La madre confesó que vivió con el padre de la menor pero que tuvo una mala vida. Era violento, le pegaba, por lo que lo dejó.
En el juicio declaró que su hija quería conocer a su padre, pero que no estaba de acuerdo en que la menor viajara a Punta Arenas, “pero insistió y partió, pues estaba contenta de conocer a su padre. Ella quería estudiar y tener acá una casa con él, ya que en Santiago vivía con los abuelos maternos”.
Violación
Sin embargo, estos sueños nunca se hicieron realidad para la pequeña. Al contrario, a Punta Arenas vino a vivir la peor pesadilla de su vida. En julio del año pasado el antisocial la trajo a una pensión, en una pieza donde había solamente un colchón, y en reiteradas oportunidades, utilizando para ello la fuerza y la intimidación, la violó. Por expresiones de la propia víctima, a lo menos ocho o nueve veces, según los hechos que la fiscalía consignó en la acusación. “En cada ocasión sentí dolor, pánico y asco”, declaró la menor durante el juicio oral. Le decía al acusado que no lo hiciera, pero éste era violento con ella.
La niña, que prácticamente vivía en cautiverio y amenazada por el padre para que no dijera nada, logró un día escapar de la pensión y denunciar a Carabineros lo que estaba sufriendo. No pudo hacerlo por teléfono ya que el padre le había quitado el celular y sacado el chips.
El sujeto fue detenido y la fiscalía investigó este caso junto a la Brigada de Delitos Sexuales. Las pruebas le permitieron al fiscal Fernando Dobson sostener la acusación en el juicio oral y probar los hechos incriminatorios para que, finalmente, el hombre fuera condenado y recibiera la sanción que pedían: 15 años de cárcel.
Respecto de la teoría de la defensa del acusado, que pretendía calificar lo sucedido como un delito de estupro, los jueces lo descartaron porque “se probó la concurrencia de fuerza e intimidación para lograr el acceso carnal a la afectada, lo que descarta de inmediato la eventualidad de calificar el hecho como delito de estupro”.