“Llamamos a ese estrecho el Estrecho Patagónico, en el cual se encuentran, cada media legua, puertos segurísimos, inmejorables aguas, madera de cedro (ciprés), peces, sardinas, mejillones y apio, hierba dulce y también otras amargas. Nace esa hierba junto a los arroyos y bastantes días sólo de ellas pudimos comer. No creo que haya en el mundo un estrecho más hermoso y mejor que éste”.
Es el relato de Antonio Pigafetta, el gran geógrafo, explorador y cronista lombardo que relató la portentosa hazaña realizada por el insigne navegante portugués, que entre el 21 de octubre y el 28 de noviembre de 1520 descubrió y recorrió por primera vez el Estrecho de Magallanes, el paso marítimo que une en el extremo sur del continente americano los océanos Atlántico y Pacífico, cambiando de manera definitiva la navegación mundial.
Casi 500 años después, el historiador magallánico Mateo Martinic Beros escribe, con el auspicio de la empresa regional Aguas Magallanes, “Una travesía memorable. Hallazgo y navegación del Estrecho de Magallanes”, una obra que en 241 páginas corrige el inexplicable olvido de no haber narrado para la posteridad la exploración de estos hombres valientes y visionarios que abrieron para el mundo rutas tal vez soñadas, pero aún desconocidas en la segunda década del siglo XVI.
A sus 85 años, sólo Martinic podía escribir y describir con pasión y convicción este hallazgo que situó a la Región de Magallanes como “Prima in terra chilensis” (Primera en tierra chilena), lema del escudo regional.
– ¿Es este libro la culminación de una vida dedicada a contar la historia magallánica?
“Si usted me pregunta la edad, ya estaría contestado. En realidad yo creo que sí, es una vida larguísima, sesenta años dedicados a la investigación histórica, a la historiografía y a la difusión de todos los conocimientos adquiridos. Voy camino a los 86 años y es casi seguro que obras de la envergadura de ésta es muy difícil que pueda escribirla en el futuro”.
– ¿Por qué no?
“Porque ya en más de medio siglo de trabajo he pasado realmente por todos los temas. Creo que no queda nada realmente importante, desde mi punto de vista, por tocar”.
– ¿Haberlo escrito es un acto de justicia hacia un navegante semiolvidado?
“Haberlo escrito es un acto de tremenda satisfacción intelectual. Primero, porque esta es una idea que surgió hace más de cuarenta años, cuando yo trabajaba en mi Historia del Estrecho de Magallanes y me di cuenta de que uno de los puntos que debía tocarse era, naturalmente, el del hallazgo, la exploración y el conocimiento del Estrecho. La gesta maravillosa de Magallanes, el periplo alrededor del mundo, era tal vez el punto menos conocido, parece increíble”.
– Parece ser el clásico ninguneo premeditado.
“Si uno mira el hecho con los ojos de ayer o con los de hoy, sin descubrimiento del Estrecho no habría habido vuelta al mundo en la forma que se conoció; descubrimiento de las tierras de las especias, expansión de los imperios, en fin, conocimiento del planeta, tal como desde el siglo XVI en adelante se viene planteando. Me di cuenta de que al hecho mismo del hallazgo, apenas se le dedicaba una referencia brevísima. Qué decir de los historiadores chilenos, para los cuales -si el hecho no existía o era meramente anecdótico- era como un paseo; el señor había entrado por un lado y salido por otro, rápidamente, y aquí se acabó todo y siguió por el Pacífico”.
– ¿Y no fue así?
“No, no fue así. Cuando yo me di cuenta de que eran 38 días de permanencia había que encontrar las cosas que se habían hecho, la secuencia de ese viaje desde el 21 de octubre hasta el 28 de noviembre de 1520. Saber qué había sucedido.
Entonces comencé a informarme, conociendo además la geografía, el clima, tan difícil y tan distinto en los diversos lugares del Estrecho. Cómo est gente fue navegando por lo absolutamente desconocido. Intentado por aquí, equivocando el rumbo; buscando por este otro lado, más allá, yendo, volviendo. En fin, así se fue haciendo, poco a poco, el proceso del descubrimiento y conocimiento de este paso a través del Nuevo Mundo, que permitiría el acceso de Magallanes y su flota al Pacífico, para finalmente dar la vuelta al mundo con todo lo que conocemos”.
-¿Cómo describiría usted a Fernando de Magallanes?
“Un hombre extraordinario, gran marino, de carácter duro, recio, templado en los sacrificios, los sufrimientos, por la vida marinera al servicio de su rey, sobre todo en la India.
Un hombre de talante reservado. La vida no había sido fácil para él, había sido dura y todo esto lo había ido endureciendo más. Era un poco desconfiado. Pero al mismo tiempo, poseía una tremenda cultura geográfica, con un gran conocimiento que fue adquiriendo a lo largo de los años con paciencia. Se iba informando de la cartografía que aportaban los mismos viajes, de las novedades, y se formó un acervo tan bueno, como quizás ninguno podía tenerlo en ese momento.
Ese fue su sostén intelectual y científico ante el emperador para insistir en la empresa que finalmente Carlos V terminó aprobando”.
-Pero fue también implacable en la represión del motín de San Julián.
