El Cambio Climático, es decir las modificaciones sostenidas y a gran escala en el estado del sistema terrestre, se hace presente con fuerza en todas nuestras actividades. Es tema obligado en discusiones cotidianas y complejas por el efecto que está generando sobre nuestros modos de vida. El uso o no de bolsas plásticas, el consumo de agua, las emisiones de carbono o la proyección del crecimiento económico mundial y su efecto en la globalización y en los procesos migratorios humanos, caen dentro de un panorama negativo asociado a los efectos de este Cambio Global, el cual debe llamar obligadamente la atención de cada uno de los ciudadanos del planeta e, idealmente, llevarlos a la acción y reacción. En definitiva, lo que se está poniendo en juego es nada más ni nada menos que la sobrevivencia de la especie humana en la Tierra. De nosotros. La Tierra ha mostrado cambios profundos y dramáticos en sus 4,5 billones de años de existencia, producto de su ubicación en un sistema que obliga a la generación de interacciones y permite, en consecuencia, la ocurrencia de fenómenos naturales de todo orden. Así, se desarrolló la gran diversidad de formas de vida en el planeta, incluyendo la aparición de nuestra propia especie (Homo sapiens sapiens). Igualmente, se han constatado numerosas y masivas extinciones de grandes grupos de animales y plantas. La realidad es que el cambio ha sido una constante en la historia de la Tierra y lo seguirá siendo hasta la declinación natural del sistema, estimada en unos 4,5 billones de años más. De cara al futuro, es probable que la presencia de una especie como la nuestra no sea una condición necesaria para la existencia de otras formas de vida en el planeta. Se plantea así una situación compleja para mirar el devenir de nuestra Tierra, en que tenemos al menos dos posibilidades: dejar que la evolución haga su tarea infinita o dejar opciones de futuro para las generaciones que vienen. Sin embargo, todas las predicciones apuntan a que el modelo de desarrollo por el cual han optado algunos pocos, deja escasos grados de libertad para vislumbrar siquiera la continuidad a largo plazo, de un planeta casi perfecto para nuestro modo de vida. Un modelo que no ofrece perspectivas de sustentabilidad y que nos tiene sumidos en un Cambio Climático en permanente aceleración, requiere sin dudas de acciones y reacciones tanto a nivel individual como colectivo. El drama está en establecer sin ambigüedades, que somos capaces de “sacrificar” en nuestros modos de vida para compartir sustentablemente nuestro Planeta. Por de pronto, la Gran Logia de Chile ha decidido integrarse efectivamente a la preocupación por el tema, participando en la difundida Conferencia de las Partes (COP25) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), instancia calificada como la mayor cumbre medioambiental del planeta. El reclamo urgente es informar y discutir sobre los mayores desafíos que enfrenta la humanidad, con el fin de formar conciencia sobre el impacto del cambio climático en nuestras vidas, así como la necesidad ética que esta se transforme en acción cotidiana para combatirlo.