Los
32 grados que marcaron ayer los termómetros en Recoleta, comuna
santiaguina de la que es originaria Bárbara Hernández, distan mucho de
la realidad térmica en la que está actualmente inserta la nadadora.
Hielo, barro y escasa nieve rellenan su vista panorámica, en pleno
continente antártico.
“El
Janiqueo”, buque de la Armada que la ayudó a atravesar las inhóspitas
aguas del Paso Drake, recaló hace algunos días en orillas antárticas y,
desde ahí, la “Sirena de Hielo” pasó a su primer refugio en el
continente blanco, la Base Fildes, lugar desde el cual pudo hablar con
Pingüino Multimedia y narrar los pormenores de la proeza que intentará,
posiblemente, el 6 de febrero, fecha propuesta para sumar un nuevo
récord a su extenso currículum. Esta vez, Bárbara intentará nadar una
milla terrestre, es decir 1.600 metros, en las gélidas aguas antárticas.
Y lo hará sin siquiera usar traje de neopreno.
Pese
a estar empecinada en lograr su meta, para Bárbara el récord no es lo
único relevante. Su llegada a la Antártica también tiene que ver con
algo más profundo y que desde hace un tiempo ronda por su cabeza. “La
gente está acostumbrada a las marcas, pero para mí el propósito mayor de
este viaje es abogar por el cuidado de nuestras aguas vivas, crear
conciencia sobre la preservación de nuestro medioambiente. La idea es
que más gente pueda entender que, pese a que consideramos que el daño
provocado por la contaminación parece lejano, en realidad es concreto,
real y ha tenido repercusión en el clima y en nuestro entorno”, señala
enfática Hernández, quien considera que es tiempo de “comunicar esto a
través de nuestra pasión por el deporte”.
Bárbara
Hernández también plasma esta conciencia ecológica en sus propias
experiencias en aguas gélidas. “He nadado toda mi vida y conozco bien
las aguas abiertas, por eso siento un amor real y natural por nuestros
ríos, lagos y océanos. Cuando intento hacer récords, no estoy
conquistando el agua en la que me sumerjo, sino que pertenezco a ella,
pido permiso. Soy una invitada a la casa de las focas leopardo, de las
orcas y de toda la fauna ahí presente”, analiza la nadadora.
Para
Hernández, este no es el primer reto en su larga carrera. Ya ha nadado a
través del Estrecho de Magallanes y marcó un récord Guinness el año
pasado, en Cabo de Hornos, al cubrir la distancia de tres millas en 15
minutos y tres segundos. De hecho, pocos días antes de su llegada a
Punta Arenas, lugar desde el que se embarcó rumbo a la Antártica, había
descolgado siete medallas en el Mundial de nado en aguas gélidas, en
Samöens, Francia. Pero, pese a toda esta experiencia, mantiene su
modestia y su respeto por las aguas del continente blanco. “Veamos qué
quiere recibir de mí la Antártica en los próximos días. Estoy dispuesta a
pagar el precio de lo que quiera recibir de mí y adaptarme a lo que me
quiera entregar”, finaliza la nadadora, que sabe mantener la cabeza
fría.
El “dia D”
Con
relación al día del récord, Bárbara se muestra optimista, porque sabe
que tiene un gran apoyo detrás de ella. El 6 de febrero no solamente
contará con la ayuda de los buques de la Armada, sino que también con el
apoyo irrestricto de toda la Base Prat, lugar desde el cual partirá su
desafío. “la fecha coincide con el aniversario de la base, así que será
un día de festejo”, señala la “Sirena de Hielo”, quien está muy
agradecida del apoyo que ha recibido desde todas las instituciones
chilenas presentes en el continente blanco. “Me ha llamado mucho la
atención el nivel de colaboración que existe en la Antártica y no
solamente entre chilenos, sino que también con bases de otros países. En
nuestro caso, sin el apoyo de la Armada no hubiéramos podido hacer este
viaje. Además, nos ha saludado la gente de la Fuerza Aérea, de la Inach
e, incluso, pudimos conocer una base rusa, con su Iglesia Ortodoxa y
todo. Realmente, nos sentimos muy acompañados”, confiesa Hernández. Sin
comenzar el nado en las gélidas aguas antárticas, la recoletana, sin
dudas, ya es una ganadora.