Por Roberto Martínez – rmartinez@elpinguino.com
Pareciera
que hace mucho tiempo, el concepto de la Navidad dejó –para la gran
mayoría- de tener un significado vinculado al espectro religioso, sino
que más bien es una fecha con un sentido y un valor de expresión
afectiva y familiar, donde cada persona espera para reunirse con sus
seres queridos, y disfrutar de una comida juntos, o de simplemente
apreciar el regalo de la vida, de celebrar a quienes tenemos a nuestro
lado, y recordar la memoria de aquellos que nos han dejado.
Este
año, el 25 de diciembre, fue una noche especial. Más allá de esperar a
recibir cosas materiales, el principal deseo de los magallánicos fue
seguir con buena salud para el año entrante, y que aquel anhelo fuese
transmitido a su familia y amigos. Algo que antes parecía cotidiano, hoy
es un privilegio.
El
hecho de que muchas de las personas de nuestra región que se
contagiaron este año se hayan recuperado, tiene directa relación con la
loable y denodada función que llevan a cabo los profesionales de la
Salud de Magallanes, que día a día arriesgan su propia vida para salvar,
cuidar y resguardar a personas que no conocen. Es la vocación de
servicio, como comúnmente se cataloga.
Por
cosas del destino, me tocó este año pasar la Navidad en la residencia
sanitaria del Hotel Finisterra, y pese a que no celebro esta fecha, sí
fui testigo de la atención y la incansable labor que realizaron las
enfermeras, tens e internas, que no pudieron abrazar a sus padres, hijos
y parejas por estar cumpliendo con su deber, una función que muchas
veces es invisibilizada o no se le otorga la importancia que realmente
debería tener.
Al
igual que a los otros 33 vecinos, o pacientes que “viven” temporalmente
en esta residencia, las funcionarias golpeaban la puerta dos veces al
día para verificar nuestro estado de salud, debiendo cumplir turnos de
doce horas por cada cuatro facultativos, y aunque puede ser evidente el
desgaste emocional o sicológico que implica la situación, ellas se han
mantenido impávidas frente a esta adversidad llamada Covid-19.
“Estamos contentas de estar acá“
Con
el debido resguardo, con todas las estrictas medidas de seguridad y sin
interferir ni que se viese interrumpida su labor, pude conversar
algunos segundos con la enfermera Barbara Cifuentes Igor, quien comentó
que este año ha sido mucho más
complejo de lo que se suele percibir, donde la atención con los
pacientes ha mutado, debiendo ser menos cercana que antes, por motivos
obvios.
“Ha
sido un cambio impactante para todos, porque antes teníamos una
relación más de piel con el paciente, pero ahora debemos tener esta
barrera, que a nosotras nos afecta en nuestro quehacer. Sólo el hecho de
mirarnos las caras hace un cambio en lo que es la atención, incluso
muchas veces los pacientes han necesitado contención emocional, no lo
hemos podido abrazar como puede suceder normalmente”, detalló.
La
profesional relató que para ella y para sus otras tres colegas que
estuvieron de turno la noche del 24 y madrugada del 25, ésta ha sido su
primera Navidad cumpliendo servicios, pese a que este es su segundo año
trabajando como enfermera.
“Nosotras,
las cuatro tenemos familias, algunas tienen hijos, y eso igual nos ha
afectado de cierta forma, es como un impacto para nuestra vida
sentimental, pero fuera de eso estamos contentas de estar acá, de hacer
lo que debemos hacer. Personalmente, lo
que más me daba pena era dejar a mis padres cenando solos, pero sé que
ellos lo pueden comprender. Además, con este doble riesgo igual una se
ha tenido que alejar más de la familia. Ha sido triste pero es lo que
nos toca hacer”, narró.
“De a poco se ha ido pasando el miedo“
En
el mismo tenor, la técnico en enfermería (tens) Dámaris Mancilla
Sánchez cumplió dos meses trabajando en la referida residencia, pero
lleva siete años ligada al área de la Salud. Para ella, este año ha sido
complicado porque -según dijo- “ha cambiado la salud emocional, mental,
física y más con el hecho de ver a algunos pacientes que de repente no
están con muy buena disposición, pero uno está acá para ayudarlos”.
Las
implicancias de la pandemia igualmente hicieron que Dámaris pasara la
Navidad fuera de casa, no pudiendo abrir los regalos con su pequeño de 8
años o cenar con su pareja. “Da un poco de pena dejarlo solito porque
igual es chiquitito. Gracias a Dios, está con su papá, pero se percibe
ese sentimiento de que una no está con él”, admitió.
Respecto
del trabajo en equipo, sostuvo que “nos hemos cuidado bastante. Siempre
cumplimos todos los protocolos existentes, y de a poco se ha ido
pasando el miedo a contagiarse, aunque siempre mantenemos los cuidados”.
“Me gusta mi trabajo“
Tras
el cambio de turno de la mañana, a las 20.00 horas del mismo 25 de
diciembre comenzaron a trabajar otras cuatro profesionales. En este
aspecto, la
interna de la carrera de Enfermería, Yismar Aguilera San Martín,
manifestó que “esto ha sido muy diferente a lo que me esperé, pero he
aprendido y me ha servido bastante el hecho de que me hayan dado la
oportunidad de trabajar. Si bien ha sido estresante, porque uno tiene
una familia detrás y existe el temor de contagiarlos a ellos, sí hemos
tomado los resguardos necesarios para que eso no pase”.
Tal
cual como los choferes, los bomberos, las policías, los guardias o los
periodistas, la funcionaria de la Salud debió trabajar en este feriado
de Navidad, no obstante, ella aseguró que “es la carrera que elegí, es
lo que siempre supe que iba a pasar, porque al estudiar una profesión de
la Salud uno sabe que los feriados o las festividades no se van a
celebrar en familia. Pero a mí me gusta mi trabajo y vengo con bastante
alegría a realizar mi labor”.
“No es un inconveniente estar acá”
Quien
acompañaba a Yizmar en mi control rutinario era Sandra Vásquez
Escalona, quien el año pasado se tituló como tens a sus 47 años, siendo
éste su primer trabajo en el área de la Salud. “En marzo fue complejo
pensar si es que me dedicaba a desarrollarme en el aspecto laboral con
una pandemia. A todos nos tomó por sorpresa este acontecimiento e igual
estuve cuestionándome por una semana si era realmente lo que yo quería
para mi vida”, reconoció.
Asimismo,
recalcó que “mi hija tiene 12 años, igual da un poco de pena no estar
pasando la Navidad con ella, pero ésta es una vocación, yo me debo a mi
trabajo, me gusta mucho lo que estoy haciendo, sé que tengo que venir a
la residencia, ver la evolución de las personas, y lo hago contenta,
porque para mí no es un inconveniente estar acá”.
Al
igual que estas profesionales, hay cientos de trabajadores de la Salud
en nuestras cuatro provincias que asumen con toda responsabilidad que
este escenario no pasa por una preocupación personal, sino que es un
deber que se debe cumplir para con la sociedad
y la comunidad magallánica, por lo que su aporte, como el de muchos
otros facultativos, es realmente necesario y vital, y es indispensable
que, por ejemplo, los tens sean incorporados al Código Sanitario, y
puedan ver reflejada la importancia de esta función en los tiempos más
difíciles que ha debido enfrentar la humanidad en los últimos cien años.