“Tarjeteros” narran sus horas felices tras regreso al trabajo después de 10 meses

En
la calle Bories con Ignacio Carrera Pinto a Alejandro Asenjo le tocan
la bocina mientras corre para cobrarle a un auto que va saliendo.

Su mascarilla de Santiago Wanderes delata
su origen porteño, lugar que dejó hace casi seis años, cuando llegó
Punta Arenas y se dedicó al oficio de tarjetero. Pero el año pasado,
cuando la última empresa perdió la concesión de cobro de los
estacionamientos del centro, quedó sin trabajo justo cuando empezó la
pandemia.

Este exnavegante de 53 años tuvo que reiventarse para poder subsistir.

“El
2020 me pasó de todo. Me dio Covid, pero lo superé. Comencé a vender
pan y cualquier cosa que podía para poder vivir. Así que estoy muy
agradecido de poder volver a trabajar en lo que me gusta. Es un trabajo
bastante exigente, pero me encanta andar en la calle”, confiesa
Asenjo.

Unas
cuadras más abajo, en Lautaro Navarro con José Menéndez, esta María
Vivallo. Esta mujer de 43 años también trabajó seis años en este rubro
hasta el 2020. Para ella fue una segunda oportunidad de estar con su
familia.

“Fue
muy fuerte quedar sin pega durante tanto tiempo, pero ahora viendo el
lado positivo me dio una segunda oportunidad de estar con mis hijos.
Este trabajo es muy exigente y te demanda estar casi todo el día en la
calle, entonces no hay mucho tiempo para compartir. Así que para mi fue
una gran ayuda y ya estoy feliz de poder volver a trabajar”, explica
ella.

También
notó que los usuarios todavía no se acostumbran a que los tarjeteros
hayan vuelto. “La mayoría se porta bien, pero todavía quedan algunos que
se tratan de escap
ar
sin pagar. Ojalá que con el tiempo se acostumbren a vernos con nuestros
trajes amarillos con negro y nos hagan caso”, dice entre risas.

Avanzando
hasta la Plaza de Armas, podemos ver a Nancy Gómez mientras atiende a
un automovilista. Durante el año pasado encontró pega de aseo en La
Polar, pero su pasión esta en la calle. “A mí me gusta mucho este
trabajo, me fascina estar en la calle y tratar con las personas. La
mayoría se porta bien con nosotros y no hemos tenido ningún problema.
Estoy muy feliz de haber vuelto acá”, afirma con una sonrisa.

Después de un año de hacer malabares, estas personas volvieron al lugar donde son felices.

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