“Un instrumento muy fuerte para modificar la desigualdad a mediano y largo plazo es la educación”

Gerardo Pérez

El
estallido social en Chile, los orígenes de las demandas ciudadanas y la
desigualdad social existente en el país, fueron analizadas por el
vicepresidente de América Solidaria, Benito Baranda, en una charla
organizada por la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) en Punta
Arenas.

En
esa línea, el sicólogo, orientador y activista social chileno, quien
fuese director nacional social del Hogar de Cristo entre 1991 y 2011,
conversó con Diario El Pingüino respecto del
presente del país e hizo un análisis de la Iglesia Católica y su vínculo con ella.

¿Qué opinión le merece a usted el estallido social que enfrenta Chile?

“Yo
creo que el estallido social se veía venir. Si uno veía los indicadores
sociales de Chile, particularmente aquellos que están vinculados a la
desigualdad social y a la segregación residencial, esto se había
contenido hacía mucho tiempo en los sectores populares. Entonces era
algo que estaba latente y que en cualquier momento iba a ocurrir. Ya
algo de esto había ocurrido en nuestras propias poblaciones, también con
comisarías y también con algunos hechos lamentables y lo que fue
ocurriendo es que se concentraron gran parte de esas tensiones en un
solo momento y explotaron”.

¿Por qué cree que los jóvenes tomaron el rol activo del estallido social?

“Por
lo general cuando uno ve los estallidos sociales son los jóvenes los
que movilizan. El 2005 en Francia, también en Inglaterra, los jóvenes se
movilizaron en los sectores populares. El 2006 en Chile con los
pingüinos y el 2011 también con la educación universitaria. La verdad
que han sido los jóvenes los que han movilizado la mayor cantidad de las
transformaciones sociales del último tiempo. Los adultos muchas veces
tenemos conciencia de que hay que hacerlas, pero postergamos el
enfrentamiento de esas movilizaciones por distintas razones. Buscamos a
veces algún camino para evitar enfrentar alguna modificación sustantiva,
no cierto que nos provoque un mejor desarrollo”.

¿Cómo el Estado puede enfrentar la desigualdad que hoy existe?

“Yo
creo que el Estado lo ha ido enfrentando pero de manera aun muy tímida,
un instrumento muy fuerte para modificar la desigualdad a mediano y
largo plazo es la educación y eso progresivamente el Estado lo ha ido
enfrentando, pero todavía con poca fortaleza, con baja intensidad y hay
que poner mucha mayor intensidad en esas modificaciones educacionales,
para que efectivamente sea una educación que proporcione la misma
calidad en todos los status sociales. Otra manera donde el Estado fue
poco riguroso en estas últimas tres décadas, es que no tuvo la fortaleza
para poder cambiarnos la manera de revisar el salario mínimo, si el
salario mínimo lo hubiésemos seguido reajustando de manera más rigurosa
desde la década de los 90´ donde hubo una modificación importantes, pero
después no hubo ninguna importante y el salario mínimo se fue quedando
por debajo de la línea de la pobreza y eso el Estado tiene el
instrumento para poder realizarlo, si eso se hubiese mantenido hoy
podríamos tener un salario mínimo que bordearía los $700 mil y hubiera
aminorado bastante la carga a los sectores de mayor pobreza y no
requeriría de tanto subsidio por parte del Estado”.

¿Cómo ve el rol de la Iglesia Católica frente al estallido social?

“Yo
creo que el rol más público de la iglesia hoy día, debido a la
situación que está viviendo las autoridades de la iglesia, es muy
difícil. Muchos miembros de la iglesia estamos colaborando en esto
frente al estallido social, para colaborar en la resolución de los
conflictos que lo han originado, pero las autoridades propias de la
iglesia podrán decir algo, pero no tienen el peso que tenían en el
pasado para poder inducir a la población, para poder tomar algunas
decisiones y allí yo creo que nos cabe un rol muy importante a las
personas que participamos en las iglesias y que además desde las
instituciones en las que participamos podamos colaborar por un mejor
bienestar para las personas mayores”.

¿Considera que la Iglesia Católica se ha visto afectada por las acusaciones de abuso sexual?

“Sin
lugar a dudas, la Iglesia Católica chilena tenía una aprobación de
confianza de cerca de un 70% y hoy día esa confianza bajó a un 20% y es
la de menor confianza de todo el continente, entonces en un periodo muy
breve de una déca
da
la confianza se afectó fuertemente, y bueno, esa es tarea de la iglesia
y de todos aquellos que participamos en ella y el camino para volver a
la confianza es mayor cercanía con la pobreza, mayor participación de
los jóvenes y por supuesto una vida comunitaria más intensa en nuestras
parroquias”.

Usted fue muy cercano al sacerdote Renato Poblete, acusado por abuso sexual ¿Le afectaron esas acusaciones con su vínculo con la iglesia?

“Me
afectó mi recuerdo, mí vinculo afectivo con el padre Renato Poblete, no
mi vínculo con la iglesia. Yo creo en Jesucristo, creo en la Iglesia
Católica y aprendí a separar desde muy temprana edad lo que son las
personas que participamos de la iglesia, de la iglesia misma y de la fe
que profesamos dentro de la iglesia. Las personas me han ayudado a
acercarme más a Jesucristo, pero las personas no reemplazan a
Jesucristo, por lo tanto no he visto afectada mi fe y al contrario me ha
obligado a ser más humilde, más coherente con esa fe por la cual he
optado”.

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