Una semana ha pasado desde que en la Antártica se están generando peaks de temperaturas: en la Base Esperanza con 18,3° de temperatura para un par de días después, dar paso a Isla Seymour que llegó a los 20,7° Celsius, en lo que se denomina, el termómetro del mundo.
Ante estos fenómenos, el director del Instituto Antártico Chileno, Marcelo Leppe, es cauto, pero sabe que a pesar de tener toda la tecnología calibrada, aún falta tiempo para poder comparar.
“Lo importante ante esto es mirar series de tiempos más largos, esto se puede obtener con testigos de hielo y sedimento y estos testigos nos dicen que la última vez que la tierra tuvo está concentración de gases de efecto invernadero la temperatura subió hasta 2° Celsius y esta alza se traduce en un incremento del nivel del mar entre 10 y 20 metros”, comentó Leppe, quién añadió que “los peak de temperatura no necesariamente marcan una tendencia, pero, esto no se escapa de algo que si está ocurriendo e intensificándose y es que desde el periodo instrumental en la Antártica, esta década fue la más caliente en la historia desde que se tienen registro”, señaló Leppe.
La autoridad agregó que “está claro que el tiempo de reconocimiento histórico en todo sentido es poco, recién hace 200 años el ser humano pudo llegar al Continente Blanco y tan solo hace 100 años hay registros instrumentales de temperatura, por lo cual ante todo, siempre hay que ser cauto”.
El fenómeno de aumento en las temperaturas a nivel mundial (año 2019 batió todos los records) de alguna manera siempre afecta primero a la Antártica.
Ante este punto, Leppe señaló que “el calentamiento global se demuestra y consolida como un fenómeno que no afecta de manera homogénea sino que afecta mucho más a las regiones polares”, añadió que “es un fenómeno que existe, hay variadas explicaciones pero en todos los calentamientos y enfriamientos en los últimos 25 millones de años, ha ocurrido justamente esto, que la primera en afectarse cuando hay un aumento en la temperatura es la Antártica”.
Futuro incierto
Ante tantos cambios constantes en la Antártica en todo sentido, es valido cuestionarse cómo será el futuro del Continente Blanco y de que manera el ser humano puede ayudar a disminuir los riesgos en él.
Para Leppe, el ser humano ante todo debe aprender tres grandes cosas. “Hay tres palabras claves en esto, la primera es mitigar, la segunda es adaptarse, resilencia, algo que los chilenos tenemos y el tercero es la estabilidad, está última tiene un apego casi antinatural a la estabilidad climática que nunca ha existido realmente”, dijo.
Respecto del futuro de la Antártica, el director del INACh lo encuentra como un gran desafío. “El futuro se ve muy desafiante, el cambio se va a constatar a largo plazo sin embargo, estamos muy preocupado de lo que va a ocurrir con el entorno biológico y también con los patrones de circulación marina, la circunpolar antártica es la principal corriente marina alrededor del mundo, influye a las corrientes marinas de todo el globo, si aumenta la temperatura, disminuye la velocidad de la circulación de estas corriente y con eso, su secuestro de carbono y se puede aumentar más la concentración de gases invernadero, es bien peligroso, hay que observarlo bien, sabemos que regula el clima mundial”, señaló Leppe, aunque también hizo un llamado de atención al país en general.
“Tenemos que entender la Antártica antes de predecir lo que va a ocurrir y eso es una responsabilidad grande, hoy lo estamos haciendo pero con algunos puntos, estos demuestran mega tendencias, pero tenemos la obligación de siendo la nación más cercana a la Antártica es nuestro deber entenderla”, puntualizó.