El singular trabajo de “Viejito Pascuero” está siendo asumido por dos magallánicos que prodigan sonrisas, dulces, escuchan peticiones de niños, niñas y adultos y en voz alta “notifican a los padres de las preferencias de sus regalones en esta Navidad”.
Galería Palace
Uno de ellos, abandona por estos días las faenas de la construcción, en la que se desempeña habitualmente y se viste con un traje pascuero que diseñó su esposa; se cuelga barba; se calza botas negras y corona su cabeza con un gorro rojo.
Luego, a partir de las 10 de la mañana y hasta las 20 horas, permanece sentado en un sillón instalado en el hall central de la Galería Palace y espera a sus visitantes, en su gran mayoría niños y niñas, pero también a algunos adultos.
“Los niños piden que les regalen los juguetes que están de moda (por la televisión), pero también piden taca tacas, una que otra bicicleta, ropita, canastas familiares y cenas de Navidad, uno que otro celular, con vocecitas que me emocionan porque me recuerdan a mis dos hijos”, contó Juan Aguilar Acosta, de 33 años, maestro de la construcción.
“Ha habido casos especiales: una mujer joven me pidió de regalo un novio, porque a los 35 años no se había casado todavía. Y un par de niños me pidió que juntara a sus papitos porque se habían separado y la familia estaba rota y triste”, confidenció este Pascuero.
Un día laboral implica ganar diez mil pesos a los que debe sumarse un porcentaje de las fotografías que un asistente le toma a quienes lo solicitan, de preferencia, los padres de los pequeños que se acercan a este Santa Claus tan especial: y no es malo, porque ha habido jornadas en las que se ha inmortalizado (al menos mientras no las vea su primera polola o su primer pololo) unas 50 citas con la fantasía vestida de rojo.
Zona Franca
Este Santa Claus se declaró multifacético ya que “por las mañanas trabajo en radiodifusión; desde las tres, soy Viejito Pascuero en el hall central de la Zona Franca y, después, regreso a mi trabajo de animador de eventos y también voy a repartir regalos a jardines infantiles o a fiestas navideñas”.
“Trabajo más que esclavo chino, pero compensa por estas fechas. Ayudo a mantener viva la fantasía de los niños, de los adultos y de personas que disfrutan tomándose una foto con Santa Claus”, afirmó quien desafía la alta temperatura ambiente y la que le provoca su traje, con capa y todo.
“El 80 por ciento de las peticiones de regalos van por el lado de los juguetes de moda (de esos que promociona la televisión); las play station, los tablets, uno que otro celular, una que otra bicicleta, aunque ha ido ganando la petición de cenas navideñas”, manifestó un resignado Viejito Pascuero.
Y así, a la espera de que llegue la Nochebuena y el día siguiente, la Navidad, este Santa Claus, que declaró tener “millones de años” y seguir manteniendo la fantasía de su traje, sus renos, sus campanillas y su risa tan especial, seguirá escuchando y transmitiendo los pedidos de regalos que le digan al oído y que él, con voz casi tonitronante, le hace saber a los padres o a los seres queridos de quienes han llegado cerca de él.
Galería Palace
Uno de ellos, abandona por estos días las faenas de la construcción, en la que se desempeña habitualmente y se viste con un traje pascuero que diseñó su esposa; se cuelga barba; se calza botas negras y corona su cabeza con un gorro rojo.
Luego, a partir de las 10 de la mañana y hasta las 20 horas, permanece sentado en un sillón instalado en el hall central de la Galería Palace y espera a sus visitantes, en su gran mayoría niños y niñas, pero también a algunos adultos.
“Los niños piden que les regalen los juguetes que están de moda (por la televisión), pero también piden taca tacas, una que otra bicicleta, ropita, canastas familiares y cenas de Navidad, uno que otro celular, con vocecitas que me emocionan porque me recuerdan a mis dos hijos”, contó Juan Aguilar Acosta, de 33 años, maestro de la construcción.
“Ha habido casos especiales: una mujer joven me pidió de regalo un novio, porque a los 35 años no se había casado todavía. Y un par de niños me pidió que juntara a sus papitos porque se habían separado y la familia estaba rota y triste”, confidenció este Pascuero.
Un día laboral implica ganar diez mil pesos a los que debe sumarse un porcentaje de las fotografías que un asistente le toma a quienes lo solicitan, de preferencia, los padres de los pequeños que se acercan a este Santa Claus tan especial: y no es malo, porque ha habido jornadas en las que se ha inmortalizado (al menos mientras no las vea su primera polola o su primer pololo) unas 50 citas con la fantasía vestida de rojo.
Zona Franca
Este Santa Claus se declaró multifacético ya que “por las mañanas trabajo en radiodifusión; desde las tres, soy Viejito Pascuero en el hall central de la Zona Franca y, después, regreso a mi trabajo de animador de eventos y también voy a repartir regalos a jardines infantiles o a fiestas navideñas”.
“Trabajo más que esclavo chino, pero compensa por estas fechas. Ayudo a mantener viva la fantasía de los niños, de los adultos y de personas que disfrutan tomándose una foto con Santa Claus”, afirmó quien desafía la alta temperatura ambiente y la que le provoca su traje, con capa y todo.
“El 80 por ciento de las peticiones de regalos van por el lado de los juguetes de moda (de esos que promociona la televisión); las play station, los tablets, uno que otro celular, una que otra bicicleta, aunque ha ido ganando la petición de cenas navideñas”, manifestó un resignado Viejito Pascuero.
Y así, a la espera de que llegue la Nochebuena y el día siguiente, la Navidad, este Santa Claus, que declaró tener “millones de años” y seguir manteniendo la fantasía de su traje, sus renos, sus campanillas y su risa tan especial, seguirá escuchando y transmitiendo los pedidos de regalos que le digan al oído y que él, con voz casi tonitronante, le hace saber a los padres o a los seres queridos de quienes han llegado cerca de él.