Magallánico lleva ocho meses recorriendo cada rincón de América en un rat rod

“Siempre
son los extranjeros los que recorren América entera y llegan a Punta
Arenas, pero no se ve mucho que magallánicos hagan el viaje hacia
arriba”. Esa fue la reflexión que hizo Marcelo Bahamondes a la hora de
tomar la decisión de emprender una travesía que durará un poco más de un
año: recorrer desde Punta Arenas todo el continente americano, hasta
llegar a Alaska.

Se
trata de un viaje inédito, sobre todo por el tipo de vehículo que está
utilizando para hacer la travesía: un rat rod fabricado con sus propias
manos, y que hasta al momento le ha rendido de manera perfecta. Salvo
mantenciones normales de un viaje maratónico como este, la planificación
ha resultado sin contratiempos para este aventurero.

Una
experiencia que tuvo sus orígenes hace unos años, cuando descubrió el
mundo de los rat rod. Marcelo, siempre fanático del mundo tuerca. “Todo
empezó porque siempre veía estos programas tipo “locos por los autos”, y
siempre armaban autos tipo rat rod. Así que un día decidí comprar una
moto 0 km y la partí en dos, le puse un motor V8 y la terminé. Así
empecé a meterme en esto”, recuerda.

Marcelo
tenía experiencia en modificar y fabricar autos, pero había uno que le
llamaba la atención: el Ford 32 de cinco ventanas, un vehículo que en
Magallanes no existe, así que decidió armarlo. “Había armado una
infinidad de autos, así que decidí armar este rat rod de cinco ventanas.
Lo hallaba más atractivo, barato y se usan muchas cosas recicladas. La
idea inicialmente era hacerlo parte de los cuartos de milla de Punta
Arenas, no para largas distancias”.

Se
demoró aproximadamente nueve meses en terminarlo, “parí el auto”
menciona entre risas. Sin embargo, cuando estaba todo listo para poder
utilizarlo en la carrera de cuarto de milla, apareció un amigo, el
“Mendo” Ceballos, un argentino de Río Grande que le propuso ir a un
encuentro en la provincia de Buenos Aires. Ambos fueron en su propio
vehículo y ahí descubrió los encuentros fierreros trasandinos, en donde
cambió el chip.

Hizo
viarios viajes intermedios hasta que un día decidió embarcarse en la
aventura más grande de su vida: llegar a Alaska. Una aventura en donde
ha conocido mucha gente y que ha podido hacer autofinanciándose en los
lugares donde ha llegado. “Haciendo lo que me pidan por gasolina. Si
tengo que limpiar o secar platos por eso, lo haré”. Hasta el momento lo
ha hecho haciendo stickers y adhesivos, pero está abierto a otras
opciones.

El
viajero magallánico se encuentra actualmente en Costa Rica, esperando
realizar los trámites correspondientes al permiso de ingreso a Estados
Unidos. Cuando termine ese trámite, volverá al ruedo para cruzar el
resto de los países de Centroamérica, pasar por México y adentrarse en
las rutas estadounidenses.

“No
sé si llegue en cuatro meses, o seis. Hay que ver cómo está el clima en
unos meses más” pronostica, aunque de cualquier forma señala estar
tranquilo si le toca cruzar en invierno las rutas de Alaska. “El
vehículo resiste las rutas con hielo”, señala.

De
cualquier forma, admite que nada esto sería posible sin el apoyo de
Austral Broom, la empresa local que financió parte de esta travesía.
“Sin ellos no habría sido posible. Al final, esto es algo que enaltece a
la región, así que hay que estar agradecido”.



@CamiloEncina

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