Una tormenta perfecta azota costo de la vida de la región

La
inflación es un fenómeno cruel que, mucho más fácil de lo que se
piensa, puede enquistarse en las sociedades, provocando devastadores
daños, sobre todo, a los que menos poseen y tienen menos capacidad de
organización. Un gremio puede tomarse la carretera o realizar otras
medidas de fuerza… Algo conseguirá. Los más pobres, los independientes
que luchan día a día por ganarse sus pesos, no pueden. Por eso, el
fenómeno los golpea tan fuerte y por eso, se conoce tan poco de ellos.

Quizá
usted no lo sepa, pero nuestros abuelos sí recuerdan lo dolorosa que
fue la inflación en el siglo pasado. “Entre 1945 y 1989 el país vivió un
proceso de inflación crónica motivada en gran medida por los trastornos
internos y externos de nuestra economía, especialmente las relacionadas
con los sostenidos déficit fiscales que eran financiados por emisiones
del Banco Central”, nos dice la Biblioteca del Congreso. El Presidente
Alessandri incluso contrató una misión estadounidense para frenarla. No
pudo y tampoco Frei.

Con
Salvador Allende, se desató la hiperinflación que llegó a un 449%
acumulado en octubre de 1973. Para entonces, la democracia, ya se había
desplomado. El golpe de Estado encontraría en gran parte su
justificación en este factor y el modelo neoliberal hallaría en el
control de la inflación uno de sus mayor triunfos para legitimarse así
en las siguientes décadas.

Sí,
una generación entera de chilenos no ha conocido los dolores de este
mal. Pero la inflación parece querer volver y peor aún, quiere quedarse.

Bernardita
Otey, presidenta de la Junta de Vecinos de la población Alfredo Lorca,
comenta: “Es algo que la gente lo vive acá muy mal. Todos los días suben
las cosas. En los alimentos, el arroz, ese tipo de cosas. La última vez
que fui al supermercado todo estaba con precios altísimos. Antes yo iba
con 10 mil pesos a comprar té y otras cosas y se podía y ahora con
menos de 20 mil pesos no haces nada. Uno va a Zona Franca para buscar
cosas más baratas e igual se encuentra con precios altos. Es más barato
en muchas cosas, pero también ha subido harto”.

Cecilia
Cárdenas, presidenta de la Junta de Vecinos Llaullau, agrega: “Cuando
se habla de aumentar el sueldo mínimo a 400 mil pesos en agosto, es como
un espejismo, porque hoy con el costo de la vida, no es suficiente
tampoco, porque ojo, son 400 mil pesos imponibles, no líquidos”.

Sus
testimonios puede repetirse por miles en estos días en la Región de
Magallanes, si queremos conocer la visión de las familias magallánicas,
que viven con el temor a la precariedad y el desabastecimiento propios
de tiempos de crisis.

La
inflación de abril llegó al 1,4% y las proyecciones ya hablan que se
podría alcanzar a fin de año la peor cifra desde 1994. En consecuencia,
este jueves, el Banco Central acordó incrementar la tasa de interés de
política monetaria en 125 puntos base, hasta 8,25%. La decisión fue
adoptada por la unanimidad de sus miembros, en lo que constituye la
mayor alza en 14 años.

En
su último informe, la entidad atribuye el fenómeno principalmente al
excesivo incremento del gasto de los últimos trimestres. “Este impacto
se ha acentuado en un escenario de importantes presiones de costos,
las que han vuelto a aumentar a causa del shock a los precios de las
materias primas provocado por la invasión de Rusia a Ucrania”.

En
otras palabras, una tormenta perfecta donde se combinan factores
internos y externos, como lo explicaron, con matices, los economistas
regionales Juan Luis Oyarzo y Manuel José Correa. El primero culpó al
escenario internacional; el segundo, a la incertidumbre derivada en gran
medida por el proceso constituyente.

Con
todo, el temor está instalado en la población de un modo impresionante.
El viernes, bastó una declaración pública de ENAP -rápidamente
viralizada en redes sociales- sobre un posible desabastecimiento en el
sur de Chile (ni siquiera mencionaba a Magallanes), para que las
personas se agolparan en masa delante de las bencineras de Punta Arenas,
ya desde el mediodía, para llenar ansiosos sus estanques.

Y
es que el pronóstico dado en febrero que las alzas de combustibles no
pararían hasta junio, se está cumpliendo con cruel precisión, al punto
que el petróleo Diésel ya alcanzó este jueves, los 992 pesos el litro en
Punta Arenas. En dos semanas más, superará los mil pesos, en la capital
regional.

Y
junto con todo ello también suben los materiales de construcción: 30%
de mayores costos en un año, nos dice la Cámara de la Construcción.

En este caso, el efecto puede ser aún más grave para una región como Magallanes tan dependiente de la inversión pública.

En
los últimos días, el presidente regional de la Cámara Chilena de la
Construcción, Carlos Braun, multiplicó sus reuniones con autoridades
para impedir que esta alza repercuta en la ejecución de proyectos
emblemáticos. Su conclusión es lapidaria: “El aumento de costos de la
construcción puede ser un obstáculo al desarrollo regional”. Muchos
magallánicos lo sufren día a día en carne propia.

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