El dato es relevante: una persona obesa muere cada hora en Chile, debido a las patologías asociadas al exceso de peso.
Y hay más cifras: más del 60% de la población chilena arrastra o padece exceso de peso.
En los menores de seis años, el diez por ciento tanto los niños como las niñas, son obesos, cifra que es superada en nuestra región, donde el porcentaje de obesos alcanza al 13,4 por ciento.
Y para completar esta singular estadística, la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb) entre quienes ingresan al primer año básico, uno de cada 4 niños presenta obesidad.
Los malos hábitos alimenticios están pasando la cuenta, porque la obesidad conlleva patologías asociadas, no transmisibles, pero de alta prevalencia, como la hipertensión, la diabetes, las enfermedades cardio vasculares, los ataques cerebrovasculares, los problemas articulares y óseos, en lo físico.
En el plano sicológico, una persona con sobrepeso, ve rota su autoestima, sufre depresiones y otras alteraciones conductuales propias de su condición de obeso, con problemas hasta para adquirir vestuario adecuado.
La razón principal, de acuerdo con las autoridades de Salud regional, lo constituyen los malos hábitos alimenticios y, en este contexto, nuestro país está desarrollando políticas integrales para abordar la obesidad, fomentando la alimentación saludable y la actividad física, a partir de la primera infancia y con la esperanza de que lo que logre, se mantenga en el tiempo.
Los detalles de esa iniciativa fueron dados a conocer por el seremi de Salud, doctor Óscar Vargas Zec; la doctora Claudia Nocera, jefa de Salud Pública; Angélica Carillanca, jefa de Acción Sanitaria y a quienes también se sumaron los profesionales María Soledad González, encargada del Programa de Nutrición; Claudia Pozas y Alex Lucero, encargados del Programa de Alimentos.
Todo esto en el marco de educación acerca de los alcances de la ley número 20.606, que data desde hace tiempo sobre etiquetado nutricional y que entrará en vigencia el próximo lunes 27 de junio, buscando acentuar la necesidad de un cambio de hábitos alimenticios en la población chilena y, especialmente a los niños, para protegerlos de la obesidad y del daño colateral, y en muchos casos, directo, en la salud de la población.
De hecho, el desayuno con los medios de comunicación tuvo una connotación netamente saludable, es decir, hubo frutas, jugos sin azúcar, leche descremada y otros productos alimenticios calificados como saludables.