las normas presentadas como
iniciativa popular son una muestra casi de democracia directa a la que
la ciudadanía ha respondido con mucha participación. Desde los pueblos
indígenas se presentaron 270 iniciativas de norma, es algo inaudito. Hay
que pensar que países que contemplan mecanismos de democracia directa
sufren un fenómeno de indiferencia de los votantes, con índices de
participación baja. Chile está ansioso de dar su opinión, y la
participación política quedó para quedarse; después de este ejercicio
democrático que se ha dado en la Convención, es difícil que la
ciudadanía se conforme con votar únicamente por elegir a una persona
determinada que lo represente”.
– ¿Usted está de acuerdo con una justicia distinta para los pueblos originarios?
“El
pluralismo jurídico se aprobó como principio, ahora falta que se le dé
sustancia. El día de ayer se aprobó también la capacidad de someter las
decisiones de la jurisdicción indígena a la Corte Suprema, prevaleciendo
el principio de la unidad jurisdiccional. Sabemos que hay diferentes
realidades en los pueblos indígenas de Chile, así algunos tienen
efectivamente su forma de resolver ciertos conflictos. En el caso de
pueblo kawésqar, se ve algo que aún es lejano”.
– De aprobarse la nueva Constitución, ¿en cuánto tiempo cree que se podrían ver los primeros cambios?
“Hay
normas que requieren cambios en muchos paradigmas arraigados en nuestro
país, pero su aplicación dependerá de cómo recibimos dichos cambios. De
todas maneras las normas transitorias serán las que pondrán los plazos
para la aplicación de algunas normas; otras requerirán reformas legales o
la creación de nuevas leyes. Es difícil dar una fecha, pero una
completa aplicación puede requerir muchos años”.
– ¿Qué ocurrirá si se llega a rechazar la nueva Constitución?
“Sería
lamentable, porque con la Convención se han actualizado muchas
temáticas que en Chile fueron tabú u otras que simplemente se ignoraron.
Ahora, hay tantas demandas de los habitantes, de las comunidades,
sindicatos, en fin organizaciones de todo tipo, que es imposible un
retroceso en muchos aspectos con o sin apruebo”.