Cinco años se cumplen este 11 de enero del trágico atropello de Melissa y Claudia durante la protesta del alza del gas

(Fuente: Suplemento Análisis, Diario El Pingüino)

“Mire señor, una hermosa plaza con el nombre de mi cuñada no nos alivia, como familia, el dolor
de haberla perdido, ni la pena de mi sobrino ni la de mi suegra, ni la de mi
esposa. Es mucho”.

Carlos Mancilla Gallardo
recogió toda la pena  de su familia al
recordar que la noche del 11 de enero de 2011, en medio de las protestas por el
anuncio del alza del precio del gas, su cuñada Melissa Silva Ruiz, que por
estos días podría haber celebrado 27 años, perdió la vida al ser atropellada
por la camioneta que guiaba Jaime Sotomayor Sotomayor, quien, según quienes pudieron
señalarlo, lo hacía bajo la influencia del alcohol.

El hecho, repudiado
entonces por las autoridades, los parlamentarios, otras autoridades y la
comunidad magallánica, en forma transversal, también le costó la vida a Claudia
Castillo Campos, quien, por entonces ape
nas se empinaba sobre los 17
años.

“Estábamos en Rómulo Correa
con Videla, con fogatas y neumáticos ardiendo”, recordó Carlos Mancilla y su
esposa le hizo presente que estaban en familia, hasta con sus hijos pequeños
porque tenían rabia ya que el gas, vital combustible en toda la Región de
Magallanes, iba a sufrir un alza estimada como desmesurada y promovida desde un
ministerio que funcionaba en la calurosa y contaminada ciudad de Santiago.

El humo obligó a retirar
del lugar a los niños pequeños y a algunas personas mayores “y cuando la cena
se estaba calentando, nos enteramos del atropello de Melissa y de Claudia y de
la pequeña Sofía: desde el comienzo fue un golpe devastador para la familia,
para todos y la rabia creció, porque el fulano huyó del lugar, en forma
cobarde”, y Carlos vuelve a apretar los puños, con rabia que aflora casi sin
control.

Tras ello vino el desfile de los que después desaparecieron
y estuvieron para la foto, para la televisión y agregó que una parlamentaria
estuvo en el dormitorio de su suegra, tratando de consolarla a ella y a mi
sobrino Matías, que hoy tiene ya diez años, y nunca más.

En algún momento, recordó Carlos, apareció un abogado, que
hizo gala de su condición de “regionalista” y se le entregó el caso, con opiniones
a favor y muchas más en contra, pero siguió adelante.

“Mi suegra, que no estaba en su mejor momento, debió
conseguirse un préstamo por un millón de pesos para que este caballero acudiera
al juicio, pero nos dijo, desde un principio, que era difícil que Sotomayor
estuviera en la cárcel como pensamos que se lo merecía y después, cuando hubo
que notificarlo, se lo tragó la tierra porque no estaba en la región, ni en
Puerto Varas ni en Aysén, y allí hubo que pagar harta plata más para cancelarle
al receptor judicial por diligencias que fracasaron. Y a Sotomayor nosotros lo
vemos por Facebook, en la playa, feliz, …. de la risa, sin señal alguna de
arrepentimiento”, indicó el cuñado de Melissa, mientras su esposa disimula una
lágrima rebelde al recordar esos avatares.

Temen que prescriba el plazo para lograr castigo para lo que
muchos consideran un crimen atroz, cometido por una persona, dicen, que vivía
en una casa situada a escasa distancia del sitio del suceso, la cual por estos
días permanece arrendada por orden de la señora del sindicado como autor del
mortal doble atropello.

“Nosotros, pocas horas después de la tragedia, lo ubicamos,
apoyamos a la Policía de Investigaciones y que dé gracias Dios que cuando lo
detuvieron, medio borracho y medio drogado, parece, los vecinos estaban en el
velatorio de nuestra cuñada, sino, hubieran partido a hacer justicia por sus
manos”, dijo Carlos Mancilla.

En su modesta vivienda de la Población Claudio Bustos el
dolor sigue presente. Hay fotografías de Melissa en varios lugares. Y no hay
medios para proseguir los pasos necesarios ante los tribunales, para lograr
justicia o alguna indemnización para la familia, como lo ha pedido el abogado
“regionalista”.

Y esa familia reflexiona y pensando en los muchos que se
beneficiaron con los resultados de esas protestas, esbozan una sonrisa de
decepción porque, singularmente, la familia de Melissa no tiene asignado el
subsidio del gas

Pero la joven no murió en vano.

La ley que regule lo referido al gas natural en forma
definitiva, algún día saldrá del Congreso… dónde yace olvidada todavía.

 

Velatón del recuerdo

Jaime Castillo, padre de Claudia, la otra víctima del doble
atropello cometido por Jaime Sotomayor, en la noche del 11 de enero de 2011,
tiene a su hija no sólo en su mente sino que también en el corazón y en sus
manos de hombre de la construcción.

“Ella fue muy apegada a nosotros, sus padres (Jaime Castillo
y Eliana Campos), lo que no es muy frecuente en estos tiempos. Era trabajadora
como pocas jóvenes lo son hoy. Don Francisco, el del supermercado lo puede
corroborar porque las dos primeras bolsas de papas que ella sembraba y
cultivaba “hualato” en mano, se las vendía a él. A mí me acompañaba al trabajo
y si había que tomar la picota, la tomaba. Conocía todas las herramientas y las
sabía usar correctamente y no sufría por lo que otros pudieran decir por lo que
hacía” recordó Jaime Castillo, con ojos cubiertos de emoción y una barbilla que
se niega a temblar, pero que tiembla al recordar a su fallecida hija “que por
estos días podría haber estado celebrando su cumpleaños” (podrían haber sido
23).

La presencia de Claudia sigue viva en su familia “y este 11
de enero (mañana), a las 23.30 horas, como todos los años, vamos a hacer una
“velatón” en su memoria, allí donde perdió la vida,  apoyando una causa justa, en Videla con
Rómulo Correa, y después una misa por el eterno descanso de su alma”, informó
Jaime.

Y recuerda que hace un
tiempo, su familia y sus vecinos cortaron el tránsito y un taxista reclamó en
mala forma “pero menos mal que se arrancó porque los fierrazos contra el auto
le iban a quitar las ganas de reclamar contra un acto de homenaje a la memoria
de nuestra hija”.

Y se pregunta “¿Quién sabe
lo que es perder una hija, un hijo, y más encima una hija como Claudia?. Nosotros
seguimos peleando por justicia en los tribunales, pero nuestro abogado, don
Marco Ibacache nos tiene ahí no más”, reflexionó don Jaime, pero no pierde la
confianza en él, porque se le conoce como
un buen cristiano

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