“Cierto que fue muy duro en la represión del motín de San Julián, que puso en riesgo no sólo su propia vida, sino también la de otros compañeros que le eran leales y sobre todo el destino de la empresa, pero al mismo tiempo fue tremendamente generoso. El motín de San Julián, después del juicio que se hace, deja cuarenta condenados a muerte.
-¿Cuántos fueron ejecutados?
Uno. Dos fueron abandonados en el puerto San Julián y el resto, todos perdonados. Entre ellos, el desleal Elcano, a quien la suerte dejaría al final vivo como para conducir el buque. Eso se llama generosidad a toda prueba. Ese fue Magallanes. Además, un hombre de una tenacidad increíble, él estaba convencido de que iba por el buen camino, inspirado en el recuerdo de lo que había hecho antes que él Vespucio, que se había acercado a este destino”.
– Faltan sólo tres años para la conmemoración del quinto centenario del descubrimiento del Estrecho. ¿Qué sería necesario hacer para reivindicar al fin la figura de este navegante portugués?
“Nosotros primero, los magallánicos, y Chile -a través de nosotros- después, tomemos conciencia de este acontecimiento importante para la historia universal, para la historia de Chile y para la historia de Magallanes. Vamos a celebrar no sólo el hallazgo del Estrecho y el primer conocimiento del territorio, sino que además el cumpleaños de Chile. Eso tendrá que hacerse a través de nosotros y gracias a nuestro convencimiento y a la difusión que podamos hacer de estas ideas y argumentos. La humanidad celebrará el viaje más portentoso que hasta entonces y después se haya realizado en el planeta. En eso los autores de los distintos tiempos están absolutamente contestes.
Chile deberá celebrar al hombre que lo pone en la geografía y en la historia de los pueblos en 1520. Y Magallanes celebrará a quien le dio nombre, a quien le dio contenido espiritual y esta reciedumbre que un poco heredamos de él, que junto con otros elementos caracterizadores conforman lo que llamamos la magallanidad”.
– ¿Es una quimera o muy revolucionario esperar que las nuevas generaciones aprendan en las escuelas que Chile fue descubierto por el sur y no por el norte como se les enseñó hasta ahora?
“Esta es una tarea que debe ir poco a poco. Esto no se impone ni por decreto ni por ley, ni de la noche a la mañana. Este es un proceso de convencimiento, primero de las generaciones actuales, de los padres, de los maestros, llamados a difundir esta información histórica y luego el convencimiento de que efectivamente fue así. Dieciséis años antes que Diego de Almagro, que quería conquistar un territorio conocido y dominado por el imperio incaico desde hacía un siglo antes y que buscaba oro y al no encontrarlo se va fracasado, este portugués tenaz, visionario, en nombre de España, encuentra el camino a través del Nuevo Mundo, lo cruza, llega al Pacífico, cumple su misión de llegar hasta las tierras de las especias y finalmente, sólo la fatalidad de Mactán (Filipinas) le impidió dar la vuelta al mundo”.
– ¿Fue una hazaña portentosa?
“Fue una revolución literalmente planetaria ese viaje, por sus consecuencias. Chile tiene que asumir eso y que no es sólo el hecho importante del descubrimiento geográfico, sino que es el origen de nuestra cartografía nacional, de las ciencias naturales nacionales, a través de las plantas y animales que son aquí identificados y consumidos por los magallánicos. Es el origen de la etnografía nacional, que pone en relieve a nuestros pueblos, los famosos patagones, los aonikenk y los hombres que vivían en la Tierra de los Fuegos o de los Humos. También es el origen incluso de nuestra literatura, como bien lo dijera nuestro coterráneo Roque Esteban Scarpa hace muchos años. Es el primer lugar de América del Sur, el final de Chile, en donde se oye por primera vez el idioma nuestro. Asimismo, el origen de la astronomía chilena, si lo tenemos en el cielo, la Cruz del Sur, la Nube de Magallanes, que están desde entonces y para siempre allá arriba”.
– De alguna manera el tiempo ha puesto a la Región de Magallanes como puerta de entrada a un mundo nuevo: la Antártica. ¿Es el Continente Blanco la gran aventura para los descubridores modernos?
“Bueno, siendo el último continente descubierto y dada la posición en que se encuentra puesto en el planeta y lo extremo de su geografía, de su climatología, de su ambiente, claro que constituye un desafío tremendo, para la ciencia y la humanidad, pero dentro de lo conocido con anterioridad quedan tantas cosas por ver. Imaginemos sólo en la parte americana de Magallanes, en lo que corresponde a nuestra jurisdicción, desde el Golfo de Penas hasta el Cabo de Hornos o las islas Diego Ramírez, es tanto lo que se ha estudiado e investigado durante cinco siglos y es tantísimo lo que queda por conocer”.
– ¿Debería el Centro Antártico Internacional contener una sección dedicada a Fernando de Magallanes?
“No necesariamente, diría yo. El Centro Antártico Internacional, como otras instituciones que se han creado en países con intereses polares, como Australia y Nueva Zelandia, deberían dedicarse exclusivamente al sexto continente y, en el mejor de los casos, a la vinculación de Magallanes con el continente polar. La historia propiamente tal tiene espacios para la cobertura de lo que fue el viaje de Magallanes en los museos que tenemos en la región, que son lindos y ricos, sin necesariamente mezclar ambas cosas”.