Todo
estaba dispuesto para que ayer, en Buenos Aires, fuera una jornada
memorable, con ciertos matices, claro está, pero que sin duda sería una
tarde sabatina para que quedara marcada a fuego en la memoria del hincha
futbolero.
Esto,
porque la final de vuelta de la Copa Libertadores de América entre
River y Boca terminó antes de tiempo, ya que los jugadores xeneizes, al
llegar al Estadio Monumental Antonio Vespucio fueron recibidos por la
parcialidad rioplatense.
Y
claro, la bienvenida no fue laureada, porque las piedras y botellas
fueron el arma fácil de los delincuentes que lanzaron al bus visitante,
para así herir a los jugadores de Boca.
¿El
balance? jugadores y staff técnico boquense terminaron con heridas y
lesiones. Incluso, Pablo Pérez sufrió una úlcera en su ojo por los
vidrios que se incrustaron en su globo ocular.
Además, se registraron muchos enfrentamientos entre hinchas de River y
la policía fuera del recinto deportivo, ya que muchos se quedaron sin
poder ingresar al estadio pese a contar con entradas compradas.
Luego
de largas idas y vueltas, donde incluso se especuló con que el partido
se iba a jugar, finalmente a eso de las 19.20 horas de nuestro país que
el encuentro quedaba completamente suspendido.
El
presidente de Conmebol, Alejandro Domínguez, indicó que en acuerdo de
los clubes y por “sentido común” que el duelo no se podía jugar este
sábado. Finalmente, todo quedó programado para las 17 horas del domingo.
Veremos
si se puede jugar. Y en lo futbolístico, Boca y River empataron 2-2 en
la ida, por lo que mañana, si es que no pasa nada raro nuevamente,
definirán al nuevo campeón de la Libertadores.