En medio del escándalo en el tenis asociado al arreglo de resultados de partidos, el martes se supo de la suspensión de dos árbitros y otros cuatro están siendo investigados. Sobre estos últimos, ya existen detalles de cómo operarían para las mafias de apostadores.
De acuerdo a los medios europeos, los cuatro implicados se mueven fundamentalmente en el Este de Europa, en torneos futuros, los de más baja cualificación debido a su escasa visibilidad. Se trata de competiciones de casi nula cobertura televisiva y con exiguas de medidas de seguridad. Además, los funcionarios tienen una muy baja remuneración, por lo que son más susceptibles de caer en este tipo de acciones fraudulentas.
A pesar de la poca cobertura, la ITF firmó en 2012 un contrato de 70 millones de dólares con la empresa Sportradar, para tener en línea los marcadores de los torneos más pequeños. Este es un detalle no menor en esta truculenta historia, pues para cumplir con la instantaneidad los jueces debían transmitir inmediatamente la consecución de cada punto a través de sus computadores oficiales de IBM. Así, los marcadores llegaban a los sitios web de resultados en minuto y, por ende, a los apostadores.
Y es aquí donde nace la trampa: los cuatro árbitros investigados no cumplían con el principio de la instantaneidad y atrasaban deliberadamente la marcación, hasta un minuto en los casos más extremos. Y ese margen de tiempo que parece pequeño era aprovechado por los apostadores -muchas veces en la misma gradería- para jugar dinero a un punto que ya estaba disputado pero no registrado en las casas de apuestas.
Estas revelaciones se suman a las realizadas por la BBC y BuzzFeed, justo antes del inicio del Abierto de Australia en enero, sobre partidos amañados en los que estarían involucrados tenistas del Top 50 mundial y hasta ganadores de Grand Slams.
De este modo, el escándalo ya no se extiende exclusivamente a los jugadores, sino que también afecta a quienes -se supone- deben promover la justicia dentro del rectángulo.